lunes, 18 de diciembre de 2017

AL PAREDÓN!!. HISTORIA DE DOS FUSILAMIENTOS ...A LA BOLIVIANA - Parte 1



Que es para nosotros la Justicia?.Un autor dice que: "La justicia se representa con una mujer que lleva los ojos vendados, una balanza en una mano y una espada en la otra. Los ojos vendados pretenden destacar que la justicia no mira a los hombres, sino los hechos, es decir, que la justicia es igual para todos los hombres. La balanza representa el juicio que determinará colocando a cada lado de la balanza los argumentos y pruebas. La espada expresa que la justicia castigará con mano dura a los culpables". He aquí la historia de dos ejemplos de administración de justicia.



EL BOLILLO DE LA MUERTE...

Parafraseando a Gabriel García Márquez: El día en que lo iban a matar, Alfredo Jáuregui se levantó a las 6:00am. Ya llevaba 10 años haciendo lo mismo, pero, qué otra cosa podía hacer en su celda de la cárcel pública de La Paz?. El juicio había durado tanto que en ciertos días hasta había olvidado el motivo de su encarcelamiento. Esa madrugada, al ver a su hermano y sus dos amigos, con quienes compartía la celda, mirándolo con dolor y angustia se acordó de su suerte: Hoy sería fusilado. Esa fue la sentencia diez días atrás y esa fue su suerte en el juego fatal de los bolillos blancos y negro. Son las 8:00am, apenas probó una taza de café yungueño con marraqueta y queso collana (su último deseo). Un nudo en la garganta que bajó a su estómago le recordó que ya no vería mas su casa, a su madre y a su familia. 


Es el 5 de noviembre de 1927, horas 8:30am, Alfredo sale de su celda y se enfrenta cara a cara a un periodista que lo retrata con una cámara de filmación. Sonríe melancólicamente a la cámara. El periódico de la época La Razón lo describe así: "Es el más joven de los condenados (…). Pulcramente vestido, de mediana estatura y complexión casi atlética, Alfredo Jáuregui tiene aún la energía de la juventud y su vehemencia a pesar de los diez años de sufrimientos e inquietudes constantes”. 



Diez días antes, Alfredo fue condenado a muerte junto a sus tres amigos por el supuesto asesinato del general y ex Presidente de la República José Manuel Pando. En aquella época, el Código Penal indicaba que, si los sentenciados eran menos de diez, sólo moriría uno de ellos, y sería el azar el encargado de determinar cuál. “Aparatoso y emocionante fue el sorteo de los presos. El bolillo negro y siniestro le tocó a Alfredo Jáuregui”, fue el titular de la crónica del periódico La Razón.


Alfredo, que en el momento del supuesto crimen tenía 16 años, pasó una década tras las rejas y fue ejecutado aquella mañana de octubre. Su hermano y dos amigos sacaron del ánfora los salvadores bolillos blancos. Antes de meter la mano en la urna, en último lugar, Alfredo ya sabía que la suerte estaba echada. Él pagó los platos rotos del Proceso Pando. 


El profesor John Rawls, en particular, indica que "La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, así como la verdad es a los sistemas del pensamiento".


Según ha quedado escrito en la historia boliviana los Jáuregui fueron los que perpetraron el asesinato del exmandatario en junio de 1917. Los republicanos, comandados por Bautista Saavedra, acusaron al presidente de la República, el liberal José Gutiérrez Guerra (ganador de las elecciones del mes precedente), de haber armado el magnicidio y con ello se convulsionó por años la política boliviana.


El Diario indica que todo empezó con el descubrimiento del cadáver de José Manuel Pando, el 20 de junio de 1917, en el fondo del barranco de Huichincalla, de 30 metros de profundidad,  cerca de El Kenko, en dirección a Achocalla. La Sra. Dolores, madre de Juan y Alfredo, tenía una tienda en ese lugar de El Alto.Allí llegó el general la tarde del 15 de junio de 1917 a tomar una sopa y visitar a sus amigos, de regreso a La Paz desde su finca en Catavi. Había partido el día anterior y, tras pernoctar en la hacienda Machacabú, continuó su camino con el objetivo de estar en la urbe paceña el 16, fecha en la cual tenía que apadrinar un matrimonio. Según se supo después, los Jáuregui conocían al expresidente desde hacía años. “Nosotros conocíamos mucho al general Pando por mantener relaciones espirituales con su hijo, don Ramón”, declaró Juan a El Diario.


Por otro lado, las personas que testificaron ante el juez aseguraron que el militar murió apaleado por los que se encontraban en el local regentado por Dolores, entre ellos, sus dos hijos. Uno de los testimonios clave fue el de Pablo Fernández, “cuyas atestaciones guardan perfecta armonía con lo declarado por Demetria v. de Aguirre (una vecina de Achocalla)”, escribía en 1924 el exjuez de Sumario y de Acusación Efraín Chacón, en el libro El Proceso Pando ante la opinión pública. Sin embargo, lo particular en este caso es que el declarante era sordomudo. Para interpretar su declaración, el juzgado llamó a otro habitante de la zona, José Calasanz Cuevas, “quien durante mucho tiempo había tenido a su servicio un doméstico sordomudo, por lo que encontraba facilidad suficiente para entenderse con el testigo en cuestión”.


Dicen por ahí los abogados que la asociación de justicia con la equidad ha sido histórica y culturalmente rara y tal vez es una innovación moderna.El término justicia viene de iustitia, y el jurista romano Ulpiano a definió así: Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi; "La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar (conceder) a cada uno su derecho".


La primera autopsia que se realizó al cadáver de Pando (que duró alrededor de tres horas, según publicó El Diario el 26 de junio de 1917) determinó que el militar había muerto por conmoción cerebral y por lesiones profundas en la parte izquierda del tórax. Este resultado hizo que, en junio de 1919, se absolviera a los acusados, pues no había crimen. Sin embargo, los periódicos afines al Partido Republicano y los diputados opositores, obligaron a  rehacer la autopsia. Defendían la tesis de que el suceso había tenido un móvil político.


De esta tendencia era el periódico La Verdad: “Un informe completo, como deben ser todos los que prestan los médicos legistas, hubiera arrojado muchísima luz sobre las causas que determinaron la muerte y las circunstancias que la rodearon (...). Los médicos han obrado muy precipitadamente... Sólo así se puede concebir que el informe prestado por ellos al juez, sea tan lacónico y huérfano de datos ilustrativos, que es una calamidad”. El segundo examen forense determinó que “la causa de la muerte es debida a las contusiones que presenta en la cabeza, que han producido una conmoción cerebral, con hemorragia múltiple”. 


En 1978, Ramón Salinas Mariaca, descendiente del general, manifestó en su libro Vida y Muerte de Pando que la madre del militar, uno de sus hijos (legítimo, resalta), su hermano y otros familiares sufrieron diversos tipos de apoplejías. Por ello, afirma el médico José Alvarado en un artículo publicado en 1998 por la Sociedad Boliviana de Historia de la Medicina, titulado El supuesto asesinato del ex presidente José Manuel Pando. Contribución a su rectificación histórica, el motivo de la muerte puede catalogarse como “accidente cardio-vascular por la edad avanzada y probable arterio-esclerosis”.


 
El apellido Jáuregui reapareció en los periódicos paceños en noviembre de 2012, ochenta y cinco años después de la muerte de Alfredo. La Cinemateca Boliviana (proyecto a cargo de Carolina Cappa y María Domínguez) exhibió fragmentos de la película documental de 17 minutos que inmortalizó el fusilamiento, realizada por Luis del Castillo y perdida durante casi 85 años. Y es que, al poco tiempo de su estreno en 1927, parte de la prensa paceña presionó para que se censurara. “Para dar una pobre idea de Bolivia, para exhibir con enfoque deprimente nuestra justicia, para denigrar la nacionalidad con el coro de indígenas desarrapados, nada se ha dado más cabal. Es este el aspecto en que fundamos nuestra oposición a la publicidad y peor aún a la exportación de esta película”, publicaba La Razón el 26 de noviembre de 1927.

Alrededor de los Jáuregui se tejió toda serie de invenciones, un sector político veía en el suceso (o quiso hacer ver) un crimen político, mientras otros sostuvieron en un primer momento que el militar había tenido un accidente, cayendo al barranco. Sin embargo de todo y por presión política, en 1927, Alfredo Jáuregui fue fusilado.




REFERENCIAS:


El bolillo fatal... o el emblema de la muerte: el hallazgo. Autor Carolina Cappa, 2015. Incluye video.http://kinetoscopiomonstruo.blogspot.com/2015/02/el-bolillo-fatal-o-el-emblema-de-la.html
Las imagenes de la red.



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