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martes, 5 de agosto de 2025

200 AÑOS DE INDEPENDENCIA!!! ... Y LA LIBERTAD PARA CUANDO?... el diario de un independentista

27 de julio de 1825. Estamos a finales de Julio de 1825. Se acaba el invierno y llevamos mas de un año de sequías en nuestras provincias. La producción de alimentos ha disminuido. Sin embargo, los impuestos los debemos pagar obligatoriamente. Más aún, con esto de la guerra de independencia hemos tenido que alimentar a los ejércitos de ambos lados. Llevamos más de un mes y un poco más en la ciudad blanca, en la ciudad de La Plata, el asiento de la antigua Real Audiencia. Hace dos meses y un poco más que dejamos nuestras tierras en espera de la siguiente época de labranza. Mientras tanto tenemos una misión especial. Ha sido un año complicado, la falta de seguridad, la sequía y las epidemias nos han azotado y no sabemos si vamos a poder cubrir las cuotas de cultivo correspondientes para el proximo año. Nuestro pueblo sufrirá una vez más de hambre. 

Sin embargo, ya estamos aqui y tenemos esta misión muy importante: decidir por la Libertad y  nuestra Independencia. Ya llevamos más de 16 años en continua lucha. Nuestras tierras están llenas de la sangre derramada. Continuamente tenemos avance de tropas de soldados extranjeros de un lado y otro lado. A todos ellos hay que alimentar, además de nuestro pueblo y además del Rey. Estos dos años las noticias sobre el destino de las otras provincias nos convocó a lo de estos dias. Sabemos sobre Junín y Ayacucho y más cerca de nosotros de Tumusla: en el aire una voz cada vez mas fuerte nos convence que necesitamos la Independencia. Llevamos más de un mes debatiendo la instrucción del Libertador, el Mariscal Sucre. Hoy tenemos que decidir por el destino de estas provincias del Alto Perú. La mayoría de nuestro pueblo no entiende sobre este problema. Como los demás, sólo queremos trabajar, cultivar nuestra tierra y ser libres de verdad y que este esfuerzo y sacrificio sea para nosotros.

28 de julio de 1825, en la mañana. De madrugada hizo un poco de frio pero el invierno ya esta pasando. Todo empezó cuando alguien se acercó al Libertador Sucre en Desaguadero y le dijo: “las provincias del Alto Perú quieren ser independientes permítanos decidir”. Esa situación provocó una secuencia de sucesos que hoy 28 de Julio de 1825 nos tiene caminando hacia nuestro sitio usual de reuniones por las calles empedradas de la ciudad blanca. El tema de discusión de hoy es: queremos ser independientes?.  

28 de julio de 1825, en la tarde. llegamos a un acuerdo unanime al fin. Algunos colegas hablaron de dejar las cosas como están y que sigamos siendo administración del antiguo reino de los Incas del Perú. Otros colegas hablaron que deberíamos votar por la modernidad y por el desarrollo que representa la imagen de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Hasta hoy quedamos al medio, literal y territorialmente, sabemos que cualquier opción que tomemos y que decida unirnos al Perú o quedarnos con Buenos Aires siempre seremos “los que aportan la riqueza y los recursos que esas naciones necesitan”. Sin embargo, también pensamos por qué no fundar una nueva nación?. Tenemos los recursos, tenemos las riquezas, tenemos las ganas y la energía de más de un millon de altoperuanos que queremos ser independientes. Hoy no hubo mas discusión, se decidió finalmente.

29 de julio de 1825, en la mañana. Escribo cartas a mi familia y amigos en mi provincia, les cuento lo que puedo contar. Extraño mucho mis tierras del valle de Cochabamba y ya pronto entraremos en la etapa de preparación de la tierra para la siguiente siembra. No sé hasta cuándo estaremos aquí, a ratos pienso que es perder tiempo. Otros ratos caminando por las calles empedradas de la ciudad blanca veo en las miradas de este pueblo, la necesidad de un futuro y de una esperanza. Sabemos que nuestra decisión depende del destino de esta tierra para las futuras generaciones y este peso los cargamos todos los días en nuestras espaldas.

El dia de ayer, finalizando la reunión decidimos que no había más que discutir y se dejó asentado que debemos avanzar. Al salir de nuestra cotidiana asamblea, todos sentimos un temblor y una emoción, sentimientos encontrados.  Desde hoy siento que tenemos miedo, nunca habíamos fundado un país y sabemos que, una vez que nuestra decisión sea oficial y se informe a las demás provincias, alrededor de nosotros fuerzas poderosas nos acecharán y, en lo próximos años, harán todo lo posible por no dejarnos ir. Qué destino dejamos a nuestros hijos?, pues el de seguir luchando. Nuestra fuerza interior nos permitirá ser libres y forjar nuestro propio destino aún cuando eso signifique el sacrificio de los siguientes años de nuestra gente.

6 de agosto de 1825 en la tarde. Desde la mitad de la mañana se oyeron en todos los rincones de esta ciudad la voz fuerte y clara de nuestro presidente: “Lanzándose furioso el león de Iberia, desde las columnas de Hércules hasta los imperios de Moctezuma y de Atahuallpa, es por muchas centurias que ha despedazado el desgraciado cuerpo de América y nutrídose con su sustancia. Todos los estados del continente pueden mostrar mundo sus profundas heridas para comprobar el dilaceramiento que sufrieron, pero (silencio previo) el Alto Perú aún las tiene más enormes, hoy la sangre que vierten hasta el día es el monumento más auténtico de la ferocidad de aquel monstruo”. Los ecos de esta voz resuenan por toda la ciudad.

Escribo esto porque mi espiritu me anima, al final todos decidimos seguir un camino que nunca nadie ha seguido. Tenemos miedo, igual decidimos, aunque sabemos que nuestros vecinos anhelan nuestro territorio y nuestra riqueza. Pero dos palabras resuenan en nuestra mente: Libertad e Independencia. Entregamos nuestros deseos al destino esperando que Él sea quien logre resolver nuestras dudas de hoy. Como dijo Julio César al cruzar el Rubicón: “la suerte está echada”. Hoy 6 de agosto de 1825 firmamos nuestra independencia y nada ni nadie podrá volver atrás.

Lo demas es historia.....

Este 6 de agosto de 2025, Bolivia conmemora 200 años desde que declaró su Independencia. Dos siglos desde que los pueblos de estas tierras decidieron romper con el dominio colonial español y escribir su propio destino. Fue un acto valiente, profundo y necesario. Pero hoy, 200 años después en pleno 2025, debemos hacernos una pregunta incómoda, pero urgente: ¿Somos realmente libres?.

La independencia no garantiza la libertad...

Nuestra declaración de independencia continúa su eco en el viento que recorre nuestro pais: “después de 16 años que el América ha sido un campo de batalla y que en toda su extensión los gritos de libertad repetidos por sus hijos, se han encontrado hoy los de los unos con los de los otros sin quedar un ángulo en toda la Tierra donde este sagrado nombre no hubiese sido el encanto del americano y la rabia del español”.

Sí, dejamos de ser colonia española en 1825. Pero eso no nos convirtió automáticamente en un pueblo libre. Como escribió Rousseau: “El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado. Y hoy, 200 años despues, esas cadenas siguen presentes, aunque tengan otras formas.

Vivimos en un país con grandes logros, un pais que avanzó de alguna forma hacia su futuro, sí: hubo una transformación, más educación, más participación ciudadana, más conciencia colectiva, un poco mas de integración. Pero también vivimos en una Bolivia fragmentada, donde la desigualdad entre regiones es brutal. La falta de inclusion es evidente. Las decisiones importantes siguen en manos de los mismos de siempre, y donde muchos —sobre todo los jóvenes— ya no confían ni en el sistema ni en sus representantes.

La Bolivia de hoy es más consciente, más educada, más conectada. Hay más voces, más lucha, más historia viva. Pero eso no basta si no caminamos hacia una libertad real: una donde todo ciudadano tenga el poder de su propio destino, donde la justicia no dependa de colores, de corrupcion ni de prebendas, donde se escuche a todos los pueblos por igual, y donde el país entero se piense como un proyecto común.

Hoy, 200 años después, la independencia ya no es nuestro mayor desafío. El verdadero reto es conquistar la libertad. Esa que no se decreta, sino que se construye todos los días, con valentía, con honestidad, con trabajo, con unidad.

¿Democracia o desinformación?...

La democracia es la forma de gobierno de los pueblos por su propia decisión. Hoy 2025 coincidentemente, nos acercamos a un nuevo proceso eleccionario. Dando tumbos pero ahi estamos. De la misma forma que el recuerdo del éxodo judío que significó su liberación, una vez mas escuchamos las voces del destino pidiendo esperanza y futuro, lo que se respira, una vez mas, es frustración y desesperanza. 

La misma clase política de siempre sigue manejando las cosas. Sigue usando la demagogia, el juego sucio, las promesas vanas, un discurso mesianico superficial, inservible e inexistente.

La información masiva, una forma nueva de encadenamiento, se mueve más por memes digitales y fake news, más que por ideas. Nadie debate en las plazas, en los mercados, en las iglesias. La desinformación contamina el debate público, y la polarización apaga el diálogo. ¿Cómo mantener y reconstruir la libertad en medio de tanto ruido?.

Nuestra nación —la Bolivia del Bicentenario— todavía carga cadenas, aunque ya no sean de hierro ni vengan de ultramar. Son cadenas más sutiles, pero igual de pesadas: la desinformación, la desintegracion, la desconfianza, la desigualdad, el centralismo, el abuso de poder, la corrupcion y el prebendalismo.

La libertad que nos debemos....

“el mundo sabe que el Alto Perú ha sido en el continente de América el área donde se virtió la primera sangre de los libres…”.

La libertad no es solo tener un Estado soberano. Es poder vivir con justicia, con oportunidades reales, con instituciones que funcionen. Es que no importe en qué región naciste para tener acceso a salud, educación o empleo digno. Es poder pensar distinto sin miedo. Es que la política no sea solo un espectáculo de poder, sino una herramienta para transformar la vida de todos.

La verdadera libertad no se decreta. Se construye, y se construye entre todos Y lamentablemente aún estamos muy lejos. 

Es una libertad que se viva, que se note en la calle, en la escuela, en el trabajo, en la política, en las decisiones.

“Los departamentos del Alto Perú, hoy firmes y unánimes en esta tan justa y magnánima resolución, protestan a la faz de la Tierra entera, hoy que su voluntad irrevocable es gobernarse por sí mismos….”

¿Qué podemos hacer?...

Porque la independencia fue solo el primer paso, ser libres no es solo izar una bandera, cantar el himno o recordar batallas. La libertad verdadera es poder vivir con justicia, con oportunidades, sin miedo, con derechos reales, no solo escritos.

Hoy, el reto no es hacer otro desfile.

Los jóvenes no somos el futuro. Hoy somos el presente. Y este Bicentenario es una oportunidad para dejar de repetir discursos y empezar a preguntarnos:

• ¿Qué país queremos construir?.

• ¿Qué tipo de ciudadanía queremos ejercer?.

• ¿Qué vamos a hacer, desde donde estamos, para cambiar las cosas?.

No necesitamos héroes solitarios. Necesitamos generaciones despiertas, que piensen, que se informen, que cuestionen, que participen. La libertad que soñamos no va a llegar por sí sola. Hay que pelearla, desde la conciencia, desde la acción cotidiana, desde la unidad. Hace 200 años, cuarenta personas desconocidas lo hicieron, con muchas dudas y temores, pero lo hicieron.

Y mientras tanto, nuestra nación sigue dividida. Un país partido en regiones que no se miran de frente. Un altiplano que no dialoga con los llanos. Un oriente productivo que desconfía del occidente político. La economía, las oportunidades, los servicios… siguen concentrados, dejando atrás a muchos.


El Bicentenario no es un final. Es un punto de partida...

Hoy no se trata solo de recordar lo que hicieron nuestros antepasados. Este año los desfiles patrióticos, las ordenanzas patrióticas suenan diferente. Hoy se trata de honrar ese legado construyendo el país que aún no hemos logrado ser.

Que este Bicentenario nos sirva para despertar.

Para romper las cadenas que aún nos atan.

Y para empezar, ahora sí, a construir una Bolivia verdaderamente libre.

Feliz día de la Independencia a todos mis compatriotas!

#BicentenarioBolivia #LibertadReal #6DeAgosto #JóvenesPorBolivia #VivaBoliviaLibre

 

 

jueves, 15 de octubre de 2020

EL ARTE SUPREMO DE LA GUERRA... UNA HISTORIA DEL CHACO

Sun Tzu fue un general, estratega militar y filósofo de la antigua China (722-481 AC). Tradicionalmente se le considera como el autor del libro “El Arte de la Guerra”, un influyente tratado sobre estrategia militar. Además de establecer aquellas acciones y preparativos que un General debe realizar para la guerra y, sobretodo, para vencerla, hace mucho hincapié que en que "El arte supremo de la guerra es vencer al enemigo sin luchar". El maestro Sun menciona que las mejores estrategias para ganar una guerra son: "el embuste, las medias verdades, las filtraciones intencionadas y el zigzagueante y escabroso camino de la indefinición y la vaguedad". En términos simples: engañar al enemigo para evitar grandes pérdidas de recursos humanos y materiales. Estas historias de engaños y embustes exitosos en todas las guerras hay muchas, y las más de las veces han marcado un hito que cambió el rumbo de la lucha. Una de las más famosas es el engaño aliado a las tropas alemanas acerca del sitio de desembarco en Francia en junio de 1944. Cayeron en Normandía, gracias a unos tanques y aviones inflables, los alemanes los esperaban en otro lugar, en Calais. De no ser por  ese engaño, quizás otro rumbo hubiera tomado esa guerra mundial. 

La Guerra del Chaco es el nombre del conflicto bélico ocurrido entre Paraguay y Bolivia librado entre el 15 de julio de 1932 y el 12 de junio de 1935 por el control del territorio del Chaco Boreal. Fue la guerra más importante en Sudamérica durante el siglo XX. En los tres años de duración, Bolivia movilizó a lo largo del conflicto a 250.000 soldados y Paraguay a 120.000, los que se enfrentaron en sangrientos combates en los que hubo gran cantidad de bajas (aproximadamente 60.000 bolivianos y 30.000 paraguayos) y gran cantidad de heridos, mutilados y desaparecidos.

El fortín Boquerón había caído en manos enemigas ese fatídico 29 de septiembre de 1932. Como inmortales espartanos 600 soldados bolivianos detuvieron por un mes a una fuerza de más de 5..000 soldados paraguayos. Ya en las últimas, vencidos por el hambre, la sed, las enfermedades y sin ninguna munición que disparar, entregaron el Fortín no sin antes haber regado con mucha sangre boliviana y paraguaya las candentes arenas que rodeaban tal objetivo. 

Para este mes, adjunto un relato del historiador y amigo Omar Velasco Maldonado, como un homenaje a aquellos soldados valerosos que no solo enfrentaron al enemigo, sino también a la naturaleza adversa, al hambre y sed, y pese a muchísimos errores en los mandos superiores, pusieron el pecho a la bala, y murieron defendiendo un suelo que le llamaban Patria:

Boquerón se entregó tras 20 días de una defensa tenaz por parte de los 620 soldados bolivianos al mando del Teniente Coronel Manuel Marzana Oroza en contra de alrededor de 11.000 atacantes paraguayos. Pese al número y al embate diario, no pudieron doblegar la defensa boliviana por las armas, sino por el asedio, donde la infección, el hambre y la sed terminaron haciendo estragos en la humanidad de los poco más de 200 bolivianos sobrevivientes. Boquerón pasaba a la historia como la página de heroísmo más grande escrita en la Historia de Bolivia después de su caída el 29 de septiembre de 1932.

Si bien para el Paraguay, esta acción significó una victoria pírrica y sumamente costosa en vidas, para Bolivia fue un golpe moral muy fuerte. Aunque la conservación del Fortín no tenía relevancia estratégica de importancia en el teatro de las operaciones, el impacto moral en las tropas bolivianas y en el país entero fue muy fuerte. Desmoralizadas totalmente, las tropas bolivianas se desorganizaron y los mandos superiores realizaron ingentes  esfuerzos y acciones para retomar el control.

Un episodio poco conocido de la guerra ocurrió en fortín Arce. Esta vez en un simple telefonema que tendría un efecto importante en el futuro:  “CICE Muñoz, 12.9.32. hrs. 10.10 Cmdo. D.I.4, Arce: No obstante, reiteradas ocasiones esta mañana constátese nuevamente telefonista Arce quedado profundamente dormido sin escuchar llamadas urgentes hicieron durante una hora. Sírvase ordenar se organice respectivo relevo y aseguren permanente servicio. (Fdo) Quintanilla CICE “.

Dado este reclamo, el coronel Peña, comandante de la Cuarta División boliviana ordenó al coronel Enrique Peñaranda para que “designe un responsable jefe de telefonistas de Arce“ y, el coronel Peñaranda ordenó a su vez, que el soldado músico Jesús Arce Quinteros de la banda de música del Regimiento Loa 4 de Infantería, se haga cargo de la central telefónica del fortín Arce a partir de ese día.

Iniciaba el mes de octubre de 1932, con unos días de relativa calma después de la caída de Boquerón, el ejército paraguayo inició su marcha hacia el Fortín boliviano Arce cumpliendo la Orden de Operaciones N°3 del 16.9.32: ”Misión del cuerpo del ejército: apoderarse del fortín Boquerón, lo más rápido posible y marchar rápidamente sobre el fortín Arce”. 

Y en esos aprestos, 9.200 soldados paraguayos acechaban a las fuerzas bolivianas que contaban, en ese momento, con un efectivo total de 1.987 combatientes acampados en el Fortín Arce. No quedaba otra que retirarse y reconcentrar las fuerzas en algún lugar más favorable.

En estos afanes, en el puesto de comunicación del fortín, el entonces telefonista designado unos días antes, soldado músico del regimiento Loa, Jesús Arce Quinteros, el día 21 de octubre notó una anormalidad en la señal de la línea telefónica que llegaba desde el fortín Fernández. Esa anormalidad se acentuaba y cambiaba con el murmullo de voces extrañas.

Como las tropas bolivianas empezaron a retirarse, a hrs. 19.30 se aproximó a la oficina telefónica el teniente Luís Reyes P., para ofrecerle al telefonista su caballo para emprender la retirada por la senda a Charata. Pero el telefonista le manifestó “todavía existe mucho movimiento en las líneas telefónicas y tal vez alguna llamada importante para el coronel Peñaranda... “. 

En la noche, a hrs. 20 del día 21, sonó la llamada desde fortín Platanillos, entablándose el siguiente dialogo:

- Aquí Pekín: habla el teniente Heliodoro Galindo, jefe de columna de transportes del Primer Cuerpo. Reciba telefonema para el coronel Peñaranda, y a continuación fue una transmisión en idioma quechua avisando la llegada de esa columna desde fortín Ballivian transportando munición, ametralladora, víveres, gasolina y repuestos para camiones. El telefonista hablando siempre en quechua informó al teniente Galindo de la situación del fortín y, luego de que una fugaz y corta idea le pasara por su cabeza, dio a conocer al  teniente, en quechua, lo planeado. Continuaron la conversación en español: "..estamos concentrando el grueso en Fernández. El grueso de la reserva marcha Platanillos y Fernández donde haremos la contra ofensiva sobre Castillo - Lara - Yujra para copar a esas tropas paraguayas. Desde Madrid marchan columnas recién llegadas". Luego interrumpió el enlace telefónico simulando llevar el parte, pero permaneciendo en el teléfono interceptando el transmisor, se quedó escuchando el receptor y era notorio el murmullo o cuchicheo de una probable patrulla enemiga que interceptaba la línea telefónica y la llamada.

Después de algunos minutos como si se apersonase el coronel Peñaranda, imitando su voz, el telefonista Arce habló: "¡habla el Coronel Peñaranda¡ Como le va Galindo. Permanezca en Platanillos. El grueso de nuestra tropa ya se encuentran en Fernández y Muñoz marchan reservas vía Platanillos para iniciar nuestro ofensiva por la senda Fernández - Castillo, para operar al flanco y retaguardia enemiga: En la trampa que les armamos. Nada más Galindo, gracias, hasta luego".

Los paraguayos se la creyeron. Este engaño realizado por el telefonista de Arce, el soldado músico del regimiento Loa, salvó de un desastre al ejército boliviano. Con su ocurrencia de engañar al “telefonista escucha” paraguayo, logró desviar la atención a la retirada boliviana. El teniente paraguayo Pantaleón Aguirre, cayendo en la trampa y retransmitiendo lo captado al coronel Estigarribia (Comandante del Ejército paraguayo) logró perjudicar el alcanzar una gran victoria ante el ejército boliviano, que en esos momentos se encontraba en sus peores momentos. De no haber realizado esa falsa transmisión, los Regimientos paraguayos Itororó, Corrales, Curupayti o el regimiento Boquerón podrían haber corrido "pasando y pisando" por sobre los bolivianos en la misma picada Arce - Alihuatá  y no habría dado tiempo al ejército boliviano de reorganizarse y ejecutar posteriormente los contragolpes de la heroica “Gesta de la Alihuatá” ni habría habido “Kilómetro Siete”. Y todo ese fracaso se lo deben los paraguayos... al “telefonista músico Arce”.

Esta artimaña fingiendo y emitiendo las voces de los coroneles Peña y Peñaranda, tuvo un resultado salvador para la Cuarta División Boliviana.

En los libros de historia paraguayos se relata que: “había un puesto de escucha sobre la picada Arce - Fernández controlando la línea telefónica de Arce con los fortines del oeste boliviano. Esa patrulla a cargo del teniente paraguayo Pantaleón Aguirre interceptó una serie de telefonemas y conversaciones entre los telefonistas de Arce, Fernández y patrulleros, los datos interceptados iban en partes escritos llevados con varias horas de retraso”.

Sobre esta imaginaria operación boliviana interceptada por la patrulla escucha del Tte. Pantaleón Aguirre, comentaba el mariscal Estigarribia en sus “Memorias”: “Debía de precaver también del lado del fortín Fernández, que dejábamos a nuestro flanco y por donde yo sabía que transitaban fuerzas bolivianas de gran importancia y en gran número... el engaño respecto a la dirección de nuestro refuerzo principal se había producido. Pero por la pobreza de nuestros medios de transporte no pudimos aprovechar esta magnífica oportunidad para emprender una acción de fondo que probablemente nos habría dado la posesión de Saavedra y de los otros   fortines hacia Nanawa y más al Sud, nuestra persecución del enemigo, fue corta, a lo más 2Km”.

Este engaño paralizó el avance del ejército paraguayo en su totalidad y dando el tiempo necesario a las tropas bolivianas que se reorganizaran. Sin duda alguna, el resultado de la guerra, probablemente, se hubiese dado en seis meses, lo que finalmente llegó a producirse en tres años de guerra. 

La retirada final inició a partir de las 18:00 horas del día 22 de octubre, mientras que la artillería enemiga mantenía su fuego continuo sobre el fortín. El coronel Enrique Peñaranda, comandante de la Cuarta División coordinaba la evacuación para lo que pedía camiones y los despachaba cargados con lo que hubiera. Ordenó al teniente Luis Reyes Peñaranda que con su sección de 30 jinetes del 5 de Infantería Lanza incendiara el fortín Arce a hrs. 20:00 cuando ya todos se hayan retirado.

Solamente quedaban en sus posiciones los Regimientos Loa y Campero bajo el mando del mayor Germán Jordán protegiendo la retirada del personal, el transporte de materiales, armas, municiones, víveres, carburantes, repuestos, etc, . Ellos debían retirarse después dirección al fortín Platanillos. Pero, la presencia de tropas del regimiento 1 Itororó de la Primera División paraguaya sobre el camino Arce – Fernández, hizo variar la dirección de retirada. A las 9 de la mañana del 23 de octubre cuando no quedaba ningún boliviano en el fortín, el destacamento del mayor Germán Jordán se reunió en la pista de aviación de Arce y emprendieron la retirada por la senda de la pista de Arce dirección Charata, hacia atrás el humo del quemado fortín se elevaba a los cielos.

A lo lejos, varios minutos después, el soldado músico Arce del Regimiento Loa 4 de Infantería, montado sobre un caballo,  miraba hacia atrás y por última vez las columnas de humo que salían del fortín abandonado. Imperceptiblemente una mueca de sonrisa le hizo recordar su travesura de la noche anterior y luego, miró hacia adelante, hacia el cielo, pensando en aquellos miles de compañeros que pudo salvar en su puesto del deber.


El maestro Sun dice: Toda guerra se funda en el engaño....

a) En consecuencia, cuando seas capaz, finge incapacidad; cuando estés en actividad, inactividad.

b) Cuando estés cerca, haz que parezca que estás lejos; y cuando distante, que estás próximo.

c) Ofrece al enemigo un cebo que lo atraiga; finge desorden y atácalo.

d) Cuando el enemigo esté reunido, prepárate contra él; cuando sea poderoso, evítalo.

“Las sorpresas del destino ya sea de un hombre, de una multitud o de un pueblo, se presentan a veces en un billete de lotería o una comunicación” (David Zook). Citado en el Libro "La Guerra del Chaco. Acciones del Ejército Boliviano en Campaña" de Omar Velasco Maldonado.


sábado, 8 de agosto de 2020

"O me seguís coraceros o me destapo los sesos", MELGAREJO en la oscuridad.

Ex Umbra in Solem, es el lema de la Universidad Técnica Federico Santa María, y se refiere obviamente a que los valores personales, el estudio y la constancia te llevarán desde la oscuridad hasta la luz del conocimiento y la verdad. Al final de la década de los 80 estudié la carrera de Ingeniería Civil en dicha universidad que se encuentra en Valparaíso (Chile). En este lugar, designado por los españoles de Almagro en 1544 como puerto principal para Santiago del Nuevo Extremo, se asienta la segunda ciudad más importante de Chile en la actualidad. Es, en realidad, el primer puerto de importancia comercial por su cercanía a la capital. Es tal su importancia, que en la década de los 90 se instaló allí el Congreso Nacional chileno en un afán de desconcentrar la capital. Estuve presente en su construcción e inauguración publica. El puerto mueve alrededor de 10millones de toneladas de mercaderías al año. Esta ciudad guarda una atracción mágica. Sus cerros y calles, su arquitectura, los ascensores públicos y su historia te envuelven de tal forma que al final, ya lejos de ella, terminas extrañándola. 

Concluyendo los estudios estuve trabajando en dicha ciudad hasta que sentí el llamado inevitable de mi tierra cochabambina. En la USM, que así llamamos a la Universidad, tuve muy buenos amigos chilenos a quienes, hasta la fecha y por diversas circunstancias, no volví a ver más. Saliendo bachilleres del colegio La Salle en Cochabamba y gracias al esfuerzo de mis padres, armados con una Atari 64, nos fuimos a Valparaíso con dos compañeros y amigos para inscribirnos a la "Santa María". Alquilamos una vivienda cerca de ella en el cerro Placeres. Al principio, como es usual, nos costó habituarnos, pero gracias a la amable atención de nuestros nuevos amigos que encontramos en los vecinos del barrio y compañeros universitarios, nos fue posible avanzar en nuestros estudios.

Pues bien, en esa época todos los domingos salíamos a almorzar a la ciudad para pasear un poco por las calles y conocer el puerto.  En la plaza O´Higgins se instalaba los domingos una Feria de Pulgas, donde conseguí muy buenos libros usados. Un día, llegamos a una calle detrás de la Intendencia Regional en el centro de la ciudad  y con no poca sorpresa vimos que estaba denominada como Gral. Melgarejo. Un letrero negro con letras blancas (hoy el letrero es blanco y suprimió el Gral).

Bueno el único Gral. Melgarejo que conocíamos fue Presidente de Bolivia entre 1864 y 1871 y sus historias aprendidas en el colegio lo mostraban como un tirano, caprichoso, empoderado, ignorante y lleno de contradicciones. Me viene a la mente el libro "EL GENERAL MELGAREJO. DICHOS Y HECHOS DE ESTE HOMBRE CÉLEBRE" de Tomás O'Connor d'Arlach (1956) que cuenta todas sus anécdotas e historias insólitas mientras fue presidente. Es de todos conocido el hecho de haber fusilado su camisa para indicar que no tenía confianza en nadie ni en la suya. O la que protagonizó cuando fue a La Paz a recuperar el poder de manos del Presidente Belzu: una vez asesinado éste, Melgarejo salió a la ventana de palacio y de allí gritó a la multitud que momentos antes aclamaba a Belzu: "Belzu está muerto. ¿Quién vive ahora?, obviamente la respuesta fue a gritos: Viva Melgarejo!". En 1870 le declaró la guerra a Prusia y para ir a defender Paris convocó 3000 soldados con los cuales no pasó de Oruro. Y hay mas, tantas que llenarían un libro o dos. 

Los biógrafos de Melgarejo, comentan mucho su forma de ser y muy poco sobre sus habilidades como presidente de Bolivia, tuvo algunas, al parecer, cagadas (con el perdón de la palabra). Lo que más remarca es que era un personaje que, habiendo salido de familia humilde e hizo carrera en el ejército boliviano por propio merito desde los 16 años, gustaba de fiestas, mujeres y la consabida bebida clásica cochabambina: la chicha. La cual era llevada semanalmente a La Paz por fieles soldados que la protegían en el camino desde Tarata, Cochabamba. Asiduo asistente de fiestas y banquetes, es probable que la diplomacia internacional avecindada en La Paz haya aprovechado tal situación para lograr conseguir beneficios para sus países. Y ésa era su peor debilidad: la lisonjería, la zalameria a la cual se entregaba hasta mostrar "un servilismo humillante ante diplomáticos y poderes extranjeros". En este asunto, destacan los diplomáticos de Brasil y Chile los cuales aprovecharon ésta debilidad y, según refiere el historiador Ernesto Joaniquina Hidalgo en: "Invocando el espíritu de Mariano Melgarejo" de Michel Zelada Cabrera, Los Tiempos, 2018: 

"fueron más sombras que luces lo que dejó en vida Melgarejo, despojó arbitrariamente a los campesinos de sus tierras y sus pertenencias, regaló 150.000 kilómetros cuadrados de territorio al Brasil, firmó en 1866 un nefasto tratado con Chile que fue la antesala para la guerra del Pacífico. Como muchos de los criollos presidentes, hizo uso y abuso del poder como aquella versión descabellada, que más parece fábula, al pedir que se imprimiesen las dos caras de sus hijas en un billete”. 

Queda claro, que en este personaje rondaba mas la oscuridad que la luz necesaria para dirigir un país.

Pero, porqué cuando se habla de Melgarejo, dirigimos la mirada hacia Chile?. Aquí sale el famoso Tratado de 1866 firmado en Santiago entre Chile y Bolivia. Este documento redactado en La Paz, aparentemente, por Aniceto Vergara Albano Ministro Plenipotenciario chileno fijaba los límites entre Chile y Bolivia en el paralelo 24, y, sorprendentemente, acordaba la explotación conjunta de los recursos de un territorio comprendido entre los paralelos 25 (Chile) y 23 (Bolivia). Cumpliendo una parte de su misión la cual era negociar un tratado de límites que le asegure a Chile la posesión de todo el litoral boliviano o por lo menos de parte de éste, este tratado siguió siendo negociado entre las partes hasta el momento de la firma, con muchas presiones del lado chileno intentar cumplir su misión principal. Aún cuando el limite quedaba fijado, la clausula de explotación conjunta del guano y los derechos de exportación de los minerales provenientes del territorio comprendido entre dichos paralelos serían repartidos a mitades entre ambos países, situación que eliminaba la clausula del límite entre ambos países. Aparentemente equilibrado, había más en el paralelo 23 que en el 25 que solo tenía arena. Para mí, y creo que muchos que lo analizan, este tratado logró dejar la puerta abierta a la invasión chilena al litoral boliviano en 1879:

"Así, en lugar de que los bolivianos fuesen dueños y señores exclusivos de todo el territorio al norte de la nueva frontera, y los chilenos de todo aquel al sur de dicha línea, el fruto obtenido de la explotación del guano existente entre los paralelos señalados, así como los derechos de exportación de los minerales extraídos de la misma área, habrían de ser compartidos entre Bolivia y Chile. El territorio más rico, curiosamente, se ubicaba al norte de la nueva frontera, es decir en Bolivia" (El Tratado de 1866: primer tratado de límites entre Bolivia y Chile, Hubert Wieland Conroy, Universidad de Ginebra. Publicado en https://plumainquieta.lamula.pe/2016/08/10/el-tratado-de-1866-entre-bolivia-y-chile/hubert/ en 2016).

Conviene revisar el contenido de dicho documento (http://www.historia.uchile.cl), y leerlo en el contexto de la fecha y analizarlo bajo lo que siguió después, pero creo que fue una mala jugada realizada por la administración de Melgarejo y un buen trabajo de la diplomacia chilena. Qué es lo que quería Bolivia?.. conservar su territorio, por su parte, lo que quería Chile era ampliarlo lo más posible, todo ello bajo el momento económico del guano y salitre, recursos existentes en grandes cantidades en el territorio del paralelo 23.

Chile levanta con sus dos manos el estandarte de la América… olvidemos, amigo, nuestras pequeñas rencillas… coopere con su gobierno a la obra santa”, fueron las palabras escritas por Benjamín Vicuña Mackenna para convencer a Melgarejo para abandonar la neutralidad en la guerra contra España a favor de Chile a principios de 1866. A partir de ahí todo fue una fiesta de hermandad internacional para él, situación que fue hábilmente aprovechada por la diplomacia chilena. El mismo día en el que el embajador chileno entregaba sus cartas credenciales a un "enfebrecido" Melgarejo, a éste se le ocurrió declarar “feriado nacional en honor a Chile y nombrar a la fecha, día de la confraternidad americana, embanderando la ciudad”. Y como cereza sobre la torta, el 16 de marzo de 1866 emitió un Decreto Supremo indicando que: “las fronteras de Bolivia son meras líneas matemáticas y todo americano, con sólo pisar suelo boliviano, adquiría los mismos derechos que los nacidos en él, con excepción de los tres cargos públicos jerárquicos más altos”. En respuesta, el Gobierno  de Chile lo nombró: General de División del Ejército de Chile y la Universidad de Chile lo nombró doctor honoris causa. Con semejantes "amabilidades", la firma del tratado en agosto de 1866 fue un mero trámite. Ah...por su parte, pero no menos humillante, Brasil no solo le otorgó la Gran Cruz Imperial, sino que también le regaló su caballo blanco llamado Holofernes, ante el cual todos los militares y soldados del palacio de gobierno boliviano debían cuadrarse bajo pena de castigo.

Tal era el ego de Melgarejo, que las comunicaciones oficiales del gobierno boliviano de ese tiempo empezaban siempre así: “Mariano Melgarejo; benemérito de la patria en grado heroico y eminente (de la batalla de Ingavi), gran ciudadano de Bolivia, Presidente de la República y Capitán General de sus Ejércitos; conservador del orden y la paz pública, Gran Cruz de la imperial orden del Crucero del Brasil, General de división de Chile. Doctor honoris causa de la Universidad de Chile”.

Muchas veces me pregunto, porqué personajes como Melgarejo asumen la presidencia de un país. En los 75 años después de la Independencia de Bolivia, se sucedieron muchos golpes de estado y una inestabilidad política y social importante, este personaje al final fue producto de la época. Cada nuevo presidente había ingresado a Palacio de Gobierno traicionando la confianza del anterior y obedeciendo, la mayor parte de las veces, a intereses particulares. Es por ello, quizás, que nunca estuvimos preparados para primero, vislumbrar y segundo, enfrentar la Guerra del Pacifico, herida que hasta hoy no termina de cerrar y nos nubla la mente. Bolivia logró estabilizarse por un momento, pasado 1900, hasta nuevamente entrar en una nueva época de inestabilidad después de la Guerra del Chaco en 1935 y luego la de 1970 y la de 1982 y 2005 y, quizás, la actual. Ya que esos primeros 75 años, fueron a mi juicio, los que definieron la entrada del país hacia los siglos XX y XXI. Pese a que nos esforzamos, el caudillismo no puede ser erradicado hasta nuestros días, si bien hoy no hay riesgos de una nueva guerra por territorio, el fantasma de la inestabilidad interna nuevamente ronda nuestras calles. Cada país tiene el gobierno que se merece?.. me niego a creerlo.

Melgarejo, no duró más que 5 años después de 1866. Tuvo que dedicarse a sofocar varios intentos de derrocamiento y, entre batallas, fusilamientos, fiestas, borracheras y orgías, finalmente fue derrocado por uno de sus amigos. Salió de Bolivia a vivir a Valparaíso, todavía con el rango de General de División, algo siempre obtendría de Chile. No hay registros de su estancia en el puerto. Me imagino que mientras alguien del gobierno chileno lo considerara importante durarían sus atenciones, entre ellas una callecita a su nombre. Poco tiempo después, nuevos vientos soplaban para ambos países, nuevos gobiernos y nuevas políticas. Melgarejo decidió dejar Valparaíso para ir a Lima, donde se encontraba su amante, Juana Sánchez. Allí anduvo pobre y desvalido, intentando recuperar algo de su dignidad. Despreciado por su propia concubina, fue asesinado de un balazo por el hermano de Juana. Supongo que, borracho, hacía mucho ruido golpeando la puerta de la casa limeña de Juana. La historia ha dado su veredicto sobre el gobierno de Melgarejo, calificando al General de División del Ejercito de Chile, "emulo de Napoleón y Bolívar" como una mancha vergonzosa en la historia de Bolivia.

Referencias a leer:

https://www.lostiempos.com/doble-click/cultura/20180914/invocando-espiritu-mariano-melgarejo

Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografía de Mariano Melgarejo. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/melgarejo.htm.

https://plumainquieta.lamula.pe/2016/08/10/el-tratado-de-1866-entre-bolivia-y-chile/hubert/

https://www.eldiario.net/noticias/2019/2019_04/nt190428/opinion.php?n=40&-mariano-melgarejo-general-de-division-de-chile


jueves, 2 de julio de 2020

CURIMAYO Y TOPA, los Primeros Gobernadores de Cochabamba

En el año 1556 en el Asiento de Canata del Valle de Cochabamba, jurisdicción del Cabildo de la Villa de Oropeza (hoy Cochabamba), se registró un litigio entre el curaca de Paria (Oruro), don Hernando Asacalla y los indios Sipesipe por entonces habitantes de los valles de Cochabamba. El testimonio fue presentado por el escribano español don Pedro de Gálvez (escribano del cabildo de la Villa de Oropeza) y juzgado por los visitadores: Juan González, Francisco de Saavedra y Diego Núñez de Bazán.

El proceso judicial surgió a raíz del reparto de ciertas tierras a los encomenderos españoles Juan Polo de Ondegardo y Rodrigo de Orellana dejando de lado a los curacas de Paria (Oruro) que tenían asentamiento en el valle. El curaca de Paria expresaba su disconformidad con esta distribución basándose en los repartimientos de tierras o suyos que hiciera el Inca Huayna Capac al pasar por este sector del Collasuyu, años atrás en un viaje de inspección a todo su imperio llegando hasta el valle de Santiago de Chile. Pues bien, quién era ese tal Huayna Capac que conquistaba y distribuía las tierras?.

Durante miles de años, diríamos unos 13.000, la cordillera de los Andes albergó, en sucesión: clanes de cazadores, tribus de agricultores, comunidades agropastoriles y muchas culturas que en sucesivo turno intentaron poblar y dominar ese amplio y diverso territorio. Los Andes, es un conjunto de muchas montañas tan altas como de 7.000m y que encierran cientos de valles fértiles y un altiplano inmenso. La gran cantidad de energía que representa esa cordillera de 8.500Km de longitud doblega a todos quienes la visitan.

Pienso que la sucesión cultural de esos miles de años originó, en su conjunto, una Gran Civilización Andina y cuyos conocimientos de agricultura, ingeniería, arquitectura, religión fueron sucesivamente heredados entre tales grupos culturales. La culminación de tal desarrollo es, para mí, el Imperio Incaico o Imperio del Tahuantinsuyo (en quechua: Tawantin suyu, las cuatro regiones o territorios): Chinchasuyo al norte, Cuntisuyo al oeste, Collasuyo al sur y Antisuyo al este, todos en relación al Cuzco. A la llegada de los españoles en 1533 a las costas peruanas, el Incaico fue el imperio dominante en Sudamérica. 

Este imperio nació como consecuencia de exitosas estrategias políticas y militares adoptadas por un pequeño curacazgo asentado en el valle del Cuzco (Perú), el cual, en un lapso de aproximadamente 300 años su dominación territorial abarcó cerca de dos millones de kilómetros cuadrados entre el océano Pacífico al oeste y la selva amazónica al este, desde las cercanías de Pasto (Colombia) al norte hasta el río Maule (Chile) al sur.

El onceavo rey del Tahuantinsuyo (hijo de Túpac Yupanqui) se llamó Huayna Cápac (Mancebo Poderoso), ascendió al trono Incaico a sus 26 años y gobernó por espacio de 30 años aproximadamente. Este fue un Inca poderoso, sus hazañas de conquista son tan importantes como las de sus dos antepasados: Túpac Yupanqui y Pachacutec, conocidos como los forjadores del Imperio Incaico. 

Entre sus hazañas más notables se encuentra la expansión del Imperio en sus límites sur y oeste, Chile y Bolivia actual y respectivamente, llegando a duplicar lo conseguido por sus antepasados. Al sur del continente llegó con sus ejércitos hasta el mismo valle de Santiago y al oeste hasta el valle de Qochapampa (llanura de lagunas), hoy Cochabamba. En ambos sitios dejó mitimaes y una gobernación que se encargaría de los asuntos administrativos del Imperio en esas zonas.

Entre otras, dos fueron las estrategias más usadas por los Incas para someter tanto territorio en tan poco tiempo. La primera, y más obvia, la militar. La segunda, mas "pacifica", consistía en el traslado de grandes grupos humanos denominados mitimaes desde territorios leales a territorios recientemente conquistados que generaba, a su vez, el desplazamiento de grupos recién conquistados y no leales a otros territorios. Una vez asentados todos en sus sitios y puestos un par de gobernadores del territorio a la cabeza, iniciaban la producción agrícola del maíz, la papa etc. y, la ganadera de llamas, alpacas y vicuñas para sustento del Inca (la familia gobernante mas propiamente hablando) y del Imperio. Por su parte, la estrategia militar tuvo su base en la conformación de un ejército numeroso y aguerrido conformado, en principio, por los hombres de las primeras comunidades y curacazgos que vivían en los valles alrededor del Cuzco, para posteriormente reclutar guerreros de los nuevos territorios anexados. A parte de la gestión de mitimaes, la sujeción de los territorios se materializó con el uso de una tercera estrategia política, muy eficaz como antigua en Los Andes: la reciprocidad. Esta estrategia, muy usual entre las comunidades andinas ha perdurado hasta hoy. A través de esa reciprocidad se formó el Imperio porque era fuente de recursos, guerreros y mitimaes. (18/02/2024: aquí tengo un comentario a la luz de los cinco principales mecanismos de gobernabilidad y poder en las comunidades andinas: la reciprocidad, los mitimaes, la conquista militar, la dualidad y el feudalismo, lo veremos en detalle en otra entrada).

La jerarquía de mando del Tahuantinsuyo era muy rígida y vertical, pues el denominado Sapa Inca era quien tomaba las decisiones, secundado por los cuatro suyuyoc-apu (jefes de cada uno de los cuatro suyos) que residían en la capital Cuzco. Otros consejeros asesoraban al Sapa Inca en materia judicial, militar o religiosa, además de un grupo de funcionarios que, en su calidad de veedores generales del Incario, se desplazaban por todo el imperio informando al Sapa Inca de cuanto sucedía (todos en su mayoría de la misma familia real). 

Cada suyo estaba dividido en provincias o huamani, cuyos límites coincidían a menudo con las fronteras étnico-políticas preincaicas y eran encabezados por los apo o jefes. Las huamani se descomponían a su vez en sectores o sayas al frente de las cuales estaban los tocricoc o gobernadores. Por último, las sayas se constituían a partir de un número variable de ayllus, el núcleo social básico andino de unas 100 familias, donde la autoridad era ejercida por los curacas. Estos ayllus, poseían tierras comunales que eran trabajadas por todos sus integrantes. Las familias tenían, asimismo, una porción de tierra (tupu), para satisfacer sus necesidades. A partir del dominio incaico, los ayllus debieron cultivar tierras para el Sol y para el Inca.

El tucuiricuc, tucuyricuy ó tocricoc (en quechua: tucuy rikuq, "el que todo lo ve"), era un funcionario especial de alto rango. Era enviado por el Inca a las huamanis (provincias) para observar el cumplimiento de los mandatos imperiales. 

Alrededor del año 1510, casi 23 años antes de la llegada de los españoles al Perú, Huayna Capac, sus ejércitos y mitimaes, unos 20.000, llegaron al Valle de Qochapampa. En este lugar vivían asentadas y en paz algunas comunidades pertenecientes a la nación Charca, expandida en casi todo el suroeste del Collasuyo (hoy Bolivia). Como ellos eran tan buenos guerreros como agricultores, es posible que se hayan opuesto a la dominación incaica y, estoy seguro que hubieron algunas batallas por ahí para impedir la invasión cuzqueña. El hecho es que, al final, y rendidos al poder incaico, esas poblaciones cochabambinas de "buenos guerreros" fueron desplazadas de su territorio originario a los nuevos límites con los territorios de las tierras bajas, dominadas por las tribus selváticas de los chiriguanos, doscientos kilómetros más al oeste.

Con esta acción desapareció la población originaria del valle de Cochabamba, y se instaló la población mitimae traída del Altiplano, de Ecuador, de Perú y Chile (obviamente no existían esos países en esa época, solo  se mencionan para situar al lector en un espacio geográfico conocido).

El Repartimiento de las tierras de Cochabamba (en Bolivia), hecho por el Inca Huayna Capac a los indios mitimaes: canas, carangas, collas, quillacas, soras, y otros traídos a este fin, eran cuatro "chácaras" fértiles y bien regadas. Estas comprendían vastos terrenos de cultivo entre los ríos Condorcillo (hoy Rocha) y Vilaoma (Viloma), desde Puntiti (Sacaba) y Tapacarí. El Sapa Inca en persona hizo una detallada repartición de tierras entre los miembros de su séquito dejando a los 14.000 "mitimaes de muchas naciones de indios", agrupándolos por afinidad cultural para que trabajasen y beneficiasen las ricas tierras en provecho de la economía redistributiva del Imperio.

Volviendo al juicio de 1556, los jueces preguntaron a los testigos, curacas indios importantes que vivían en el valle, y ellos respondieron asi:
" ... Preguntados (los testigos) que antes que los indios soras entrasen a este valle y los charcas y tocpas y demás indios que al presente están en ellos, de qué indios estaban poblados estos valles: dijeron que de indios chuyas y cotas, de los que están ahora en Pocona .. ".
" ... Fueles preguntado que por qué el dicho Huayna Capac no dio algunas: tierras a los dichos chuyes y cotas, pues eran naturales; dijeron que por ser hombres buenos para la guerra los pasó allí (Pocona y Pojo) y no les dio tierras en estos valles ... ".
". . . Fueles preguntado que si los echó por guerra o de paz, o por qué causa; dijeron que los mandó que dejasen este valle y se pasasen a las fronteras de los indios chiriguanos, y así se fueron a Pocona y a Pocco". Esta última zona es la actual Pojo. Ambos al sudeste de Cochabamba y en los limites con la selva chiriguana.

"Y fueles preguntado si saben que para el efecto que no huviese descuido en lo susodicho y lo sembrasen y cogiesen al tiempo, y para que en lo que se cogía oviese rrecaudo y no se tomase ni hurtase cosa alguna de ello, tenia el Ynga puestos mayordomos yngas, en el dicho Valle, los cuales tenian cuidado de los susodicho, y de castigar aquien hazia lo contrario; digan lo que saben, por tener como tenia aquel Valle de Cochabamba por cosa propia suya".

El testigo indio Don Alfonso Tumire respondió: "vio que pa el efecto estaban puestos por Guayna capa eneste valle de Cochabamba dos yngas sus capitanes que se llamaban el uno Topa y el otro Curimayo y éstos tenian cuydado de todos los yndios mitimaes de las tierras y de sembrar  y coger y enviar el mayz al Cuzco y ahzer lo demas quel Ynga les enviaban mandar que siempre le venyan mensajeros del Ynga de los que avia de hazer y quell Ynga dezi queste valle de Cochabama era suyo todo y por suyo lo tenya".

Una vez establecido el reparto de las tierras de cultivo o "chácaras" en el nuevo territorio conquistado, dejó el Inca perfectamente organizado el funcionamiento de las nuevas comunidades, bajo dos tucuirícuc llamados: TOPA y CURIMAYO que tenían a su mando a otros curacas menores al mando de los ayllus mitimaes. A partir de esta época en el valle de Cochabamba comenzó a prosperar la agricultura con las técnicas incaicas de aterrazamiento, irrigación y el cuidado de la tierra. Se llenaron de maíz y papa las "kollcas" de Cotapachi (Quillacollo) y de allí se enviaba el producto hacia Paria (Oruro) en los rebaños de llamas de los Sipesipes, para después enviarlo al Cuzco y a otros tambos para su depósito. Con la producción del valle de Qochapampa y otros de la región, Paria, en Oruro, fue un centro importante dentro del Collasuyo. Allá se reunían y se repartían los productos y, en el gran tambo se concentraban los ejércitos a su paso hacia y desde el Cuzco, espectáculo deslumbrante si pensamos que el movimiento de tropas se contaba por miles.

Siguiendo la tradición andina de la dualidad en el liderazgo (Hanan y Urin), Topa y Curimayo fueron elegidos por el Inca de entre los hombres más sabios y justicieros de la nobleza cuzqueña. Aún cuando no era un cargo perpetuo ni hereditario, ellos se lo tomaron con la seriedad que el caso ameritaba.

En el valle de Qochapampa, hubo muchas villas de mitimaes (la mayoría ubicadas al oeste y norte de la actual ubicación de la ciudad de Cochabamba). Pero la villa incaica propiamente tal, probablemente se asentó en la zona de Incacollo (cerro del Inca), un barrio al Este y en las huertas de Cala Cala al norte de la actual ciudad. Quizás, allí tendrían sus palacios y viviendas para cuando llegaran de inspección. Allí también vivía todo el ejercito administrativo incaico encargado de administrar el valle. Por turnos, Topa y Curimayo, viajaban periódicamente por todo el territorio y se presentaban en forma sorpresiva por cualquier lugar, observándolo todo tranquilamente y enviando los informes correspondientes al Cuzco. Una vez en el lugar mostraban el hilo de la mascapaicha (la borla imperial) que el Inca les había entregado como señal de la gran autoridad que les daba.

Según las responsabilidades propias de cada parcialidad Hanan y Urin, igual que en todo el Imperio, Topa y Curimayo como gobernadores del valle de Qochapampa, tendrían las siguientes responsabilidades:
  • Supervisar la labor de los funcionarios que tenían a su cargo las divisiones administrativas, es decir a los huno-camayocs (jefe de diez mil familias), huaranga-camayocs (jefe de mil familias), pachaca-camayocs (jefe de cien familias) y chunca-camayocs (jefe de diez familias), en lo concerniente al cumplimiento de las ordenanzas religiosas y del Inca.
  • Administrar, en la provincia, el movimiento de los mitimaes, la distribución gratuita de tierras al pueblo (hatunrunas). 
  • Controlar la producción agrícola y las necesidades generales del Imperio y de los ayllus.
  • Vigilar el aprovisionamiento de los tambos, el reclutamiento de hombres para la guerra, la selección de mujeres para los acllahuasis (casa de las elegidas).
  • Recoger los tributos para remitirlos al Cuzco.
  • Asumir el papel de juez (taripa-camayoc), atendiendo quejas y demandas, e imponiendo penas. Podían incluso aplicar la pena de muerte en casos especiales.
  • Adoptar el papel de autoridad casamentera o “repartidor de mujeres” (huarmicocoq), es decir, celebrar los matrimonios.
  • Visitar las obras públicas: caminos, tambos, collcas, templos, puentes y recomendaba las medidas pertinentes para determinados trabajos.
  • En situaciones graves, como guerras y rebeliones, destituir al curaca y asumir el mando.
  • Al regresar al Cuzco presentar al Inca un minucioso informe.

Es de imaginarse que durante los casi 15 años después que duró el reinado del gran Huayna Capac al mando del Imperio Inca, Topa y Curimayo gobernaron diligentemente el valle de Qochapampa, ya que en ese periodo la producción enviada al Cuzco sirvió para la guerra contra los rebeldes Pastos del Norte del Imperio en la zona de Ecuador. La producción de maíz siguió enviándose hasta la muerte por viruela del Inca e incluso más allá, pese al cisma producido por las guerras entre sus hijos Huáscar y Atahualpa. 

Después de Huayna Capac, nunca más ningún Inca visitó este valle. Ya después de la conquista española, y mientras llegaban los primeros pobladores ibéricos en 1548, la mayoría de los mitimaes de Qochapampa habían retornado a sus lugares de origen y sólo quedaron aquellos que estaban registrados en las encomiendas de Juan Polo de Ondegardo y Rodrigo de Orellana. La producción de maíz continuó para, esta vez, alimentar al régimen colonial español.

Y qué pasó con las edificaciones y villas incas de Cochabamba?, cedieron su paso a la urbanización y hoy solo queda un recuerdo descrito en la memoria de los historiadores.

Referencias:
1.- "EL ORIGEN DE LA NOBLE VILLA DE OROPESA - LA FUNDACION DE COCHABAMBA EN 1571 POR GERONIMO OSORIO, José Macedonio Urquidi, Cochabamba, 1970.
2.- "REPARTIMIENTO DE TIERRAS POR EL INCA HUAYNA CAPAC (TESTIMONIO DE UN DOCUMENTO DE 1556)", Adolfo de Morales (Director, Archivo Histórico Municipal de Cochabamba), Ricardo Céspedes Paz., Geraldine B. de Caballero (Directora del Departamento de Arqueología), Adolfo de Morales, Departamento de Arqueología, UNIVERSIDAD MAYOR DE SAN SIMON, Cochabamba, Mayo de 1977.
3.- "YO SOY EL PRIMER POBLADOR QUE ENTRO EN ESTE VALLE - Garci Ruiz de Orellana - Origenes de la Villa de Oropesa del valle de Cochabamba 1548-1593", Rolando A. Balderrama Román, Grupo Editorial Quipus, abril 2016.
4.- http://www7.uc.cl/sw_educ/historia/conquista/parte1/html/h72.html

martes, 6 de agosto de 2019

TIEMPO DE HOMENAJES



Un día de septiembre de 1975 regresé a mi casa con un recuerdo que guardo con mucho cariño y respeto hasta hoy. Estudié mi bachillerato en el Colegio La Salle de Cochabamba, y ese año cursaba el primer curso de primaria. Aún cuando no recuerdo los detalles (diablos!!... han pasado ya más de 40 años), recuerdo que al llegar a casa me puse a mostrar ese pliego enrrollado que me había dado el profesor Salustio Gonzales. Era un pliego de imprenta que tenía en su interior impreso en letras góticas y marco patriótico colorido algunos "Fragmentos del Mensaje a la Nación del Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre" y editado en alguna imprenta de Cochabamba con ocasión de los 150 años de la creación de nuestra Bolivia.

Antonio José de Sucre, un militar venezolano, a sus 29 años vencedor de Junín y Ayacucho y libertador de América. Fiel seguidor y amigo del General Bolívar. La única "desobediencia" conocida hacia Bolívar desencadenó en la creación de Bolivia, y es correcto. Bolívar, una vez posesionado en el Perú como Presidente, vió que el último reducto español en los territorios libertados se encontraba en el Alto Perú, y antes de poder consolidar la liberación total de América (Hispanoamérica) y empezar a construir su proyecto de la Gran Colombia, los territorios al sur de dicho proyecto debían ser libres y en lo posible, debían ser unificados bajo un mandato único y, como garantía de una independencia permanente, se debía crear una república grande y fuerte para poder desafiar las pretensiones de cualquier potencia imperial.
Es así que envía órdenes al Mariscal de Ayacucho a dicha empresa, es decir a liberar el Alto Perú. Me pregunto cómo debían ser las cosas en dicha época que, al saber de sus nuevas órdenes, Sucre respondió: "Yo no quisiera meterme en ese barullo de cosas del Alto Perú, pero si de golpe las circunstancias me meten, deseo saber porqué ruta política marcho; como he dicho a Usted, cuento haber concluido mi misión en Ayacucho y ruego mil veces que no me haga pasar adelante". Ante la insistencia de Bolívar, ubicado ya en Puno a las puertas del Alto Perú, Sucre remarcaba: "....Empezaré por declarar que sólo por amistad a Ud. paso el Desaguadero; esta campaña del Alto Perú es muy fácil, pero la organización del país está tan embrollada que estoy preparado a recibir mucho látigo de los escritores de Buenos Aires y dispuesto a perder la gratitud que podía esperar del Perú por mis servicios... Confieso que marcho al otro lado del Desaguadero con la repugnancia que iría al suplicio; Ud. verá cuantos disgustos voy a tener por un negocio que a los intereses de Colombia y a la causa de América importa poco se decida como se decidiere". Y es que en esos momentos, de acuerdo al Uti Possidetis Juris (como poseéis de acuerdo al derecho, así poseeréis) y aplicado a la independencia de Hispanoamérica significaba que los países emancipados conservasen las antiguas fronteras de las posesiones del Imperio Español en América. Es decir, que los nuevos estados surgidos tendrían provisionalmente como límites los que le corresponderían en el año 1810.
Bueno, en el caso Altoperuano, la situación había sido así: hasta 1810 era jurisdicción del Virreinato de La Plata (hoy Argentina), pero a partir del 25 de mayo de 1810 luego de la independencia de la Junta de Buenos Aires, pasamos a formar parte del Virreinato de Lima (hoy Perú), pero que embrollo no? o argentinos o peruanos, quién decidiría esto?. Era lógico que para Sucre esto era completamente irrelevante, claro, el proyecto de la Gran Colombia no alcanzaba a estos lugares (como piensan actualmente muchos) y al final era un tema de argentinos y peruanos.
Sea como fuere, y empujado por las ordenes de Bolívar, Sucre y su ejército cruzan el Desaguadero entre el 4 y el 8 de febrero de 1825 con destino a La Paz. A lo lejos, las fuerzas políticas argentinas observan al igual que las peruanas, finalmente el Alto Perú significaba un territorio muy rico en plata que no podía perderse. Aunque el Congreso General Constituyente de Buenos Aires, por decreto de 9 de mayo de 1825, declaró que "aunque las cuatro provincias del Alto Perú, han pertenecido siempre a este Estado, es la voluntad del congreso general constituyente, que ellas queden en plena libertad para disponer de su suerte, según crean convenir a sus intereses y a su felicidad", despejando el camino a la independencia altoperuana. Y es que, me pregunto, cuán compleja sería la situación organizacional del Alto Perú en esos momentos que al final los argentinos desestimaron su participación. Por su parte, de acuerdo a la Historia, Bolívar pensaba lógicamente que Alto Perú debía ser parte del Perú.
Una vez en La Paz, el Mariscal Sucre, luego de pedir órdenes y después de entrevistarse varias veces con Casimiro Olañeta,  un importante abogado de Charcas (luego hablaremos de este personaje), decide promulgar el Decreto del 9 de febrero de 1825, donde se convocaba a representantes de las provincias del Alto Perú a una Asamblea Deliberante, para decidir el destino de estos territorios, y para que sea libre la situación, se garantizaba la ausencia de cualquier fuerza militar en el lugar donde se celebrara dicha asamblea: "Toda intervención de la fuerza armada en las decisiones y resoluciones de la Asamblea, hará nulos los actos en que se mezcle el poder militar: con este fin se procurará que los cuerpos del ejército estén distantes de Oruro" (Art. 18 del decreto). La primera convocatoria fue para reunirse en Oruro en abril de 1825, por temas climáticos y de presencia de españoles en territorio altoperuano, se cambió a La Plata (Charcas) para el 10 de julio de 1825.
Pues bien, luego de mucho trajín, balas y espadazos en Potosí, Cochabamba y Santa Cruz hasta lograr la caída del último soldado español, el 6 de agosto de 1825 reunidos los diputados en La Plata en la Sala Mayor o Aula Magna de la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca decidieron: ni para Buenos Aires ni para Lima, y proclamaron: una república libre, soberana e independiente.
Pese a que Bolívar, al conocer y reclamar las acciones de Sucre en febrero de 1825 y luego del 6 de agosto de 1825, y ante la "presión" del embajador  Olañeta, el 18 de mayo de 1826 firmó en Lima, como Presidente del Perú, un decreto de reconocimiento de la independencia de Bolivia por parte del Perú. Con ello se consolidó la República Bolívar (hoy Bolivia): "Si de Rómulo, Roma; de Bolívar, Bolivia" (Manuel Martín Cruz, Diputado por Potosí).
El Mariscal Sucre nombrado en diciembre de 1825, a sus 30 años de edad, Primer Presidente de Bolivia, fue quien le dio a nuestro país su primera Constitución Política en 1826; fue, además, quien organizó las instituciones estatales (salud, educación, administración) y, adoptó como sistema administrativo el modelo francés de los Departamentos en enero de 1826, que en ese tiempo eran solo cinco, y quien, en resumen, trabajó afanosamente en el gobierno hasta 1828, en adecuado apego a la ley promulgada por su propia mano y llegando a tomar verdadero cariño por su creación.
Mientras eso pasaba, en las sombras y pasillos, los políticos y militares peruanos y algunos bolivianos conspiraban, siendo el cerebro de aquellas siniestras maquinaciones el ocurrente doctor Casimiro Olañeta (otra vez este personaje!).
En diciembre de 1827, el batallón colombiano Voltígeros se levantó en La Paz, pero el coronel Otto Felipe Braun sometió prontamente a los sublevados. El 18 de abril de 1828 estalló otro motín, esta vez en La Plata, protagonizado por los Granaderos de Colombia que vitoreaban al extranjero peruano Agustín Gamarra, y cuando el Mariscal Sucre se encaminaba a caballo a sofocar el motín, fue recibido con una descarga de fusilería que lo hirió en el brazo derecho, aquél con el que había triunfado en Ayacucho. Sucre impedido de gobernar encargó el gobierno a su jefe de gabinete, general José María Pérez de Urdininea. La insurrección había sido alentada y preparada por Gamarra, interesado en el desprestigio del Mariscal, fue el aviso para que este militar, que no aceptaba la separación altoperuana, pasara con sus 6.000 soldados el Desaguadero e invadiera nuestro territorio el 1 de mayo de 1828, con el apoyo de tropas bolivianas conducidas por el servil primer militar traidor, coronel Pedro Blanco, llegando hasta la ciudad de La Plata.
 “Si las bayonetas enemigas, continuando el uso del derecho bárbaro de la fuerza os obliga a traspasar nuestros deberes, apelo en nombre de la Nación a los Estados de América por la venganza; porque está en los intereses de todos destruir este derecho de intervención que se ha arrogado el Perú, y que envolvería nuestro Continente en eternas guerras y calamidades espantosas; apelo especialmente al Libertador, aclamado por la República Padre y Protector de Bolivia, para que defendiéndola de sus enemigos, la deje en libertad de reformar sus instituciones, si lo cree necesario, cuando no haya absolutamente dentro del territorio ninguna fuerza extranjera que cuarte su voluntad. Es por tan poderosas consideraciones, que ante la Nación protesto solemnemente, que cualquier reforma hecha mientras las tropas peruanas ocupen la República, es nula; y que todo ciudadano, cualquier militar, los Tribunales y corporaciones están no sólo facultados para desobedecerlas, sino para destruirlas y establecer el régimen constitucional, contando para ello con el apoyo del Protector de la República.”
Luego de darse cuenta que los descontentos capitalinos atentaron contra su vida con móviles mezcla de desavenencias ideológicas y administrativas, celos y resentimientos, y en el que estaban involucrados algunos ilustres como su "amigo" Olañeta y Lemoine, decidió dejar el país. El atentado fallido dejó al Mariscal herido y convencido de que más valía marcharse de ese antro de ingratitud.
“Me despido señores, de vosotros y de Bolivia, y no dudo que sea para siempre.”
“Siguiendo los principios de un hombre recto, he observado que en política no hay amistad ni odio, ni otros deberes que llenar, sino la dicha del pueblo que se gobierna, la conservación de sus leyes, su independencia y su libertad.”
Sucre estaba postrado en cama en la hacienda Ñujcho, próxima a La Plata, convaleciente de su herida. El general Pedro Blanco ordenó su apresamiento y firmó con el general Pérez de Urdininea, que ya había sido nombrado Presidente interino y el invasor Gamarra, el humillante Tratado de Piquiza el 6 de junio de 1828, que dispuso el retiro del Ejército Grancolombiano, la renuncia de Sucre, la designación de un nuevo mandatario, y reforma a la Constitución y el pago por gastos efectuados por el ejército peruano. Ante tales acontecimientos, Sucre, aún enfermo, se hizo presente ante el Congreso con el objeto de rendir cuentas de sus actos y despedirse de Bolivia. 
 “No concluiré mi mensaje sin pedir a la representación nacional un premio a mis servicios, que pequeños o grandes, han dado existencia a Bolivia, y que lo merecerán por tanto. La Constitución me hace inviolable: ninguna responsabilidad me cabe por los actos de mi Gobierno Ruego, pues, que se me destituya de esta prerrogativa, y que se examine escrupulosamente toda mi conducta.  Si hasta el 18 de abril se me justifica una sola infracción de la ley, si las Cámaras constitucionales juzgan que hay lugar a formación de causa al Ministerio volveré de Colombia a someterme al fallo de las leyes. Exijo este premio con tanta más razón, cuanto que declaro solemnemente que en mi administración, yo he gobernado: el bien o el mal, yo lo he hecho, pues por fortuna la naturaleza me ha excluido de esos miserables seres que la casualidad eleva a la magistratura, y que, entregados a sus Ministros, renuncian hasta la obligación de pensar en los pueblos que dirigen.”      
“Al despedirme, pido esta recompensa a los Representantes de la Nación; y si, por respeto a la ley, la rehúsan al Presidente de Bolivia, que no la nieguen a su gran ciudadano, que con tanta consagración ha servido, y que la implora como la garantía que lo ponga a cubierto de las acusaciones con que la malevolencia y la envidia querrían calumniarlo.”
“Aún pediré otro premio a la nación entera y a sus administradores: el de no destruir la obra de mi creación: de conservar por entre todos los peligros la Independencia de Bolivia; y de preferir todas las desgracias, y la muerte misma de sus hijos, antes que perder la soberanía de la República que proclamaron los pueblos, y que obtuvieron en recompensa de sus generosos sacrificios en la revolución.”
El Gran Mariscal, decepcionado por la ingratitud, la actitud de políticos osados y arribistas, las ambiciones de militares y civiles mediocres, los insultos que recibía, haciendo honor a su decisión de dejar la presidencia ese año, entregó el gobierno a un Consejo de Ministros integrado por el general José Miguel de Velasco.
“De resto, señores, es suficiente remuneración de mis servicios regresar a la tierra patria después de seis años de ausencia, sirviendo con gloria a los amigos de Colombia; y aunque por resultado de instigaciones extrañas llevo roto este brazo, que en Ayacucho terminó la guerra de la Independencia americana y que destrozó las cadenas del Perú, y dio ser a Bolivia; me conformo cuando en medio de las dificultades y difíciles circunstancias, tengo mi conciencia libre de todo crimen.”
Pese a haber derramado su sangre por la independencia desde que era un adolescente de quince años, de haber derrotado al último Virrey de América en Ayacucho con sólo 29 años de edad, y al carácter vitalicio de la presidencia que ejercía, cuando se marchaba de la capital fue abucheado por la población, incidente en el cual, se cuenta, la Coronel Juana Azurduy de Padilla escupió en la cara a uno de los conspiradores, Casimiro Olañeta, para significar su disgusto con el trato que le daban.
“En el retiro de mi vida veré mis cicatrices; y nunca me arrepentiré de llevarlas, cuando me recuerden que para formar a Bolivia preferí el imperio de las leyes, a ser el tirano o el verdugo que llevará siempre una espada pendiente sobre la cabeza de los ciudadanos.”
Se despidió de Bolivia mediante un último mensaje el mismo día en que iniciaba su viaje hacia Chile, el 2 de agosto de 1828, para luego tomar un barco ingles hasta Quito y luego morir asesinado por traidores dos años después en Berruecos. 


Al pie del pergamino con los fragmentos de este mensaje reza en manuscrito: "Premio al mejor alumno en lectura"..."Este premio se confirió al mejor alumno en lectura"..sellos y firmas del profesor y director del Colegio La Salle de Cochabamba. Bueno, resulta que dichos señores en algún momento de ese día nos hicieron leer a algunos compañeros y a mí algún texto. Terminado el procedimiento, de pronto a tres compañeros nos hicieron subir al curso superior: al segundo de primaria!!!. Leímos y los alumnos "mayores" también leyeron y horas después me estaba llevando a la carrera ese pergamino a mi casa. Que es lo que leímos, un misterio. Tampoco supe de otro "concurso" similar. Obviamente llegado a mi casa, me imagino que leí el pergamino a mis padres en alguna posición y tono oficial, tal vez también lo hice con mi abuela y creo que incluso, le leí el mismo en modo heraldo, a mi tío José en su siguiente viaje de visita desde Oruro. El caso es que, de allí nació mi afición a la lectura y lo bueno es que en mi casa nunca faltó un libro para leer.

La presente entrega va como un homenaje al 6 de agosto, día de la creación de nuestro país, también va para Antonio José de Sucre, el verdadero creador y primer presidente, que supo retirarse a tiempo y quien murió por el disparo cobarde y traidor de otros generales que veían en él un líder incluso más poderoso que Bolívar. También va mi homenaje a Julio, Juan y José (mi padre y mis tíos), quienes, cada cual a su estilo, cultivaron en mi familia la necesidad de leer para saber y buscar en los libros aquellas respuestas que nos esquivan en la cotidianeidad de la vida.

BIBLIO:
"La Fundación de Bolivia, Documentos para su Historia", Augusto Villarroel Triveño, Editorial Los Amigos del Libro, 1981.