POCONA es la Tercera Sección de
la Provincia Carrasco del Departamento de Cochabamba. Se halla situada en la parte Sudoeste de
la Provincia, y al centro sur del Departamento. Esta población se encuentra a
140 Km de la ciudad de Cochabamba por la
carretera troncal antigua Cochabamba-Santa Cruz. Esta zona destaca por su gran valle fértil en
donde se cultivan las papas, maíz, trigo y variadas hortalizas además de la
crianza de ovejas, vacas, cabras. En la época incaica era un importante centro
agrícola de abastecimiento al imperio pese a estar en la frontera con las
tribus selváticas del este boliviano.
A su vez, dentro de su territorio,
destaca el Mercado Lope Mendoza,
ubicado en el cantón Wuayapacha en la antigua carretera Cochabamba - Santa Cruz. Es el mercado de productos
agropecuarios más importante del sur del Departamento y en especial de la zona de Totora, Mizque, Epizana y a él confluyen
todos los pobladores del municipio. El intercambio comercial tiene su
influencia incluso en las zonas de Aiquile, Tiraque, Arani y Punata a mas de
100Km de alli. A dicho mercado asisten semanalmente los días lunes cerca de
6000 personas. Este sitio se encuentra a la ribera de un rio que discurre de la
cuenca de Wayapacha adentrándose a la selva hasta formar parte del Rio San
Mateo en el trópico cochabambino.
Estuve por allí varias veces con ocasión de realizar la ingeniería de su
sistema de alcantarillado y demás está decir que el paisaje es especial. Me
llamó la atención el nombre del lugar, es el único sitio con nombre no indígena
en la comarca. No hay una familia o una estatua o un registro de una autoridad
del lugar que apellide de tal forma. Sin embargo, este apellido ha debido ser
de gran impacto o importancia para que los pobladores denominen este lugar así:
Lope Mendoza. Pero porque se llama este lugar así?. He aquí la historia:
Corre el año 1543, pacificado en
apariencia el Perú de las guerras civiles entre los españoles, la conquista de
América nuevamente entra a una nueva
expansión y sobretodo la clásica búsqueda de oro, plata y riquezas mueve grupos
de españoles en todas direcciones. Destaca en nuestro relato la Expedición a Tucumán
o Tucma dirigida por Diego de Rojas (Entrada a los Chiriguanos) y varios conquistadores
entre ellos el Capitán Nicolás de Heredia, sucesor de Rojas a su muerte. Doscientos
soldados se alistaron entusiastas para acometer esta arriesgada empresa, que
duró más de tres años y en la que los expedicionarios tuvieron que sostener
sangrientas batallas con los indios del chaco y pasar hambre, miseria y
peligros. La historia los conoce con
el nombre de "los de la Entrada".
Mientras la Entrada ocurría, en el año 1544 en el Perú, Gonzalo Pizarro (nuevo
Gobernador del Perú) se rebela contra el Rey de España en lo que se conoce como
la Rebelión de los Encomenderos. Y de
nuevo el Perú ingresa en guerra civil de españoles. Unos tomando partido del
rey, otros partido de los encomenderos se enfrascan en una guerra donde las
cabezas ibéricas rodaban como en fiesta y como si sobraran.
Los de la Entrada a mas de mil kilómetros de distancia, aun cuando la
guerra estaba muy lejos tomaron el
partido del Rey: Nicolás de Heredia a la sazón cabecilla de la expedición, resolvió
entonces volver al Perú, y con los ciento cincuenta hombres que lo seguían buscó
ponerse a órdenes del Capitán Lope Mendoza (español de La Plata), que junto a
Diego Centeno acababa de alzar bandera contra Gonzalo Pizarro y los encomenderos
rebeldes, decidiendo todos marchar al Perú a pelear por el Rey.
Los grandes servicios de Carbajal a los Pizarro se pueden resumir en las
siguientes líneas de un historiador peruano: "El octogenario guerrero
exterminó o aterró a los realistas del Sur del Peru. A la edad en que pocos
hombres conservan el fuego de las pasiones y el vigor de los órganos, cruzó sin
descanso seis veces Los Andes. De Quito a San Miguel, de Lima a Guamanga, de
Guamanga a Lima, de Lucanas al Cuzco, del Callao a Arequipa y de Arequipa a
Charcas. Comiendo y durmiendo sobre el caballo, fue insensible a los hielos de
la puna, a la ardiente reverberación del sol en los arenales y a las
privaciones y fatigas de las marchas forzadas. El vulgo supersticioso decía que
Carbajal y su caballo andaban por los aires. Sólo así podían explicarse tan
prodigiosa actividad".
Francisco de
Carbajal hallábase en Quito con Gonzalo Pizarro cuando se tuvo noticia de que
Diego Centeno y Lope de Mendoza habían proclamado la causa del rey. Pizarro
ordenó entonces a su maestre de campo que, con trescientos hombres, se
dirigiese sobre los enemigos, sin darles tiempo para que organizasen elementos
de resistencia.
Fue en esta
campaña, prodigiosa por la rapidez de las marchas, donde Carbajal ostentó todas
sus admirables dotes militares, conquistándose la reputación de gran capitán. A
fuerza de hábiles maniobras estratégicas, derrotó primero a Centeno quien huyó
hacia la sierra peruana. Terminada la dispersión que Carbajal hizo de Centeno y
habiendo descansado en Arequipa, se encaminó a los Charcas en busca de Lope
Mendoza y los demás defensores del Rey y de paso buscar fortuna con oro y plata
y, mientras pudiera, a ejercer crueldades.
Lope de Mendoza
que era Maestre de Campo de Centeno con L. Perdomo, Alonso Camargo y otros decidieron
también huir y tomaron el camino que conduce al sud del Alto Perú por Caranguas
con intención de buscar la ruta que descubrió Diego de Rojas en 1542 cuando fue
al Río de La Plata y, probablemente, para no caer en manos de Carbajal.
No pasó mucho
tiempo en que Lope de Mendoza en su camino encontrase a los que regresaban de
la expedición al Río de La Plata (los de la Entrada), con Nicolás Heredia a la
cabeza buscándolo. Con estos refuerzos convinieron nuevamente proclamarse por
el Rey, nombrando a Lope de Mendoza Capitán General de esta pequeña fuerza.
Los unos
bajando, los otros subiendo por el camino a Tucumán, no tardaron en encontrarse
en el poblado de Pocona (un tambo de la época). Y fue en ese lugar donde se
produjo el sangriento encuentro, en el que Carbajal, que lo perseguía por medio
de una maniobra hábil, se apoderó del pueblo, del cual salieron las tropas de Lope
Mendoza a batirlo, habiendo intentado reconquistarlo inútilmente. El Demonio ya
había identificado a su presa y no la iba a dejar escapar.
Sin otra
alternativa Lope Mendoza se retiró del lugar después del combate y pudo apoderarse
del equipaje de Carvajal, que contenía muchos tejos de oro, que lo tomó a las
siete leguas de Pocona y siguió su retirada con sus compañeros hacia la selva
(Creo que buscaba el paso de Montepunco - Puerta del Monte que es el acceso a
la selva chapareña desde las alturas de los valles cochabambinos), habiendo acampado
a la orilla de un río, cuyo ruido no le permitió sentir que Carbajal llegaba
sobre él y los suyos.
El Demonio tomó
prisioneros a Lope de Mendoza y Nicolás de Heredia que, como todos los de la
Entrada, se batieron bizarra pero infructuosamente. Cuando en Pocona lo
presentaron herido y prisionero a Lope de Mendoza y a su segundo Heredia,
díjoles Carbajal: -¡Hola! ¡Hola! ¿Conque
eran vuesas mercedes los malandrines que habían jurado ahorcarme por su mano?
Pues ahora vamos a ver quién mata a quién.
Lope de Mendoza
y su compañero levantaron con altivez la cabeza y se encerraron en un silencio
despreciativo. Al fin se cansó Carbajal de apostrofarlos sin obtener de ellos
una palabra, y dirigiéndose a la puerta gritó a un oficial que pasaba: -Alférez Bobadilla, venga acá, si es
servido, y mande dar garrote a este par de bellacos y que les corten la cabeza
y tráigamelas, que holgareme de verlas separadas del tronco.
Cumplida la
sentencia, con los héroes en camino a la vida eterna, el mismo Dionisio de
Bobadilla partió para Arequipa conduciendo las dos cabezas en una bolsa (la de
Lope Mendoza y la de Heredia), que debían ser puestas en la picota de la
ciudad. Cuando dos años después, vencido el Muy Magnífico Gonzalo
Pizarro, cayó prisionero Dionisio de Bobadilla, mandó el pacificador La Gasca que le cortasen la cabeza y la colocasen en
Arequipa, en el mismo sitio que había ocupado la de Lope Mendoza, cuya memoria
se honró con una gran misa fúnebre.
Finalmente,
porqué se llama ese lugar Lope Mendoza?. La leyenda dice que en dicho sitio del
rio fue ajusticiado Lope Mendoza y su cuerpo sin cabeza enterrado por los
pobladores en tumba secreta. También se podría decir que esos días de batalla
fueron tan sangrientos que quedó en la memoria de los poconenses un recuerdo de
lo sanguinarios que pueden ser los hombres y quizás en las noches todavía se
escucha el cabalgar de la caballería persiguiendo a los infortunados y las
explosiones de los arcabuces como truenos, finalmente el ruido seco del sable
cortador de cabezas y luego el silencio. Solo el rio con su canto nos recuerda
que nuestra tierra tiene historias que merecen ser recordadas.
Y que paso con
el Demonio de los Andes?, de la misma forma, dos años después de Pocona, se
produjo la batalla de Sacsahuaman donde los rebeldes la perdieron. Gonzalo
Pizarro y Francisco de Carbajal fueron inmediatamente juzgados y puestos en
capilla. Sobre el gobernador, en su condición de caballero, recayó la pena de
decapitación. El maestre, que era plebeyo, debía ser arrastrado y
descuartizado. Carbajal fue ajusticiado en el mismo campo de batalla el 10 de
abril de 1548, a la edad de ochenta y cuatro años. Pero con el suplicio no concluyó
para Carbajal la venganza del poder real, su solar o casa en Lima, lo formaba
el ángulo de las calles conocidas hoy bajo los nombres de la Pelota y de los
Gallos. El terreno fue sembrado de sal, demolidas las paredes interiores, y en
la esquina de la última se colocó una lápida de bronce con una inscripción de
infamia para la memoria del propietario. A la calle se le dio el nombre de
calle del Mármol de Carbajal.
Cochabamba, 26 de noviembre de 2017.
Nota: Se denominan Guerras Civiles
entre los conquistadores del Perú a las luchas que surgieron entre conquistadores españoles del Imperio
Incaico por la disputa de los territorios conquistados, así como por el
control del poder político. Estas luchas se extendieron de 1537 a 1554, con intervalos
de paz relativa.
Ref: El Demonio de los Andes, de Ricardo Becerra. Historia de Chuquisaca,
de Valentin Abecia, Comentarios Reales de los Incas, de Garcilaso de la Vega

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