Un día de septiembre de 1975
regresé a mi casa con un recuerdo que guardo con mucho cariño y respeto hasta
hoy. Estudié mi bachillerato en el Colegio La Salle de Cochabamba, y ese año
cursaba el primer curso de primaria. Aún cuando no recuerdo los detalles
(diablos!!... han pasado ya más de 40 años), recuerdo que al llegar a casa me
puse a mostrar ese pliego enrrollado que me había dado el profesor Salustio
Gonzales. Era un pliego de imprenta que tenía en su interior impreso en letras
góticas y marco patriótico colorido algunos "Fragmentos del Mensaje a la
Nación del Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre" y editado en alguna
imprenta de Cochabamba con ocasión de los 150 años de la creación de nuestra
Bolivia.
Antonio José de Sucre, un militar
venezolano, a sus 29 años vencedor de Junín y Ayacucho y libertador de América.
Fiel seguidor y amigo del General Bolívar. La única "desobediencia"
conocida hacia Bolívar desencadenó en la creación de Bolivia, y es correcto.
Bolívar, una vez posesionado en el Perú como Presidente, vió que el último
reducto español en los territorios libertados se encontraba en el Alto Perú, y
antes de poder consolidar la liberación total de América (Hispanoamérica) y empezar
a construir su proyecto de la Gran Colombia, los territorios al sur de dicho
proyecto debían ser libres y en lo posible, debían ser unificados bajo un
mandato único y, como garantía de una independencia permanente, se debía crear
una república grande y fuerte para poder desafiar las pretensiones de cualquier
potencia imperial.
Es así que envía órdenes al Mariscal de Ayacucho a dicha empresa, es decir a liberar el Alto Perú. Me pregunto cómo debían ser las cosas en dicha época que, al saber de sus nuevas órdenes, Sucre respondió: "Yo no quisiera meterme en ese barullo de cosas del Alto Perú, pero si de golpe las circunstancias me meten, deseo saber porqué ruta política marcho; como he dicho a Usted, cuento haber concluido mi misión en Ayacucho y ruego mil veces que no me haga pasar adelante". Ante la insistencia de Bolívar, ubicado ya en Puno a las puertas del Alto Perú, Sucre remarcaba: "....Empezaré por declarar que sólo por amistad a Ud. paso el
Desaguadero; esta campaña del Alto Perú es muy fácil, pero la organización del
país está tan embrollada que estoy preparado a recibir mucho látigo de los escritores
de Buenos Aires y dispuesto a perder la gratitud que podía esperar del Perú por
mis servicios... Confieso que marcho
al otro lado del Desaguadero con la repugnancia que iría al suplicio; Ud. verá
cuantos disgustos voy a tener por un negocio que a los intereses de Colombia y
a la causa de América importa poco se decida como se decidiere". Y es
que en esos momentos, de acuerdo al Uti
Possidetis Juris (como poseéis de acuerdo al derecho, así poseeréis) y aplicado a la independencia de Hispanoamérica significaba que los países emancipados conservasen las antiguas fronteras de las posesiones del Imperio Español en América. Es decir, que los nuevos estados surgidos tendrían provisionalmente como límites los que le corresponderían en el año 1810.
Bueno, en el caso Altoperuano, la situación había sido así:
hasta 1810 era jurisdicción del Virreinato de La Plata (hoy Argentina), pero a
partir del 25 de mayo de 1810 luego de la independencia de la Junta de Buenos
Aires, pasamos a formar parte del Virreinato de Lima (hoy Perú), pero que
embrollo no? o argentinos o peruanos, quién decidiría esto?. Era lógico que
para Sucre esto era completamente irrelevante, claro, el proyecto de la Gran
Colombia no alcanzaba a estos lugares (como piensan actualmente muchos) y al
final era un tema de argentinos y peruanos.
Sea como fuere, y empujado por las
ordenes de Bolívar, Sucre y su ejército cruzan el Desaguadero entre el 4 y el 8
de febrero de 1825 con destino a La Paz. A lo lejos, las fuerzas políticas argentinas
observan al igual que las peruanas, finalmente el Alto Perú significaba un
territorio muy rico en plata que no podía perderse. Aunque el Congreso General
Constituyente de Buenos Aires, por decreto de 9 de mayo de 1825, declaró que "aunque las cuatro provincias del Alto Perú,
han pertenecido siempre a este Estado, es la voluntad del congreso general
constituyente, que ellas queden en plena libertad para disponer de su suerte,
según crean convenir a sus intereses y a su felicidad", despejando el
camino a la independencia altoperuana. Y es que, me pregunto, cuán
compleja sería la situación organizacional del Alto Perú en esos momentos que al
final los argentinos desestimaron su participación. Por su parte, de acuerdo a
la Historia, Bolívar pensaba lógicamente que Alto Perú debía ser parte del Perú.
Una vez en La Paz, el Mariscal Sucre,
luego de pedir órdenes y después de entrevistarse varias veces con Casimiro
Olañeta, un importante abogado de
Charcas (luego hablaremos de este personaje), decide promulgar el Decreto del 9
de febrero de 1825, donde se convocaba a representantes de las provincias del
Alto Perú a una Asamblea Deliberante, para decidir el destino de estos
territorios, y para que sea libre la situación, se garantizaba la ausencia de
cualquier fuerza militar en el lugar donde se celebrara dicha asamblea: "Toda intervención de la fuerza armada en las
decisiones y resoluciones de la Asamblea, hará nulos los actos en que se mezcle
el poder militar: con este fin se procurará que los cuerpos del ejército estén distantes
de Oruro" (Art. 18 del decreto). La primera convocatoria fue para
reunirse en Oruro en abril de 1825, por temas climáticos y de presencia de españoles
en territorio altoperuano, se cambió a La Plata (Charcas) para el 10 de julio
de 1825.
Pues bien, luego de mucho trajín, balas y espadazos en Potosí, Cochabamba y Santa Cruz hasta lograr la caída del último soldado español, el 6 de agosto de 1825 reunidos los diputados en La Plata en la Sala Mayor o Aula Magna de la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca decidieron: ni para Buenos Aires ni para Lima, y proclamaron: una república libre, soberana e independiente.
Pese a que Bolívar, al conocer y
reclamar las acciones de Sucre en febrero de 1825 y luego del 6 de agosto de
1825, y ante la "presión" del embajador Olañeta, el 18 de mayo de 1826 firmó en Lima,
como Presidente del Perú, un decreto de reconocimiento de la independencia de
Bolivia por parte del Perú. Con ello se consolidó la República Bolívar
(hoy Bolivia): "Si de Rómulo, Roma; de Bolívar, Bolivia" (Manuel
Martín Cruz, Diputado por Potosí).
El Mariscal Sucre nombrado en
diciembre de 1825, a sus 30 años de edad, Primer Presidente de Bolivia, fue
quien le dio a nuestro país su primera Constitución Política en 1826; fue, además,
quien organizó las instituciones estatales (salud, educación, administración) y,
adoptó como sistema administrativo el modelo francés de los Departamentos en
enero de 1826, que en ese tiempo eran solo cinco, y quien, en resumen, trabajó
afanosamente en el gobierno hasta 1828, en adecuado apego a la ley promulgada
por su propia mano y llegando a tomar verdadero cariño por su creación.
Mientras eso pasaba, en las
sombras y pasillos, los políticos y militares peruanos y algunos bolivianos
conspiraban, siendo el cerebro de aquellas siniestras maquinaciones el ocurrente
doctor Casimiro Olañeta (otra vez este personaje!).
En diciembre de 1827, el batallón
colombiano Voltígeros se levantó en La Paz, pero el coronel Otto Felipe Braun
sometió prontamente a los sublevados. El
18 de abril de 1828 estalló otro motín, esta vez en La Plata, protagonizado por
los Granaderos de Colombia que vitoreaban al extranjero peruano Agustín
Gamarra, y cuando el Mariscal Sucre se encaminaba a caballo a sofocar el motín,
fue recibido con una descarga de fusilería que lo hirió en el brazo derecho,
aquél con el que había triunfado en Ayacucho. Sucre impedido de gobernar
encargó el gobierno a su jefe de gabinete, general José María Pérez de
Urdininea. La insurrección había sido alentada y preparada por Gamarra,
interesado en el desprestigio del Mariscal, fue el aviso para que este militar,
que no aceptaba la separación altoperuana, pasara con sus 6.000 soldados
el Desaguadero e invadiera nuestro territorio el 1 de mayo de 1828, con el
apoyo de tropas bolivianas conducidas por el servil primer militar traidor,
coronel Pedro Blanco, llegando hasta la ciudad de La Plata.
“Si las bayonetas enemigas,
continuando el uso del derecho bárbaro de la fuerza os obliga a traspasar
nuestros deberes, apelo en nombre de la Nación a los Estados de América por la
venganza; porque está en los intereses de todos destruir este derecho de
intervención que se ha arrogado el Perú, y que envolvería nuestro Continente en
eternas guerras y calamidades espantosas; apelo especialmente al Libertador,
aclamado por la República Padre y Protector de Bolivia, para que defendiéndola
de sus enemigos, la deje en libertad de reformar sus instituciones, si lo cree
necesario, cuando no haya absolutamente dentro del territorio ninguna fuerza
extranjera que cuarte su voluntad. Es por tan poderosas consideraciones, que
ante la Nación protesto solemnemente, que cualquier reforma hecha mientras las
tropas peruanas ocupen la República, es nula; y que todo ciudadano, cualquier
militar, los Tribunales y corporaciones están no sólo facultados para
desobedecerlas, sino para destruirlas y establecer el régimen constitucional,
contando para ello con el apoyo del Protector de la República.”
Luego de darse cuenta que los
descontentos capitalinos atentaron contra su vida con móviles mezcla de
desavenencias ideológicas y administrativas, celos y resentimientos, y en el
que estaban involucrados algunos ilustres como su "amigo" Olañeta y
Lemoine, decidió dejar el país. El atentado fallido dejó al Mariscal herido y convencido de que más
valía marcharse de ese antro de ingratitud.
“Me despido señores, de vosotros y de Bolivia, y no dudo que sea para
siempre.”
“Siguiendo los principios de un hombre recto, he observado que en
política no hay amistad ni odio, ni otros deberes que llenar, sino la dicha del
pueblo que se gobierna, la conservación de sus leyes, su independencia y su
libertad.”
Sucre estaba postrado en cama en
la hacienda Ñujcho, próxima a La Plata, convaleciente de su herida. El general
Pedro Blanco ordenó su apresamiento y firmó con el general Pérez de Urdininea,
que ya había sido nombrado Presidente interino y el invasor Gamarra, el
humillante Tratado de Piquiza el 6 de junio de 1828, que dispuso el retiro del
Ejército Grancolombiano, la renuncia de Sucre, la designación de un nuevo
mandatario, y reforma a la Constitución y el pago por gastos efectuados por
el ejército peruano. Ante tales acontecimientos, Sucre, aún enfermo, se
hizo presente ante el Congreso con el objeto de rendir cuentas de sus actos y
despedirse de Bolivia.
“No concluiré mi mensaje sin
pedir a la representación nacional un premio a mis servicios, que pequeños o
grandes, han dado existencia a Bolivia, y que lo merecerán por tanto. La
Constitución me hace inviolable: ninguna responsabilidad me cabe por los actos
de mi Gobierno Ruego, pues, que se me destituya de esta prerrogativa, y que se
examine escrupulosamente toda mi conducta.
Si hasta el 18 de abril se me justifica una sola infracción de la ley,
si las Cámaras constitucionales juzgan que hay lugar a formación de causa al
Ministerio volveré de Colombia a someterme al fallo de las leyes. Exijo este
premio con tanta más razón, cuanto que declaro solemnemente que en mi
administración, yo he gobernado: el bien o el mal, yo lo he hecho, pues por
fortuna la naturaleza me ha excluido de esos miserables seres que la casualidad
eleva a la magistratura, y que, entregados a sus Ministros, renuncian hasta la
obligación de pensar en los pueblos que dirigen.”
“Al despedirme, pido esta recompensa a los Representantes de la Nación;
y si, por respeto a la ley, la rehúsan al Presidente de Bolivia, que no la
nieguen a su gran ciudadano, que con tanta consagración ha servido, y que la
implora como la garantía que lo ponga a cubierto de las acusaciones con que la
malevolencia y la envidia querrían calumniarlo.”
“Aún pediré otro premio a la nación entera y a sus administradores: el de
no destruir la obra de mi creación: de conservar por entre todos los peligros
la Independencia de Bolivia; y de preferir todas las desgracias, y la muerte
misma de sus hijos, antes que perder la soberanía de la República que
proclamaron los pueblos, y que obtuvieron en recompensa de sus generosos
sacrificios en la revolución.”
El Gran Mariscal, decepcionado
por la ingratitud, la actitud de políticos osados y arribistas, las ambiciones
de militares y civiles mediocres, los insultos que recibía, haciendo honor a su
decisión de dejar la presidencia ese año, entregó el gobierno a un Consejo de
Ministros integrado por el general José Miguel de Velasco.
“De resto, señores, es suficiente remuneración de mis servicios
regresar a la tierra patria después de seis años de ausencia, sirviendo con
gloria a los amigos de Colombia; y aunque por resultado de instigaciones
extrañas llevo roto este brazo, que en Ayacucho terminó la guerra de la
Independencia americana y que destrozó las cadenas del Perú, y dio ser a
Bolivia; me conformo cuando en medio de las dificultades y difíciles circunstancias,
tengo mi conciencia libre de todo crimen.”
Pese a haber derramado su sangre por la independencia desde que era un adolescente de quince años, de haber derrotado al último Virrey de América en Ayacucho con sólo 29 años de edad, y al carácter vitalicio de la presidencia que ejercía, cuando se marchaba de la capital fue abucheado por la población, incidente en el cual, se cuenta, la Coronel Juana Azurduy de Padilla escupió en la cara a uno de los conspiradores, Casimiro Olañeta, para significar su disgusto con el trato que le daban.
“En el retiro de mi vida veré mis cicatrices; y nunca me arrepentiré de
llevarlas, cuando me recuerden que para formar a Bolivia
preferí el imperio de las leyes, a ser el tirano o el verdugo que llevará siempre
una espada pendiente sobre la cabeza de los ciudadanos.”
Se despidió de Bolivia mediante
un último mensaje el mismo día en que iniciaba su viaje hacia Chile, el 2 de
agosto de 1828, para luego tomar un barco ingles hasta Quito y luego morir asesinado por traidores dos años después en Berruecos.
Al pie del pergamino con los
fragmentos de este mensaje reza en manuscrito: "Premio al mejor alumno en lectura"..."Este premio se confirió al mejor alumno en
lectura"..sellos y firmas del profesor y director del Colegio La Salle
de Cochabamba. Bueno, resulta que dichos señores en algún momento de ese día
nos hicieron leer a algunos compañeros y a mí algún texto. Terminado el
procedimiento, de pronto a tres compañeros nos hicieron subir al curso
superior: al segundo de primaria!!!. Leímos y los alumnos "mayores"
también leyeron y horas después me estaba llevando a la carrera ese pergamino a
mi casa. Que es lo que leímos, un misterio. Tampoco supe de otro
"concurso" similar. Obviamente llegado a mi casa, me imagino que leí
el pergamino a mis padres en alguna posición y tono oficial, tal vez también lo
hice con mi abuela y creo que incluso, le leí el mismo en modo heraldo, a mi
tío José en su siguiente viaje de visita desde Oruro. El caso es que, de allí
nació mi afición a la lectura y lo bueno es que en mi casa nunca faltó un libro
para leer.
La presente entrega va como un
homenaje al 6 de agosto, día de la creación de nuestro país, también va para
Antonio José de Sucre, el verdadero creador y primer presidente, que supo
retirarse a tiempo y quien murió por el disparo cobarde y traidor de otros
generales que veían en él un líder incluso más poderoso que Bolívar. También va
mi homenaje a Julio, Juan y José (mi padre y mis tíos), quienes, cada cual a su
estilo, cultivaron en mi familia la necesidad de leer para saber y buscar en
los libros aquellas respuestas que nos esquivan en la cotidianeidad de la vida.
BIBLIO:
"La Fundación de Bolivia,
Documentos para su Historia", Augusto Villarroel Triveño, Editorial Los Amigos
del Libro, 1981.


Interesante y emotivo homenaje al País y a la familia. Saludos Inge.
ResponderEliminarGracias por el comentario. Es importante saber algunos detalles de nuestra historia para, precisamente, entender quienes somos y a donde podríamos llegar.
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