Sun Tzu fue un general, estratega militar y filósofo de la antigua China (722-481 AC). Tradicionalmente se le considera como el autor del libro “El Arte de la Guerra”, un influyente tratado sobre estrategia militar. Además de establecer aquellas acciones y preparativos que un General debe realizar para la guerra y, sobretodo, para vencerla, hace mucho hincapié que en que "El arte supremo de la guerra es vencer al enemigo sin luchar". El maestro Sun menciona que las mejores estrategias para ganar una guerra son: "el embuste, las medias verdades, las filtraciones intencionadas y el zigzagueante y escabroso camino de la indefinición y la vaguedad". En términos simples: engañar al enemigo para evitar grandes pérdidas de recursos humanos y materiales. Estas historias de engaños y embustes exitosos en todas las guerras hay muchas, y las más de las veces han marcado un hito que cambió el rumbo de la lucha. Una de las más famosas es el engaño aliado a las tropas alemanas acerca del sitio de desembarco en Francia en junio de 1944. Cayeron en Normandía, gracias a unos tanques y aviones inflables, los alemanes los esperaban en otro lugar, en Calais. De no ser por ese engaño, quizás otro rumbo hubiera tomado esa guerra mundial.
La Guerra del Chaco es el nombre del conflicto bélico ocurrido entre Paraguay y Bolivia librado entre el 15 de julio de 1932 y el 12 de junio de 1935 por el control del territorio del Chaco Boreal. Fue la guerra más importante en Sudamérica durante el siglo XX. En los tres años de duración, Bolivia movilizó a lo largo del conflicto a 250.000 soldados y Paraguay a 120.000, los que se enfrentaron en sangrientos combates en los que hubo gran cantidad de bajas (aproximadamente 60.000 bolivianos y 30.000 paraguayos) y gran cantidad de heridos, mutilados y desaparecidos.
El fortín Boquerón había caído en manos enemigas ese fatídico 29 de septiembre de 1932. Como inmortales espartanos 600 soldados bolivianos detuvieron por un mes a una fuerza de más de 5..000 soldados paraguayos. Ya en las últimas, vencidos por el hambre, la sed, las enfermedades y sin ninguna munición que disparar, entregaron el Fortín no sin antes haber regado con mucha sangre boliviana y paraguaya las candentes arenas que rodeaban tal objetivo.
Para este mes, adjunto un relato del historiador y amigo Omar Velasco Maldonado, como un homenaje a aquellos soldados valerosos que no solo enfrentaron al enemigo, sino también a la naturaleza adversa, al hambre y sed, y pese a muchísimos errores en los mandos superiores, pusieron el pecho a la bala, y murieron defendiendo un suelo que le llamaban Patria:
Boquerón se entregó tras 20 días de una defensa tenaz por parte de los 620 soldados bolivianos al mando del Teniente Coronel Manuel Marzana Oroza en contra de alrededor de 11.000 atacantes paraguayos. Pese al número y al embate diario, no pudieron doblegar la defensa boliviana por las armas, sino por el asedio, donde la infección, el hambre y la sed terminaron haciendo estragos en la humanidad de los poco más de 200 bolivianos sobrevivientes. Boquerón pasaba a la historia como la página de heroísmo más grande escrita en la Historia de Bolivia después de su caída el 29 de septiembre de 1932.
Si bien para el Paraguay, esta acción significó una victoria pírrica y sumamente costosa en vidas, para Bolivia fue un golpe moral muy fuerte. Aunque la conservación del Fortín no tenía relevancia estratégica de importancia en el teatro de las operaciones, el impacto moral en las tropas bolivianas y en el país entero fue muy fuerte. Desmoralizadas totalmente, las tropas bolivianas se desorganizaron y los mandos superiores realizaron ingentes esfuerzos y acciones para retomar el control.
Un episodio poco conocido de la guerra ocurrió en fortín Arce. Esta vez en un simple telefonema que tendría un efecto importante en el futuro: “CICE Muñoz, 12.9.32. hrs. 10.10 Cmdo. D.I.4, Arce: No obstante, reiteradas ocasiones esta mañana constátese nuevamente telefonista Arce quedado profundamente dormido sin escuchar llamadas urgentes hicieron durante una hora. Sírvase ordenar se organice respectivo relevo y aseguren permanente servicio. (Fdo) Quintanilla CICE “.
Dado este reclamo, el coronel Peña, comandante de la Cuarta División boliviana ordenó al coronel Enrique Peñaranda para que “designe un responsable jefe de telefonistas de Arce“ y, el coronel Peñaranda ordenó a su vez, que el soldado músico Jesús Arce Quinteros de la banda de música del Regimiento Loa 4 de Infantería, se haga cargo de la central telefónica del fortín Arce a partir de ese día.
Iniciaba el mes de octubre de 1932, con unos días de relativa calma después de la caída de Boquerón, el ejército paraguayo inició su marcha hacia el Fortín boliviano Arce cumpliendo la Orden de Operaciones N°3 del 16.9.32: ”Misión del cuerpo del ejército: apoderarse del fortín Boquerón, lo más rápido posible y marchar rápidamente sobre el fortín Arce”.
Y en esos aprestos, 9.200 soldados paraguayos acechaban a las fuerzas bolivianas que contaban, en ese momento, con un efectivo total de 1.987 combatientes acampados en el Fortín Arce. No quedaba otra que retirarse y reconcentrar las fuerzas en algún lugar más favorable.
En estos afanes, en el puesto de comunicación del fortín, el entonces telefonista designado unos días antes, soldado músico del regimiento Loa, Jesús Arce Quinteros, el día 21 de octubre notó una anormalidad en la señal de la línea telefónica que llegaba desde el fortín Fernández. Esa anormalidad se acentuaba y cambiaba con el murmullo de voces extrañas.
En la noche, a hrs. 20 del día 21, sonó la llamada desde fortín Platanillos, entablándose el siguiente dialogo:
- Aquí Pekín: habla el teniente Heliodoro Galindo, jefe de columna de transportes del Primer Cuerpo. Reciba telefonema para el coronel Peñaranda, y a continuación fue una transmisión en idioma quechua avisando la llegada de esa columna desde fortín Ballivian transportando munición, ametralladora, víveres, gasolina y repuestos para camiones. El telefonista hablando siempre en quechua informó al teniente Galindo de la situación del fortín y, luego de que una fugaz y corta idea le pasara por su cabeza, dio a conocer al teniente, en quechua, lo planeado. Continuaron la conversación en español: "..estamos concentrando el grueso en Fernández. El grueso de la reserva marcha Platanillos y Fernández donde haremos la contra ofensiva sobre Castillo - Lara - Yujra para copar a esas tropas paraguayas. Desde Madrid marchan columnas recién llegadas". Luego interrumpió el enlace telefónico simulando llevar el parte, pero permaneciendo en el teléfono interceptando el transmisor, se quedó escuchando el receptor y era notorio el murmullo o cuchicheo de una probable patrulla enemiga que interceptaba la línea telefónica y la llamada.
Después de algunos minutos como si se apersonase el coronel Peñaranda, imitando su voz, el telefonista Arce habló: "¡habla el Coronel Peñaranda¡ Como le va Galindo. Permanezca en Platanillos. El grueso de nuestra tropa ya se encuentran en Fernández y Muñoz marchan reservas vía Platanillos para iniciar nuestro ofensiva por la senda Fernández - Castillo, para operar al flanco y retaguardia enemiga: En la trampa que les armamos. Nada más Galindo, gracias, hasta luego".
Los paraguayos se la creyeron. Este engaño realizado por el telefonista de Arce, el soldado músico del regimiento Loa, salvó de un desastre al ejército boliviano. Con su ocurrencia de engañar al “telefonista escucha” paraguayo, logró desviar la atención a la retirada boliviana. El teniente paraguayo Pantaleón Aguirre, cayendo en la trampa y retransmitiendo lo captado al coronel Estigarribia (Comandante del Ejército paraguayo) logró perjudicar el alcanzar una gran victoria ante el ejército boliviano, que en esos momentos se encontraba en sus peores momentos. De no haber realizado esa falsa transmisión, los Regimientos paraguayos Itororó, Corrales, Curupayti o el regimiento Boquerón podrían haber corrido "pasando y pisando" por sobre los bolivianos en la misma picada Arce - Alihuatá y no habría dado tiempo al ejército boliviano de reorganizarse y ejecutar posteriormente los contragolpes de la heroica “Gesta de la Alihuatá” ni habría habido “Kilómetro Siete”. Y todo ese fracaso se lo deben los paraguayos... al “telefonista músico Arce”.
Esta artimaña fingiendo y emitiendo las voces de los coroneles Peña y Peñaranda, tuvo un resultado salvador para la Cuarta División Boliviana.
En los libros de historia paraguayos se relata que: “había un puesto de escucha sobre la picada Arce - Fernández controlando la línea telefónica de Arce con los fortines del oeste boliviano. Esa patrulla a cargo del teniente paraguayo Pantaleón Aguirre interceptó una serie de telefonemas y conversaciones entre los telefonistas de Arce, Fernández y patrulleros, los datos interceptados iban en partes escritos llevados con varias horas de retraso”.
Sobre esta imaginaria operación boliviana interceptada por la patrulla escucha del Tte. Pantaleón Aguirre, comentaba el mariscal Estigarribia en sus “Memorias”: “Debía de precaver también del lado del fortín Fernández, que dejábamos a nuestro flanco y por donde yo sabía que transitaban fuerzas bolivianas de gran importancia y en gran número... el engaño respecto a la dirección de nuestro refuerzo principal se había producido. Pero por la pobreza de nuestros medios de transporte no pudimos aprovechar esta magnífica oportunidad para emprender una acción de fondo que probablemente nos habría dado la posesión de Saavedra y de los otros fortines hacia Nanawa y más al Sud, nuestra persecución del enemigo, fue corta, a lo más 2Km”.
Este engaño paralizó el avance del ejército paraguayo en su totalidad y dando el tiempo necesario a las tropas bolivianas que se reorganizaran. Sin duda alguna, el resultado de la guerra, probablemente, se hubiese dado en seis meses, lo que finalmente llegó a producirse en tres años de guerra.
La retirada final inició a partir de las 18:00 horas del día 22 de octubre, mientras que la artillería enemiga mantenía su fuego continuo sobre el fortín. El coronel Enrique Peñaranda, comandante de la Cuarta División coordinaba la evacuación para lo que pedía camiones y los despachaba cargados con lo que hubiera. Ordenó al teniente Luis Reyes Peñaranda que con su sección de 30 jinetes del 5 de Infantería Lanza incendiara el fortín Arce a hrs. 20:00 cuando ya todos se hayan retirado.
Solamente quedaban en sus posiciones los Regimientos Loa y Campero bajo el mando del mayor Germán Jordán protegiendo la retirada del personal, el transporte de materiales, armas, municiones, víveres, carburantes, repuestos, etc, . Ellos debían retirarse después dirección al fortín Platanillos. Pero, la presencia de tropas del regimiento 1 Itororó de la Primera División paraguaya sobre el camino Arce – Fernández, hizo variar la dirección de retirada. A las 9 de la mañana del 23 de octubre cuando no quedaba ningún boliviano en el fortín, el destacamento del mayor Germán Jordán se reunió en la pista de aviación de Arce y emprendieron la retirada por la senda de la pista de Arce dirección Charata, hacia atrás el humo del quemado fortín se elevaba a los cielos.
A lo lejos, varios minutos después, el soldado músico Arce del Regimiento Loa 4 de Infantería, montado sobre un caballo, miraba hacia atrás y por última vez las columnas de humo que salían del fortín abandonado. Imperceptiblemente una mueca de sonrisa le hizo recordar su travesura de la noche anterior y luego, miró hacia adelante, hacia el cielo, pensando en aquellos miles de compañeros que pudo salvar en su puesto del deber.
El maestro Sun dice: Toda guerra se funda en el engaño....
a) En consecuencia, cuando seas capaz, finge incapacidad; cuando estés en actividad, inactividad.
b) Cuando estés cerca, haz que parezca que estás lejos; y cuando distante, que estás próximo.
c) Ofrece al enemigo un cebo que lo atraiga; finge desorden y atácalo.
d) Cuando el enemigo esté reunido, prepárate contra él; cuando sea poderoso, evítalo.
“Las sorpresas del destino ya sea de un hombre, de una multitud o de un pueblo, se presentan a veces en un billete de lotería o una comunicación” (David Zook). Citado en el Libro "La Guerra del Chaco. Acciones del Ejército Boliviano en Campaña" de Omar Velasco Maldonado.



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