jueves, 26 de marzo de 2020

LOS CUATRO ELEMENTOS DE LA NATURALEZA

Cuando el equilibrio de la interacción Hombre-Naturaleza se altera, ocurren catástrofes que llevan a cualquiera de las dos partes hacia el límite de su existencia. Durante toda la historia de nuestra Humanidad, esta lucha permanente sobre la hegemonía el uno sobre el otro, ha provocado muchísimos desastres, muertes y destrucción. El tiempo en el que vivimos hoy, se ha desatado otro desequilibrio en esa interacción, la que nos puede llevar, una vez más, a los límites de nuestra existencia. Pero en esta oportunidad, ese no es el tema principal, sino la construcción de la interacción entre esas dos fuerzas: Hombre y Naturaleza.

Terminada la última glaciación hace miles de años, la humanidad empezó a desarrollarse y a expandirse por todo el planeta. Con campo libre, cerebro desarrollado y un par de buenas piernas, en algunos milenios pasó de ser un simple recolector cazador habitante de cuevas húmedas y oscuras, a dominar el fuego y luego de un boom intelectual, dar finalmente el gran paso a agricultor. La agricultura le aseguraba sustento en casi cualquier parte del planeta, permitiendo encaminarse posteriormente al desarrollo cultural, religioso, filosófico y militar. La conquista del planeta y de la Naturaleza fue una carrera de no acabar. Y, gracias a todo eso, estamos aquí.

En esos miles de años desde la primera semilla sembrada (8.000 A.C.), el conocimiento de la naturaleza estaba orientado, primero, a intentar comprender los ciclos de día y de noche, a la oscuridad, a la lluvia, el trueno, el relámpago, al viento, la estrellas, etc. Pero no había mucho tiempo para pensar, puesto que había que sobrevivir. Entonces, todo eso se convirtió en deidades a quienes había que rogar por protección de esas fuerzas. En esos años, la relación Hombre-Naturaleza sólo era en un sentido: la naturaleza respondería en tanto los ruegos y alabanzas sean adecuados. Bueno, tampoco éramos muchos para hacerle frente.

Después llegaron los asentamientos (villas, pueblos, pequeñas ciudades) como la ciudad de Jericó en 7.000 AC. Casi por el año 5.000AC se desarrollaron las ciudades importantes, que seguidamente se convirtieron en estados, luego en imperios. Las deidades primitivas, entonces, tomaron apariencia humana y los elementos de la Naturaleza, a su servicio, fueron herramientas de sojuzgamiento de la Humanidad. Solo esos dioses tenían el poder sobre la Naturaleza. Miles de años pasaron y la relación seguía siendo en un sentido, había que agradar a los dioses para que las fuerzas de la Naturaleza nos dejen en paz. 

Pasaron los años y, con el crecimiento de la población, la diversificación de los oficios y habilidades; una vez asegurada la alimentación y todo un mundo abierto para ser recorrido, dentro de estas ciudades empezó otro tipo actividad: el comercio.

Luego del comercio y los viajes, no tardó en llegar la búsqueda del conocimiento. La necesidad de cuestionarse, del conocer el entorno, de conocer la Naturaleza, la búsqueda del Yo, etc., y desarrollar pensamientos que buscaban explicar lo que sucedía desde una óptica no religiosa, es decir sin dioses. Este pensamiento también buscaba entender la relación del Hombre con la Naturaleza y, principalmente, proponer que esta relación nada tenía que ver con dioses ni seres a los que había que rendir culto, sino que era una relación directa de ambos sentidos, por cuanto la existencia de ambos dependía mutuamente. La evolución de este pensamiento, a lo largo de los siglos, se convirtió en la Filosofía o "Amor a la Sabiduría", la cual apareció allá por el siglo VII AC, en Grecia.

Lo que pasó en el mundo a partir de ese siglo fue muy interesante, como siempre ha habido comercio y comunicación entre todas las regiones del mundo, los barcos y caravanas de comerciantes no solo llevaban productos de intercambio a todos los rincones del planeta, sino también empezaron a llevar las ideas y el conocimiento. Estas ideas nacían en un lado y luego iban y venían, se comentaban, se discutían, se enseñaban y se sembraban en las mentes de los hombres de todas las regiones. De pronto, entre los siglos VI y IV AC, aparecieron doctrinas filosófico-religiosas en muchas regiones como el Budismo, el Taoísmo, y el Hinduismo. Y en todas, de alguna forma, se creía que la Naturaleza se expresaba a través de Cuatro Elementos (cinco en algunos casos): Aire, Agua, Fuego y Tierra, nótese la ausencia divina. Y que el mundo material, donde nosotros vivimos, se construía a base de aquellos y sus distintas combinaciones. Cualquier desequilibro en ellos producía efectos en el sistema de vida del Hombre. Efectos relacionados, obviamente, con inundaciones, incendios, terremotos, tempestades, huracanes, plagas, epidemias, enfermedades, muerte, etc.

En Grecia, el filósofo Tales de Mileto propuso que el principio de todas las cosas era el Agua. Después Anaxímenes consideró que el principio de todas las cosas era el Aire, Heráclito creyó que el Fuego era el principio (solo se mantiene consumiendo y destruyendo, y constantemente cambia de materia). Jenófanes consideró que lo seco (tierra) y lo húmedo (agua) que es principio y fin de todas las cosas. Para Aristóteles el Fuego, la Tierra, el Agua y el Aire eran terrenales y corruptibles, y que las estrellas no podían estar hechas de ninguno de estos elementos, sino de uno diferente, incambiable, hecho de una substancia celestial y pura, denominada el éter.

En esos siglos, por el Oriente Medio, apareció una religión con un Dios Todopoderoso. Como no podía ser, los patriarcas de esa religión consideraron que esos cuatro Elementos de la Naturaleza, que tanto se hablaban en otros pueblos, debían provenir de Dios y ser dominados por Él. Con tales creencias se escribió la Tanaj Hebrea y, luego de algunos retoques y muchos años después, el Antiguo Testamento Católico. Entonces, estos Cuatro Elementos, ¿se encuentran en esos libros?... claro que sí. 

El Libro del Génesis (Antiguo Testamento) dice: "... un río salía del Edén para regar el Jardín, y desde allí se dividía, y se convertía en cuatro cabezas, llamadas: río Pisón, que se dice, rodeó toda la tierra de Havila (Arabia); el río Gihón, que habría rodeado toda la tierra de Cus (Etiopía); el río Hidekel (río Tigris); que iría al oriente de Asiria; y el río Eufrates...". Según la tradición judeocristiana, en el Jardín del Edén existía un río que lo alimentaba (Dios alimentador y creador) y a la salida del jardín, este río se dividía en cuatro brazos (cuatro elementos) cada cual alimentaría otras regiones conocidas en esa época. Indagando en la noche de los tiempos, estas regiones estarían relacionadas con el Fuego, el Aire, el Agua y la Tierra, podría apostar. A partir de la creación de Dios, que es la Naturaleza representada por el Jardín, sus cuatro elementos esenciales se envían al mundo exterior. 

Continuando esos relatos del libro del Génesis. El Hombre que vivía en armonía con la Naturaleza creada por Dios, fue expulsado del Paraíso, que está protegido por un Ángel con una espada de Fuego, por una desobediencia poco clara en conjunción con la Serpiente (La Tierra). Durante muchos años, después de ser expulsados del Jardín, la humanidad hizo ciudades, pero nuevamente se alejó de Dios. Dios enojado provocó el Diluvio Universal (Agua) y limpió el mundo de toda inmundicia,  después de eso una nueva Alianza Hombre-Dios (Naturaleza) fue pactada. Pasaron los años y nuevamente, el Hombre se alejó de Dios y, tal pecado, pagaron con Fuego las ciudades de Sodoma y Gomorra. Una vez encaminado el Hombre, y para asegurar su obediencia, se manifiesta el poder de Dios (Aire) en la destrucción de las Murallas de Jericó.

Entonces, el elemento Fuego es la purificación y máximo poder de Dios, el Agua es la limpieza y el renacimiento, una entrada al mundo el bien (¿Se acuerdan del Arco Iris al final del Diluvio?), el elemento Aire es el elemento de vida donde se encuentra Dios y su poder, y la Tierra es una extensión del Pueblo de Dios, cuando se venza a la Serpiente, la tierra será la recompensa.

Seguimos con el Antiguo Testamento. Años después, muchos años, encontramos al Patriarca Moisés (salvado de las aguas). Se encuentra con Dios a través de una zarza ardiente (Fuego), el poder de Dios. El vuelo nocturno del un Ángel de la Muerte, enviado por Dios, sobre la ciudad de los Faraones, a través del Aire: la presencia de Dios. Los judíos, en su salida de Egipto se encuentran con el Agua (el Mar Rojo), y a través del Aire (vientos fuertes) se domina al Agua, y empieza la salida de Egipto (la Tierra del Mal) y la entrada al mundo del Bien: la Tierra Prometida. Una vez que en este éxodo sea vencido el mal y el pecado (la Serpiente), el pueblo de Dios heredará la Tierra Prometida.

Avancemos en el tiempo. Hace un poco más de 2.000 años, un Hombre entregó un mensaje al Mundo. A partir de éste hecho, Dios se manifestó con sus Cuatro Elementos nuevamente. El Bautismo -Agua-  como purificación y limpieza del Espíritu. Ese Hombre es sacrificado y tiembla la Tierra (terremotos), luego de vencer su encierro en esa Tierra (Serpiente/Satanás), es ascendido a los cielos -Aire- por la mano de Dios. Días después aparece el Fuego, como el poder de Dios entregado a los hijos de Dios (Pentecostés).

Por donde miremos, el aire para respirar, el agua para beber, el fuego para calentarse y la tierra para comer, nos acompaña desde las cavernas. Si alguna de esas cuatro cosas falta, el equilibrio se rompe dando lugar a la muerte. En la Edad Media, se recoge el pensamiento aristotélico, y son los alquimistas los que nos hablan de los cuatro elementos: el Fuego con el Oro, el Aire con la Plata, el Agua con el Mercurio y la Tierra con el Plomo.

Como quiera que hayamos desarrollado nuestra cultura hasta nuestros días, los Cuatro elementos de la Naturaleza, fuerzas independientes o fuerzas originadas por Dios, han estado acompañándonos. Un desequilibro en esas fuerzas y se desencadenan las peores catástrofes: incendios, inundaciones, terremotos, huracanes, epidemias, pestes, muerte. Es posible que el hombre antiguo no las entendía, y por ello creaba dioses que tenían el poder de contenerlos. Hoy nuestro conocimiento significa, usualmente, que perdemos el respeto a la Naturaleza , poniendo en peligro el equilibrio nuevamente. Sabemos que dependemos de ella pero igual deseamos someterla. 

Actualmente hemos podido descifrar el código genético humano, tenemos cura para casi todas las enfermedades, la esperanza de vida aumenta cada año, vamos sin temor rumbo a las estrellas, aquellas que el primer hombre miraba con temor en la oscuridad de la noche hace miles de años, y sin embargo, todavía no hemos podido dominar los Cuatro Elementos de la Naturaleza y vivimos en un débil equilibrio con ella. Aquella que nos recuerda cada vez que nuestras acciones van en contra de esa antigua alianza.

Finalmente, ¿qué es la Naturaleza? Pues, somos nosotros, porque nacimos de ella, vivimos con ella y morimos en ella:
...En quien un mapa se dibuja atento,
Pues el cuerpo es la tierra,
El fuego, el alma que en el pecho encierra,
La espuma el mar, y el aire es el suspiro,
En cuya confusión un caos admiro;
Pues en el alma, espuma, cuerpo, aliento,
Monstruo es de fuego, tierra, mar y viento... 
"La vida es sueño", Jornada III, Escena IX. Pedro Calderón de la Barca, 1673.


También ver: http://lanuevasenda.com.ar/elementos-de-la-naturaleza-y-su-significado


viernes, 20 de marzo de 2020

LA TIERRA DE LOS CANAS




Hace muchísimos años, casi 13.000, que el Clan de la Piedra Roja pasó por este inmenso valle enclavado entre las montañas de Los Andes. Le llamaron el Valle del Amanecer y se lo llevaron en sus recuerdos para cuando tuvieron que partir siguiendo las manadas de caza hacia el sur.

Seguramente hasta que el último miembro del Clan se unió a sus dioses, allá por las pampas del sur del continente, los ancianos cantaban en las noches de fogata la venturosa vida que habían llevado en este lugar y recordaban también a su líder Semeel-Jak, quien había sido el primer hombre en pisar el valle y quien los había conducido hacia ese lugar.

Después del Clan de la Piedra Roja, seguramente pasaron muchos clanes de cazadores por el valle. Pero no existe registro ni historia de ellos. Pasaron los años, y el valle continuó alimentado a quienes se asentaban en él hasta su hora de partir siguiendo las manadas, siempre hacia el sur.

Cuando pasó la última glaciación, la Revolución Neolítica iniciada en tierras lejanas fue el motor que movió a nuestros antepasados desde las cavernas hacia la civilización, a la conquista del planeta y, finalmente, al camino hacia las estrellas. En nuestro continente americano, es posible que hayan sido dos las incursiones de población que arrastraron consigo esa revolución: la primera por Bering, al norte, la más importante, antigua y la más conocida. Oleadas de grupos humanos, aprovechando el paso de hielo, llegaron al continente Americano en busca de nuevas tierras de caza. Desde hace 30.000 años se generó periódicamente el ingreso de todos los clanes cazadores que recorrieron el continente de norte a sur, ¿y por qué no? algunos pasarían por nuestro Valle del Amanecer.

Al parecer hubieron otras incursiones al continente. Aquellas que, aprovechando las corrientes  marinas desde el Oeste (hablemos de Asia), pudieron embarcarse por el gran mar hasta llegar a las costas de Sudamérica. En esas costas formaron nuevos asentamientos e incluso mantuvieron, porque no, algún circuito comercial de ida y vuelta con ese lejano continente (Ibarra Grasso, 1979). A partir de esos grupos es que –pienso- se inició la verdadera revolución neolítica en Sudamérica, fijando su centro de difusión cultural inicial en la costa para posteriormente subir hacia la sierra andina y de allí al altiplano y a las tierras bajas del otro lado.

Primero llegaron los cazadores como los del Clan de la Piedra Roja y, después de ellos, otros que portaban nuevos conocimientos. A partir de los más antiguos asentamientos conocidos en la costa oeste sudamericana, como la Cultura Valdivia en Ecuador (4.400 AC) y la civilización de Caral (3.000AC) en el Perú, es probable que aquellos clanes de cazadores que llegaron con las primeras oleadas antes del 4.000AC, fueran desplazados o absorbidos por estos nuevos grupos de migrantes que llevaban consigo algo "mágico" que transformaría su mundo: agricultura, alfarería, metalurgia, etc.

Es así que, un día cualquiera, hace algunos miles de años atrás, es posible que después de la temporada de lluvias y justo antes del invierno, llegó al Valle del Amanecer un extraño grupo de hombres y mujeres, irrumpiendo desde el otro lado de las montañas. Ellos ya no perseguían manadas. Eran extraños porque ya no vestían cueros, vestían ropa de telas tejidas, cargaban objetos de barro cocido, llevaban las manadas consigo y construían sus casas con piedra, barro, troncos y adoraban a sus dioses tutelares: El sol, la luna, la montaña.

Ellos trajeron al valle un nuevo descubrimiento: la agricultura. Descubrimiento que permitió la sobrevivencia de nuestros antepasados. Les permitió conservar y mejorar sus asentamientos, además asegurar la alimentación y el futuro de sus generaciones.

Debido al mejoramiento del clima, la existencia de los ríos y áreas cultivables, la aparición de grupos de agricultores primitivos que recorrían el continente buscando tierras, poco a poco fue reemplazando la caza por el cultivo y el pastoreo, y de ahí el nacimiento de culturas e imperios. De esta manera, el Valle del Amanecer empezó a poblarse de grupos de agricultores que se instalaron a lo largo y ancho de él.

No se sabe cuándo ni quiénes fueron los primeros agricultores en asentarse en este valle. Desde la primera llegada de los clanes de cazadores, quienes seguían el rastro de las manadas, habían pasado cerca de 8.000 años antes de poder encontrar el rastro de las tribus de agricultores asentados (3.500AC).

Con el tiempo, tres grupos lograron prevalecer en el valle: Sipisipis, Chuyes y Cotas. Cada cual con su villa y todos conviviendo en armonía. El cultivo más importante sería el maíz y en algunas zonas de altura la papa. Es probable que estos grupos comerciaran entre sí, así como con otros grupos de otros valles de la zona del continente.

Los años pasaban en este valle entre lluvias, cosechas y festividades. Mientras tanto, grandes cosas ocurrían al norte, en las alturas de la cordillera de Los Andes: una cultura megalítica que adoraba al sol se desarrollaba a orillas del gran lago (1.600AC – 1.000DC). Su influencia cultural abarcó un gran territorio y casi al final de su historia, llegó hasta el Valle del Amanecer.

Inmediatamente después de la caída de esta cultura megalítica (Tiahuanaco), un periodo de señoríos independientes de los hombres de las alturas surgió (Aymaras), y permitió que este valle sirva como alimentador de esas regiones. Caravanas de llamas llevaban maíz, coca, chicha y otros productos hacia las alturas y desde allá se traían sal, tejidos, quinua, papa, oca y otros.

Se dice que, para que un imperio se levante otro tiene que caer. Ese periodo de señoríos aymaras concluyó, hacia el 1.200DC, con el nacimiento y desarrollo de un nuevo imperio más al norte del Gran Lago, el cual abarcaría todo el territorio andino y lograría su máximo desarrollo como heredero de una cultura humana que a lo largo de los milenios, desde que llegó a la costa sudamericana, buscó dominar Los Andes. Por la lejanía, todos esos cambios llegaban al Valle del Amanecer como influjos y corrientes culturales: un tipo de cerámica, un tipo de metalurgia, tejidos y colores. Pero siempre, pase lo que pase, este Valle alimentaba a los señores de las alturas.

La Historia de la Cultura Andina, abarca un periodo de 12.000 años. Desde los primeros hombres que llegaron del norte y desde el mar, hasta la caída del Imperio Final, el cual en poco más de 300 años, se constituyó en el señor indiscutido de Sudamérica: el Imperio Inca. Esta cultura fue la cúspide de todas las culturas y civilizaciones pasadas, haciendo de Los Andes su hogar y dominio. Al final de su historia, su territorio abarcó desde el extremo norte de Sudamérica hasta una gran parte al sur. Tal vez faltó tiempo para dominar las selvas amazónicas o tal vez no quisieron hacerlo, sea como fuese, en esa época el continente era un hervidero de ciudades, agricultura, comercio, intercambios, migraciones y conquistas.

En ese escenario, un día antes de la cosecha -ese año había sido muy bueno- estos señores andinos llegaron al Valle del Amanecer desde el norte, con un gran ejército de soldados y gentes de a pie. Se detuvieron en el mismo lugar en el que hace 13 mil años lo hizo un líder cazador y, contemplando la inmensidad del feraz valle, un pensamiento pasó por sus cabezas: debemos conquistarlo.

No existen registros de alguna batalla o relatos de cómo fue conquistado este territorio, de cualquier forma, el Señor Inca se apoderó del Valle del Amanecer y debido a la cantidad de lagunas y pantanos existentes lo llamó K´ocha Pampa ó pampa de lagunas.

Junto a sus soldados estaban grupos de personas de otras tribus leales al Señor Inca, los mitimaes. Estos eran grupos de tribus leales conquistadas anteriormente, a quienes por su lealtad o por acuerdos con sus señores, se les dotaba de tierras de cultivo en las nuevas tierras conquistadas con una condición:  el envío de la producción de dichas tierras hacia la capital Q´osqo, el Ombligo del Mundo.

¿Qué pasó con los Chuyes y Cotas, originarios del Valle? Su ferocidad y su habilidad para la guerra fueron determinantes para su reubicación en un otro valle ubicado al límite sur del imperio, para defenderlo. Solo se quedaron los llameros Sipisipis que llevaban la producción a los señores de las alturas. La conquista de estos valles debió resolverse con una batalla, a un precio probablemente alto.

En K´ocha Pampa se quedaron muchas etnias que venían con el Señor Inca como mitimaes: Carangas, Kollas, Quillacas, Soras y otros. Dicen que alrededor de 14.000 personas se asentaron para beneficio del Imperio. Las mejores tierras de cultivo, las del Este, serían para el Señor Inca. Estas tierras fueron entregadas a sus mejores y más antiguos aliados cuzqueños, aquellos con los cuales habían vencido a los poderosos Chancas por la hegemonía de Los Andes. El sitio donde se asentaron se llamó Canata, la tierra de los Canas.

Al pie de la cordillera del Tunari en el Departamento de Cochabamba (Bolivia) se encuentra este valle fértil y feraz de casi 500Km2 de superficie, en su planicie se asienta la ciudad de Cochabamba. De extremo a extremo lo recorre un río torrentoso que, en aquellos tiempos, renovaba cada año la tierra, en las épocas de lluvia, abonándola para beneficio de sus pastos y bosques de sauces, molles, jacarandaes, algarrobos, khewueñas, chillijchis y khishuaras.



REVISIÓN: Camila Heredia, la Profe.

BIBLIO:
"SIN ATLÁNTIDAS NI OVNIS, LA HAZAÑA DEL HOMBRE", Dick Edgar Ibarra Grasso, Los Amigos el Libro, Cochabamba, 1984.
"REPARTIMIENTO DE TIERRAS POR EL INCA HUAYNA CAPAC" - (Testimonio de un Documento de 1556), Don Adolfo de Morales, Geraldine B. de Caballero, UNIVERSIDAD MAYOR DE SAN SIMON, Departamento de Arqueología, Cochabamba, Bolivia, Mayo de 1977.
"30.000 AÑOS DE PREHISTORIA EN BOLIVIA, Dick Edgar Ibarra Grasso, Roy Querejazu Lewis, 1986.