Tardé al menos 60 días en
escribir esto, aunque lo tenía dando vueltas en la cabeza por meses, no hubo ocasión
de poder sentarme en la fogata al sabor del ron pirata para relatar lo
siguiente:
Recordemos la caverna prehistórica
del relato anterior: el ser humano en busca de protección y unos seres
respondiendo a esa suplica. Pues bien, he aquí la historia de uno de ellos, o
la ficción.
En el Egipto Antiguo, allá por el
año 3000 AC, apareció el culto a Isis, la diosa madre de los egipcios
obviamente. Con el paso de los años este culto local acaparó la atención de
todo el territorio gobernado por el rey egipcio (el Faraón), no solo en el
espacio sino también en el tiempo. Este culto perduró miles de años, traspasó
fronteras hacia Grecia y el Mediterráneo, y se expandió a todo el Imperio
Romano cuando los conquistadores llegaron a esas tierras (aprox. 30 AC). La Diosa
Madre protectora, fecundadora, luchadora: Isis, era representada en ciertas
estatuas en sus templos amamantando o sujetando en el regazo a su hijo-dios
Horus. Porque no había culto a Isis sin tomar en cuenta a su hijo Horus, nacido
póstumamente al padre Osiris un dios inmaterial. Por siglos, el culto a la
diosa madre fue universal. Muchos templos de Isis en Europa fueron usados como
base de construcción de templos cristianos católicos y cómo no imaginarlo, su
culto y tradiciones también tuvieron alguna influencia en el dogma católico
romano, hasta nuestros días.
Hay quien dice que el culto a Nuestra
Señora de Notre Dame (Paris) se inició con la construcción de la catedral sobre
un templo dedicado a Júpiter para contrarrestar el fuerte apego a Isis,
arraigada en ese entonces en todo el territorio romano como diosa madre. De ahí
se propagó la idea por España, Francia, Alemania, etc. Es que, madre tenemos
todos.
Octubre de 1493, 12 carabelas y 5
naos españolas surcan raudas las aguas atlánticas llevando 1500 hombres
ansiosos de sueños de riqueza, de conquista y colonización de las nuevas
tierras descubiertas un año antes. Esta vez el viaje no sería con miedo.
En una oscura cabina de las naves,
mientras la mar se agitaba en la noche, rezaba un grupo de clérigos que
viajaban al Nuevo Mundo al mando de Fray Bernardo Boyl, un antiguo sacerdote
ermitaño del Monasterio de Montserrat, asiento de la Virgen morena. Lo acompaña
Fray Ramón Pané de la Orden de los Jerónimos, del monasterio de la Virgen de
Guadalupe en Extremadura (otra virgen morena). Bernardo Boyl tenía un permiso
del papa Alejandro VI para erigir
iglesias, predicar y aplicar penitencias y realizar acciones para evangelizar a
los naturales de las tierras a conquistar. Ambos llevaban en su equipaje dos
escapularios de la Virgen María. Y en medio de la oscuridad de un rincón del barco extendiendo su manto a
los marineros, la madre protectora: la virgen morena.
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=22225943
María de Extremadura (España), la Virgen de Guadalupe. En el
siglo XIII, se le apareció la Virgen a un vaquero de la provincia de
Cáceres (Extremadura, España) llamado Gil Cordero junto
al castillo de Alía y le dijo que existía una escultura de ella junto
al río Guadalupe. Cuando Gil Cordero se encontraba cerca de ese río se le
perdió una vaca. Posteriormente, la encontró muerta. Fue a desollarla para
aprovechar su piel y antes, como era costumbre, le hizo una señal en forma de
cruz en el vientre. Entonces, la vaca resucitó y se levantó. Entonces Cordero
se preguntó si ese sería el lugar indicado por la Virgen que se le apareció junto
al castillo de Alía. Excavó y, a un metro de profundidad, encontró la caja con
la Virgen en su interior. Agolpó piedras e hizo una cabaña, donde depositó a
la Virgen. Posteriormente, fue a la iglesia de Cáceres, donde informó al
clérigo de mayor responsabilidad de su hallazgo y del deseo de la Virgen de
recibir culto en ese lugar. No obstante, el clérigo no le creyó.
Posteriormente, llegó a su casa y encontró a su hijo muerto y rezó para que la
Virgen lo devolviese a la vida y, de esta forma, todos creyeran en su historia
milagrosa. Cuando los clérigos se dispusieron a oficiar el entierro el hijo
volvió a la vida, se levantó y dijo que una mujer le había ayudado a
levantarse. Entonces los clérigos creyeron y fueron juntos, con gente de la
ciudad, en peregrinación a aquel sitio. Cuando descubrieron la cabaña,
acordaron construir una ermita, después de ello y muchos milagros de por medio
la Virgen de Guadalupe, se volvió en la Patrona de Extremadura y Reina de la Hispanidad.
Su fiesta el 8 de septiembre, aniversario de la aparición de la imagen al pastor.
Sobre el sitio del humilde eremitorio se levantó una iglesia pequeña en los
primeros años del siglo XIV; fue el edificio que conoció el rey Alfonso XI en
1330. El rey mandó agrandarlo y ampliarlo para que se trasformara en un templo
digno de la devoción de la Virgen de Guadalupe, con el añadido de hospitales
para los numerosos peregrinos que allí acudían.
El 6 de enero de 1494, día de la fundación
del primer asentamiento español en América: La Isabela. En esa fecha, después
de la primera misa católica en suelo americano oficiada por Fray Boyl, la
Virgen María posó sus pies en el Nuevo Mundo, un nuevo mundo moreno como ella.
Desde épocas prehispánicas
existía un templo de adoración masiva del pueblo azteca a Toci-Tonantzin en
el Tepeyac,
cerca de la Ciudad de México. Es que también los aztecas habían tenido madre.
Dicho templo fue destruido durante la Conquista de México. Sin embargo, los monjes franciscanos mantuvieron
una pequeña capilla en este lugar. Fray Bernardino de Sahagún (1540-1585) describe
el culto a la diosa madre azteca asi: "...uno
de estos está en México, donde está un montecillo que llaman Tepeacac y que los españoles
llaman Tepequilla, y ahora se llama Nuestra
Señora de Guadalupe. En este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los
dioses, que ellos llaman Tonantzin, que quiere decir nuestra madre. Allí hacían
muchos sacrificios en honra de esta diosa, y venían a ella de muy lejanas
tierras, de más de veinte leguas de todas las comarcas de México, y traían
muchas ofrendas: venían hombres y mujeres y mozos y mozas a estas fiestas. Era
grande el concurso de gente en estos días y todos decían 'vamos a la fiesta de
Tonantzin'; y ahora que está ahí edificada la iglesia de Nuestra Señora de
Guadalupe, también la llaman Tonantzin, tomando ocasión de los predicadores que
también la llaman Tonantzin. ...y vienen ahora a visitar a esta Tonantzin de
muy lejos, tan lejos como de antes, la cual devoción también es sospechosa,
porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y no van a ellas,
y vienen de lejanas tierras a esta Tonantzin como antiguamente".
Por consiguiente, nuestra virgen
morena en uno de sus paseos por el nuevo mundo, llega a la colina del Tepeyac
en México y luego de una conversación "seria" con Tonantzin, se
apareció en cuatro ocasiones al indio Juan Diego Cuauhtlatoatzin (hoy
Santo), y una quinta ocasión a Juan Bernardino, tío de Juan Diego. El
relato guadalupano conocido en lengua azteca como Nicanmopohua narra que tras la primera
aparición, la Virgen ordenó a Juan Diego que se presentara ante el obispo de
México, Juan de Zumárraga. Juan Diego en la última aparición de la Virgen,
y por orden de ésta, llevó en su ayate unas flores que cortó en el
Tepeyac. Juan Diego desplegó su ayate ante el obispo Juan de Zumárraga, dejando
al descubierto la imagen de la Virgen María, morena y con rasgos mestizos igual
a los aztecas. En el viejo templo de Tonantzin, madre morena protectora de los
aztecas y pueblos mesoamericanos, algo se remeció y se construyó el nuevo
templo cristiano a la madre protectora que vino del otro lado del mar. Así
nació María de Guadalupe,
Patrona y Madre Protectora de México y de millones de latinoamericanos en el
mundo.
Vamos al sur de América, en el
lago navegable más alto del mundo y cuna de la civilización andina
(tiahuanacotas, aymaras, incas, etc): el lago Titicaca. María de Copacabana, virgen morena, tuvo su asiento en la basílica
del mismo nombre. Allí ya existía un santuario especial en la orilla este en la
bahía de Copacabana. Este santuario estaba dedicado a una diosa de fertilidad
de los nativos. Dicen por ahí que se representaba en una imagen de color negro.
También se veneraba al dios del lago y a ciertas deidades menores como sirenas.
Lo cierto es que para frenar las peleas entre Urinsayas y Anasayas, la madre
protectora, la madre morena ante la inoperancia del dios del lago o la diosa de
la fertilidad andina, intercedió con su presencia, a través de un personaje
humilde, del pueblo pero con mucha fé apoyado por un fraile y la congregación
que atendía en ese entonces la pequeña capilla del lugar. La Virgen de Copacabana
es en la actualidad la madre protectora del territorio andino y mas allá de las
fronteras bolivianas su devoción llega hasta Brasil, Argentina y Chile, igual
que antes.
No todo fue miel y felicidad para
la madre protectora antigua, la madre morena que recorrió el mundo entero por
los siglos de los siglos acompañando y protegiendo a la humanidad,
apareciéndose a la gente humilde y pobre (pastores en especial). Esa madre que nos acompañó y protegió desde la cueva húmeda y
oscura hace miles de años cuando nuestra humanidad descubrió que no podía
sobrevivir sola, sin aquellos Dioses Eternos, se encontró
que durante la extirpación de idolatrías que protagonizaron los sacerdotes
católicos coloniales enviados para evangelizar a los originarios americanos (y
nos imaginamos a todos los originarios de todas las tierras del Nuevo Mundo, Europa,
Africa, Asia y Oceanía), muchos de ellos hallaron tras los altares cristianos,
estatuillas de divinidades emparedadas por orden de sacerdotes o amautas
nativos, para proseguir el culto antiguo tras la apariencia de nuevas divinidades
cristianas.
Y esto ocurrió al menos por dos generaciones desde el inicio hasta la consolidación del sincretismo, hasta que el olvido
al culto antiguo de la madre protectora fue reemplazado por la esperanza y el amor de la nueva Madre
Protectora, la Virgen María. Aquella imagen que guardo en casa, la Virgen de
Urkupiña (Cochabamba), aparecida a unos pastorcitos (para variar) y a
quien rezo (junto a miles de feligreses) en busca de protección.
