martes, 6 de agosto de 2019

TIEMPO DE HOMENAJES



Un día de septiembre de 1975 regresé a mi casa con un recuerdo que guardo con mucho cariño y respeto hasta hoy. Estudié mi bachillerato en el Colegio La Salle de Cochabamba, y ese año cursaba el primer curso de primaria. Aún cuando no recuerdo los detalles (diablos!!... han pasado ya más de 40 años), recuerdo que al llegar a casa me puse a mostrar ese pliego enrrollado que me había dado el profesor Salustio Gonzales. Era un pliego de imprenta que tenía en su interior impreso en letras góticas y marco patriótico colorido algunos "Fragmentos del Mensaje a la Nación del Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre" y editado en alguna imprenta de Cochabamba con ocasión de los 150 años de la creación de nuestra Bolivia.

Antonio José de Sucre, un militar venezolano, a sus 29 años vencedor de Junín y Ayacucho y libertador de América. Fiel seguidor y amigo del General Bolívar. La única "desobediencia" conocida hacia Bolívar desencadenó en la creación de Bolivia, y es correcto. Bolívar, una vez posesionado en el Perú como Presidente, vió que el último reducto español en los territorios libertados se encontraba en el Alto Perú, y antes de poder consolidar la liberación total de América (Hispanoamérica) y empezar a construir su proyecto de la Gran Colombia, los territorios al sur de dicho proyecto debían ser libres y en lo posible, debían ser unificados bajo un mandato único y, como garantía de una independencia permanente, se debía crear una república grande y fuerte para poder desafiar las pretensiones de cualquier potencia imperial.
Es así que envía órdenes al Mariscal de Ayacucho a dicha empresa, es decir a liberar el Alto Perú. Me pregunto cómo debían ser las cosas en dicha época que, al saber de sus nuevas órdenes, Sucre respondió: "Yo no quisiera meterme en ese barullo de cosas del Alto Perú, pero si de golpe las circunstancias me meten, deseo saber porqué ruta política marcho; como he dicho a Usted, cuento haber concluido mi misión en Ayacucho y ruego mil veces que no me haga pasar adelante". Ante la insistencia de Bolívar, ubicado ya en Puno a las puertas del Alto Perú, Sucre remarcaba: "....Empezaré por declarar que sólo por amistad a Ud. paso el Desaguadero; esta campaña del Alto Perú es muy fácil, pero la organización del país está tan embrollada que estoy preparado a recibir mucho látigo de los escritores de Buenos Aires y dispuesto a perder la gratitud que podía esperar del Perú por mis servicios... Confieso que marcho al otro lado del Desaguadero con la repugnancia que iría al suplicio; Ud. verá cuantos disgustos voy a tener por un negocio que a los intereses de Colombia y a la causa de América importa poco se decida como se decidiere". Y es que en esos momentos, de acuerdo al Uti Possidetis Juris (como poseéis de acuerdo al derecho, así poseeréis) y aplicado a la independencia de Hispanoamérica significaba que los países emancipados conservasen las antiguas fronteras de las posesiones del Imperio Español en América. Es decir, que los nuevos estados surgidos tendrían provisionalmente como límites los que le corresponderían en el año 1810.
Bueno, en el caso Altoperuano, la situación había sido así: hasta 1810 era jurisdicción del Virreinato de La Plata (hoy Argentina), pero a partir del 25 de mayo de 1810 luego de la independencia de la Junta de Buenos Aires, pasamos a formar parte del Virreinato de Lima (hoy Perú), pero que embrollo no? o argentinos o peruanos, quién decidiría esto?. Era lógico que para Sucre esto era completamente irrelevante, claro, el proyecto de la Gran Colombia no alcanzaba a estos lugares (como piensan actualmente muchos) y al final era un tema de argentinos y peruanos.
Sea como fuere, y empujado por las ordenes de Bolívar, Sucre y su ejército cruzan el Desaguadero entre el 4 y el 8 de febrero de 1825 con destino a La Paz. A lo lejos, las fuerzas políticas argentinas observan al igual que las peruanas, finalmente el Alto Perú significaba un territorio muy rico en plata que no podía perderse. Aunque el Congreso General Constituyente de Buenos Aires, por decreto de 9 de mayo de 1825, declaró que "aunque las cuatro provincias del Alto Perú, han pertenecido siempre a este Estado, es la voluntad del congreso general constituyente, que ellas queden en plena libertad para disponer de su suerte, según crean convenir a sus intereses y a su felicidad", despejando el camino a la independencia altoperuana. Y es que, me pregunto, cuán compleja sería la situación organizacional del Alto Perú en esos momentos que al final los argentinos desestimaron su participación. Por su parte, de acuerdo a la Historia, Bolívar pensaba lógicamente que Alto Perú debía ser parte del Perú.
Una vez en La Paz, el Mariscal Sucre, luego de pedir órdenes y después de entrevistarse varias veces con Casimiro Olañeta,  un importante abogado de Charcas (luego hablaremos de este personaje), decide promulgar el Decreto del 9 de febrero de 1825, donde se convocaba a representantes de las provincias del Alto Perú a una Asamblea Deliberante, para decidir el destino de estos territorios, y para que sea libre la situación, se garantizaba la ausencia de cualquier fuerza militar en el lugar donde se celebrara dicha asamblea: "Toda intervención de la fuerza armada en las decisiones y resoluciones de la Asamblea, hará nulos los actos en que se mezcle el poder militar: con este fin se procurará que los cuerpos del ejército estén distantes de Oruro" (Art. 18 del decreto). La primera convocatoria fue para reunirse en Oruro en abril de 1825, por temas climáticos y de presencia de españoles en territorio altoperuano, se cambió a La Plata (Charcas) para el 10 de julio de 1825.
Pues bien, luego de mucho trajín, balas y espadazos en Potosí, Cochabamba y Santa Cruz hasta lograr la caída del último soldado español, el 6 de agosto de 1825 reunidos los diputados en La Plata en la Sala Mayor o Aula Magna de la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca decidieron: ni para Buenos Aires ni para Lima, y proclamaron: una república libre, soberana e independiente.
Pese a que Bolívar, al conocer y reclamar las acciones de Sucre en febrero de 1825 y luego del 6 de agosto de 1825, y ante la "presión" del embajador  Olañeta, el 18 de mayo de 1826 firmó en Lima, como Presidente del Perú, un decreto de reconocimiento de la independencia de Bolivia por parte del Perú. Con ello se consolidó la República Bolívar (hoy Bolivia): "Si de Rómulo, Roma; de Bolívar, Bolivia" (Manuel Martín Cruz, Diputado por Potosí).
El Mariscal Sucre nombrado en diciembre de 1825, a sus 30 años de edad, Primer Presidente de Bolivia, fue quien le dio a nuestro país su primera Constitución Política en 1826; fue, además, quien organizó las instituciones estatales (salud, educación, administración) y, adoptó como sistema administrativo el modelo francés de los Departamentos en enero de 1826, que en ese tiempo eran solo cinco, y quien, en resumen, trabajó afanosamente en el gobierno hasta 1828, en adecuado apego a la ley promulgada por su propia mano y llegando a tomar verdadero cariño por su creación.
Mientras eso pasaba, en las sombras y pasillos, los políticos y militares peruanos y algunos bolivianos conspiraban, siendo el cerebro de aquellas siniestras maquinaciones el ocurrente doctor Casimiro Olañeta (otra vez este personaje!).
En diciembre de 1827, el batallón colombiano Voltígeros se levantó en La Paz, pero el coronel Otto Felipe Braun sometió prontamente a los sublevados. El 18 de abril de 1828 estalló otro motín, esta vez en La Plata, protagonizado por los Granaderos de Colombia que vitoreaban al extranjero peruano Agustín Gamarra, y cuando el Mariscal Sucre se encaminaba a caballo a sofocar el motín, fue recibido con una descarga de fusilería que lo hirió en el brazo derecho, aquél con el que había triunfado en Ayacucho. Sucre impedido de gobernar encargó el gobierno a su jefe de gabinete, general José María Pérez de Urdininea. La insurrección había sido alentada y preparada por Gamarra, interesado en el desprestigio del Mariscal, fue el aviso para que este militar, que no aceptaba la separación altoperuana, pasara con sus 6.000 soldados el Desaguadero e invadiera nuestro territorio el 1 de mayo de 1828, con el apoyo de tropas bolivianas conducidas por el servil primer militar traidor, coronel Pedro Blanco, llegando hasta la ciudad de La Plata.
 “Si las bayonetas enemigas, continuando el uso del derecho bárbaro de la fuerza os obliga a traspasar nuestros deberes, apelo en nombre de la Nación a los Estados de América por la venganza; porque está en los intereses de todos destruir este derecho de intervención que se ha arrogado el Perú, y que envolvería nuestro Continente en eternas guerras y calamidades espantosas; apelo especialmente al Libertador, aclamado por la República Padre y Protector de Bolivia, para que defendiéndola de sus enemigos, la deje en libertad de reformar sus instituciones, si lo cree necesario, cuando no haya absolutamente dentro del territorio ninguna fuerza extranjera que cuarte su voluntad. Es por tan poderosas consideraciones, que ante la Nación protesto solemnemente, que cualquier reforma hecha mientras las tropas peruanas ocupen la República, es nula; y que todo ciudadano, cualquier militar, los Tribunales y corporaciones están no sólo facultados para desobedecerlas, sino para destruirlas y establecer el régimen constitucional, contando para ello con el apoyo del Protector de la República.”
Luego de darse cuenta que los descontentos capitalinos atentaron contra su vida con móviles mezcla de desavenencias ideológicas y administrativas, celos y resentimientos, y en el que estaban involucrados algunos ilustres como su "amigo" Olañeta y Lemoine, decidió dejar el país. El atentado fallido dejó al Mariscal herido y convencido de que más valía marcharse de ese antro de ingratitud.
“Me despido señores, de vosotros y de Bolivia, y no dudo que sea para siempre.”
“Siguiendo los principios de un hombre recto, he observado que en política no hay amistad ni odio, ni otros deberes que llenar, sino la dicha del pueblo que se gobierna, la conservación de sus leyes, su independencia y su libertad.”
Sucre estaba postrado en cama en la hacienda Ñujcho, próxima a La Plata, convaleciente de su herida. El general Pedro Blanco ordenó su apresamiento y firmó con el general Pérez de Urdininea, que ya había sido nombrado Presidente interino y el invasor Gamarra, el humillante Tratado de Piquiza el 6 de junio de 1828, que dispuso el retiro del Ejército Grancolombiano, la renuncia de Sucre, la designación de un nuevo mandatario, y reforma a la Constitución y el pago por gastos efectuados por el ejército peruano. Ante tales acontecimientos, Sucre, aún enfermo, se hizo presente ante el Congreso con el objeto de rendir cuentas de sus actos y despedirse de Bolivia. 
 “No concluiré mi mensaje sin pedir a la representación nacional un premio a mis servicios, que pequeños o grandes, han dado existencia a Bolivia, y que lo merecerán por tanto. La Constitución me hace inviolable: ninguna responsabilidad me cabe por los actos de mi Gobierno Ruego, pues, que se me destituya de esta prerrogativa, y que se examine escrupulosamente toda mi conducta.  Si hasta el 18 de abril se me justifica una sola infracción de la ley, si las Cámaras constitucionales juzgan que hay lugar a formación de causa al Ministerio volveré de Colombia a someterme al fallo de las leyes. Exijo este premio con tanta más razón, cuanto que declaro solemnemente que en mi administración, yo he gobernado: el bien o el mal, yo lo he hecho, pues por fortuna la naturaleza me ha excluido de esos miserables seres que la casualidad eleva a la magistratura, y que, entregados a sus Ministros, renuncian hasta la obligación de pensar en los pueblos que dirigen.”      
“Al despedirme, pido esta recompensa a los Representantes de la Nación; y si, por respeto a la ley, la rehúsan al Presidente de Bolivia, que no la nieguen a su gran ciudadano, que con tanta consagración ha servido, y que la implora como la garantía que lo ponga a cubierto de las acusaciones con que la malevolencia y la envidia querrían calumniarlo.”
“Aún pediré otro premio a la nación entera y a sus administradores: el de no destruir la obra de mi creación: de conservar por entre todos los peligros la Independencia de Bolivia; y de preferir todas las desgracias, y la muerte misma de sus hijos, antes que perder la soberanía de la República que proclamaron los pueblos, y que obtuvieron en recompensa de sus generosos sacrificios en la revolución.”
El Gran Mariscal, decepcionado por la ingratitud, la actitud de políticos osados y arribistas, las ambiciones de militares y civiles mediocres, los insultos que recibía, haciendo honor a su decisión de dejar la presidencia ese año, entregó el gobierno a un Consejo de Ministros integrado por el general José Miguel de Velasco.
“De resto, señores, es suficiente remuneración de mis servicios regresar a la tierra patria después de seis años de ausencia, sirviendo con gloria a los amigos de Colombia; y aunque por resultado de instigaciones extrañas llevo roto este brazo, que en Ayacucho terminó la guerra de la Independencia americana y que destrozó las cadenas del Perú, y dio ser a Bolivia; me conformo cuando en medio de las dificultades y difíciles circunstancias, tengo mi conciencia libre de todo crimen.”
Pese a haber derramado su sangre por la independencia desde que era un adolescente de quince años, de haber derrotado al último Virrey de América en Ayacucho con sólo 29 años de edad, y al carácter vitalicio de la presidencia que ejercía, cuando se marchaba de la capital fue abucheado por la población, incidente en el cual, se cuenta, la Coronel Juana Azurduy de Padilla escupió en la cara a uno de los conspiradores, Casimiro Olañeta, para significar su disgusto con el trato que le daban.
“En el retiro de mi vida veré mis cicatrices; y nunca me arrepentiré de llevarlas, cuando me recuerden que para formar a Bolivia preferí el imperio de las leyes, a ser el tirano o el verdugo que llevará siempre una espada pendiente sobre la cabeza de los ciudadanos.”
Se despidió de Bolivia mediante un último mensaje el mismo día en que iniciaba su viaje hacia Chile, el 2 de agosto de 1828, para luego tomar un barco ingles hasta Quito y luego morir asesinado por traidores dos años después en Berruecos. 


Al pie del pergamino con los fragmentos de este mensaje reza en manuscrito: "Premio al mejor alumno en lectura"..."Este premio se confirió al mejor alumno en lectura"..sellos y firmas del profesor y director del Colegio La Salle de Cochabamba. Bueno, resulta que dichos señores en algún momento de ese día nos hicieron leer a algunos compañeros y a mí algún texto. Terminado el procedimiento, de pronto a tres compañeros nos hicieron subir al curso superior: al segundo de primaria!!!. Leímos y los alumnos "mayores" también leyeron y horas después me estaba llevando a la carrera ese pergamino a mi casa. Que es lo que leímos, un misterio. Tampoco supe de otro "concurso" similar. Obviamente llegado a mi casa, me imagino que leí el pergamino a mis padres en alguna posición y tono oficial, tal vez también lo hice con mi abuela y creo que incluso, le leí el mismo en modo heraldo, a mi tío José en su siguiente viaje de visita desde Oruro. El caso es que, de allí nació mi afición a la lectura y lo bueno es que en mi casa nunca faltó un libro para leer.

La presente entrega va como un homenaje al 6 de agosto, día de la creación de nuestro país, también va para Antonio José de Sucre, el verdadero creador y primer presidente, que supo retirarse a tiempo y quien murió por el disparo cobarde y traidor de otros generales que veían en él un líder incluso más poderoso que Bolívar. También va mi homenaje a Julio, Juan y José (mi padre y mis tíos), quienes, cada cual a su estilo, cultivaron en mi familia la necesidad de leer para saber y buscar en los libros aquellas respuestas que nos esquivan en la cotidianeidad de la vida.

BIBLIO:
"La Fundación de Bolivia, Documentos para su Historia", Augusto Villarroel Triveño, Editorial Los Amigos del Libro, 1981.



2 comentarios:

  1. Interesante y emotivo homenaje al País y a la familia. Saludos Inge.

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  2. Gracias por el comentario. Es importante saber algunos detalles de nuestra historia para, precisamente, entender quienes somos y a donde podríamos llegar.

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