jueves, 2 de julio de 2020

CURIMAYO Y TOPA, los Primeros Gobernadores de Cochabamba

En el año 1556 en el Asiento de Canata del Valle de Cochabamba, jurisdicción del Cabildo de la Villa de Oropeza (hoy Cochabamba), se registró un litigio entre el curaca de Paria (Oruro), don Hernando Asacalla y los indios Sipesipe por entonces habitantes de los valles de Cochabamba. El testimonio fue presentado por el escribano español don Pedro de Gálvez (escribano del cabildo de la Villa de Oropeza) y juzgado por los visitadores: Juan González, Francisco de Saavedra y Diego Núñez de Bazán.

El proceso judicial surgió a raíz del reparto de ciertas tierras a los encomenderos españoles Juan Polo de Ondegardo y Rodrigo de Orellana dejando de lado a los curacas de Paria (Oruro) que tenían asentamiento en el valle. El curaca de Paria expresaba su disconformidad con esta distribución basándose en los repartimientos de tierras o suyos que hiciera el Inca Huayna Capac al pasar por este sector del Collasuyu, años atrás en un viaje de inspección a todo su imperio llegando hasta el valle de Santiago de Chile. Pues bien, quién era ese tal Huayna Capac que conquistaba y distribuía las tierras?.

Durante miles de años, diríamos unos 13.000, la cordillera de los Andes albergó, en sucesión: clanes de cazadores, tribus de agricultores, comunidades agropastoriles y muchas culturas que en sucesivo turno intentaron poblar y dominar ese amplio y diverso territorio. Los Andes, es un conjunto de muchas montañas tan altas como de 7.000m y que encierran cientos de valles fértiles y un altiplano inmenso. La gran cantidad de energía que representa esa cordillera de 8.500Km de longitud doblega a todos quienes la visitan.

Pienso que la sucesión cultural de esos miles de años originó, en su conjunto, una Gran Civilización Andina y cuyos conocimientos de agricultura, ingeniería, arquitectura, religión fueron sucesivamente heredados entre tales grupos culturales. La culminación de tal desarrollo es, para mí, el Imperio Incaico o Imperio del Tahuantinsuyo (en quechua: Tawantin suyu, las cuatro regiones o territorios): Chinchasuyo al norte, Cuntisuyo al oeste, Collasuyo al sur y Antisuyo al este, todos en relación al Cuzco. A la llegada de los españoles en 1533 a las costas peruanas, el Incaico fue el imperio dominante en Sudamérica. 

Este imperio nació como consecuencia de exitosas estrategias políticas y militares adoptadas por un pequeño curacazgo asentado en el valle del Cuzco (Perú), el cual, en un lapso de aproximadamente 300 años su dominación territorial abarcó cerca de dos millones de kilómetros cuadrados entre el océano Pacífico al oeste y la selva amazónica al este, desde las cercanías de Pasto (Colombia) al norte hasta el río Maule (Chile) al sur.

El onceavo rey del Tahuantinsuyo (hijo de Túpac Yupanqui) se llamó Huayna Cápac (Mancebo Poderoso), ascendió al trono Incaico a sus 26 años y gobernó por espacio de 30 años aproximadamente. Este fue un Inca poderoso, sus hazañas de conquista son tan importantes como las de sus dos antepasados: Túpac Yupanqui y Pachacutec, conocidos como los forjadores del Imperio Incaico. 

Entre sus hazañas más notables se encuentra la expansión del Imperio en sus límites sur y oeste, Chile y Bolivia actual y respectivamente, llegando a duplicar lo conseguido por sus antepasados. Al sur del continente llegó con sus ejércitos hasta el mismo valle de Santiago y al oeste hasta el valle de Qochapampa (llanura de lagunas), hoy Cochabamba. En ambos sitios dejó mitimaes y una gobernación que se encargaría de los asuntos administrativos del Imperio en esas zonas.

Entre otras, dos fueron las estrategias más usadas por los Incas para someter tanto territorio en tan poco tiempo. La primera, y más obvia, la militar. La segunda, mas "pacifica", consistía en el traslado de grandes grupos humanos denominados mitimaes desde territorios leales a territorios recientemente conquistados que generaba, a su vez, el desplazamiento de grupos recién conquistados y no leales a otros territorios. Una vez asentados todos en sus sitios y puestos un par de gobernadores del territorio a la cabeza, iniciaban la producción agrícola del maíz, la papa etc. y, la ganadera de llamas, alpacas y vicuñas para sustento del Inca (la familia gobernante mas propiamente hablando) y del Imperio. Por su parte, la estrategia militar tuvo su base en la conformación de un ejército numeroso y aguerrido conformado, en principio, por los hombres de las primeras comunidades y curacazgos que vivían en los valles alrededor del Cuzco, para posteriormente reclutar guerreros de los nuevos territorios anexados. A parte de la gestión de mitimaes, la sujeción de los territorios se materializó con el uso de una tercera estrategia política, muy eficaz como antigua en Los Andes: la reciprocidad. Esta estrategia, muy usual entre las comunidades andinas ha perdurado hasta hoy. A través de esa reciprocidad se formó el Imperio porque era fuente de recursos, guerreros y mitimaes. (18/02/2024: aquí tengo un comentario a la luz de los cinco principales mecanismos de gobernabilidad y poder en las comunidades andinas: la reciprocidad, los mitimaes, la conquista militar, la dualidad y el feudalismo, lo veremos en detalle en otra entrada).

La jerarquía de mando del Tahuantinsuyo era muy rígida y vertical, pues el denominado Sapa Inca era quien tomaba las decisiones, secundado por los cuatro suyuyoc-apu (jefes de cada uno de los cuatro suyos) que residían en la capital Cuzco. Otros consejeros asesoraban al Sapa Inca en materia judicial, militar o religiosa, además de un grupo de funcionarios que, en su calidad de veedores generales del Incario, se desplazaban por todo el imperio informando al Sapa Inca de cuanto sucedía (todos en su mayoría de la misma familia real). 

Cada suyo estaba dividido en provincias o huamani, cuyos límites coincidían a menudo con las fronteras étnico-políticas preincaicas y eran encabezados por los apo o jefes. Las huamani se descomponían a su vez en sectores o sayas al frente de las cuales estaban los tocricoc o gobernadores. Por último, las sayas se constituían a partir de un número variable de ayllus, el núcleo social básico andino de unas 100 familias, donde la autoridad era ejercida por los curacas. Estos ayllus, poseían tierras comunales que eran trabajadas por todos sus integrantes. Las familias tenían, asimismo, una porción de tierra (tupu), para satisfacer sus necesidades. A partir del dominio incaico, los ayllus debieron cultivar tierras para el Sol y para el Inca.

El tucuiricuc, tucuyricuy ó tocricoc (en quechua: tucuy rikuq, "el que todo lo ve"), era un funcionario especial de alto rango. Era enviado por el Inca a las huamanis (provincias) para observar el cumplimiento de los mandatos imperiales. 

Alrededor del año 1510, casi 23 años antes de la llegada de los españoles al Perú, Huayna Capac, sus ejércitos y mitimaes, unos 20.000, llegaron al Valle de Qochapampa. En este lugar vivían asentadas y en paz algunas comunidades pertenecientes a la nación Charca, expandida en casi todo el suroeste del Collasuyo (hoy Bolivia). Como ellos eran tan buenos guerreros como agricultores, es posible que se hayan opuesto a la dominación incaica y, estoy seguro que hubieron algunas batallas por ahí para impedir la invasión cuzqueña. El hecho es que, al final, y rendidos al poder incaico, esas poblaciones cochabambinas de "buenos guerreros" fueron desplazadas de su territorio originario a los nuevos límites con los territorios de las tierras bajas, dominadas por las tribus selváticas de los chiriguanos, doscientos kilómetros más al oeste.

Con esta acción desapareció la población originaria del valle de Cochabamba, y se instaló la población mitimae traída del Altiplano, de Ecuador, de Perú y Chile (obviamente no existían esos países en esa época, solo  se mencionan para situar al lector en un espacio geográfico conocido).

El Repartimiento de las tierras de Cochabamba (en Bolivia), hecho por el Inca Huayna Capac a los indios mitimaes: canas, carangas, collas, quillacas, soras, y otros traídos a este fin, eran cuatro "chácaras" fértiles y bien regadas. Estas comprendían vastos terrenos de cultivo entre los ríos Condorcillo (hoy Rocha) y Vilaoma (Viloma), desde Puntiti (Sacaba) y Tapacarí. El Sapa Inca en persona hizo una detallada repartición de tierras entre los miembros de su séquito dejando a los 14.000 "mitimaes de muchas naciones de indios", agrupándolos por afinidad cultural para que trabajasen y beneficiasen las ricas tierras en provecho de la economía redistributiva del Imperio.

Volviendo al juicio de 1556, los jueces preguntaron a los testigos, curacas indios importantes que vivían en el valle, y ellos respondieron asi:
" ... Preguntados (los testigos) que antes que los indios soras entrasen a este valle y los charcas y tocpas y demás indios que al presente están en ellos, de qué indios estaban poblados estos valles: dijeron que de indios chuyas y cotas, de los que están ahora en Pocona .. ".
" ... Fueles preguntado que por qué el dicho Huayna Capac no dio algunas: tierras a los dichos chuyes y cotas, pues eran naturales; dijeron que por ser hombres buenos para la guerra los pasó allí (Pocona y Pojo) y no les dio tierras en estos valles ... ".
". . . Fueles preguntado que si los echó por guerra o de paz, o por qué causa; dijeron que los mandó que dejasen este valle y se pasasen a las fronteras de los indios chiriguanos, y así se fueron a Pocona y a Pocco". Esta última zona es la actual Pojo. Ambos al sudeste de Cochabamba y en los limites con la selva chiriguana.

"Y fueles preguntado si saben que para el efecto que no huviese descuido en lo susodicho y lo sembrasen y cogiesen al tiempo, y para que en lo que se cogía oviese rrecaudo y no se tomase ni hurtase cosa alguna de ello, tenia el Ynga puestos mayordomos yngas, en el dicho Valle, los cuales tenian cuidado de los susodicho, y de castigar aquien hazia lo contrario; digan lo que saben, por tener como tenia aquel Valle de Cochabamba por cosa propia suya".

El testigo indio Don Alfonso Tumire respondió: "vio que pa el efecto estaban puestos por Guayna capa eneste valle de Cochabamba dos yngas sus capitanes que se llamaban el uno Topa y el otro Curimayo y éstos tenian cuydado de todos los yndios mitimaes de las tierras y de sembrar  y coger y enviar el mayz al Cuzco y ahzer lo demas quel Ynga les enviaban mandar que siempre le venyan mensajeros del Ynga de los que avia de hazer y quell Ynga dezi queste valle de Cochabama era suyo todo y por suyo lo tenya".

Una vez establecido el reparto de las tierras de cultivo o "chácaras" en el nuevo territorio conquistado, dejó el Inca perfectamente organizado el funcionamiento de las nuevas comunidades, bajo dos tucuirícuc llamados: TOPA y CURIMAYO que tenían a su mando a otros curacas menores al mando de los ayllus mitimaes. A partir de esta época en el valle de Cochabamba comenzó a prosperar la agricultura con las técnicas incaicas de aterrazamiento, irrigación y el cuidado de la tierra. Se llenaron de maíz y papa las "kollcas" de Cotapachi (Quillacollo) y de allí se enviaba el producto hacia Paria (Oruro) en los rebaños de llamas de los Sipesipes, para después enviarlo al Cuzco y a otros tambos para su depósito. Con la producción del valle de Qochapampa y otros de la región, Paria, en Oruro, fue un centro importante dentro del Collasuyo. Allá se reunían y se repartían los productos y, en el gran tambo se concentraban los ejércitos a su paso hacia y desde el Cuzco, espectáculo deslumbrante si pensamos que el movimiento de tropas se contaba por miles.

Siguiendo la tradición andina de la dualidad en el liderazgo (Hanan y Urin), Topa y Curimayo fueron elegidos por el Inca de entre los hombres más sabios y justicieros de la nobleza cuzqueña. Aún cuando no era un cargo perpetuo ni hereditario, ellos se lo tomaron con la seriedad que el caso ameritaba.

En el valle de Qochapampa, hubo muchas villas de mitimaes (la mayoría ubicadas al oeste y norte de la actual ubicación de la ciudad de Cochabamba). Pero la villa incaica propiamente tal, probablemente se asentó en la zona de Incacollo (cerro del Inca), un barrio al Este y en las huertas de Cala Cala al norte de la actual ciudad. Quizás, allí tendrían sus palacios y viviendas para cuando llegaran de inspección. Allí también vivía todo el ejercito administrativo incaico encargado de administrar el valle. Por turnos, Topa y Curimayo, viajaban periódicamente por todo el territorio y se presentaban en forma sorpresiva por cualquier lugar, observándolo todo tranquilamente y enviando los informes correspondientes al Cuzco. Una vez en el lugar mostraban el hilo de la mascapaicha (la borla imperial) que el Inca les había entregado como señal de la gran autoridad que les daba.

Según las responsabilidades propias de cada parcialidad Hanan y Urin, igual que en todo el Imperio, Topa y Curimayo como gobernadores del valle de Qochapampa, tendrían las siguientes responsabilidades:
  • Supervisar la labor de los funcionarios que tenían a su cargo las divisiones administrativas, es decir a los huno-camayocs (jefe de diez mil familias), huaranga-camayocs (jefe de mil familias), pachaca-camayocs (jefe de cien familias) y chunca-camayocs (jefe de diez familias), en lo concerniente al cumplimiento de las ordenanzas religiosas y del Inca.
  • Administrar, en la provincia, el movimiento de los mitimaes, la distribución gratuita de tierras al pueblo (hatunrunas). 
  • Controlar la producción agrícola y las necesidades generales del Imperio y de los ayllus.
  • Vigilar el aprovisionamiento de los tambos, el reclutamiento de hombres para la guerra, la selección de mujeres para los acllahuasis (casa de las elegidas).
  • Recoger los tributos para remitirlos al Cuzco.
  • Asumir el papel de juez (taripa-camayoc), atendiendo quejas y demandas, e imponiendo penas. Podían incluso aplicar la pena de muerte en casos especiales.
  • Adoptar el papel de autoridad casamentera o “repartidor de mujeres” (huarmicocoq), es decir, celebrar los matrimonios.
  • Visitar las obras públicas: caminos, tambos, collcas, templos, puentes y recomendaba las medidas pertinentes para determinados trabajos.
  • En situaciones graves, como guerras y rebeliones, destituir al curaca y asumir el mando.
  • Al regresar al Cuzco presentar al Inca un minucioso informe.

Es de imaginarse que durante los casi 15 años después que duró el reinado del gran Huayna Capac al mando del Imperio Inca, Topa y Curimayo gobernaron diligentemente el valle de Qochapampa, ya que en ese periodo la producción enviada al Cuzco sirvió para la guerra contra los rebeldes Pastos del Norte del Imperio en la zona de Ecuador. La producción de maíz siguió enviándose hasta la muerte por viruela del Inca e incluso más allá, pese al cisma producido por las guerras entre sus hijos Huáscar y Atahualpa. 

Después de Huayna Capac, nunca más ningún Inca visitó este valle. Ya después de la conquista española, y mientras llegaban los primeros pobladores ibéricos en 1548, la mayoría de los mitimaes de Qochapampa habían retornado a sus lugares de origen y sólo quedaron aquellos que estaban registrados en las encomiendas de Juan Polo de Ondegardo y Rodrigo de Orellana. La producción de maíz continuó para, esta vez, alimentar al régimen colonial español.

Y qué pasó con las edificaciones y villas incas de Cochabamba?, cedieron su paso a la urbanización y hoy solo queda un recuerdo descrito en la memoria de los historiadores.

Referencias:
1.- "EL ORIGEN DE LA NOBLE VILLA DE OROPESA - LA FUNDACION DE COCHABAMBA EN 1571 POR GERONIMO OSORIO, José Macedonio Urquidi, Cochabamba, 1970.
2.- "REPARTIMIENTO DE TIERRAS POR EL INCA HUAYNA CAPAC (TESTIMONIO DE UN DOCUMENTO DE 1556)", Adolfo de Morales (Director, Archivo Histórico Municipal de Cochabamba), Ricardo Céspedes Paz., Geraldine B. de Caballero (Directora del Departamento de Arqueología), Adolfo de Morales, Departamento de Arqueología, UNIVERSIDAD MAYOR DE SAN SIMON, Cochabamba, Mayo de 1977.
3.- "YO SOY EL PRIMER POBLADOR QUE ENTRO EN ESTE VALLE - Garci Ruiz de Orellana - Origenes de la Villa de Oropesa del valle de Cochabamba 1548-1593", Rolando A. Balderrama Román, Grupo Editorial Quipus, abril 2016.
4.- http://www7.uc.cl/sw_educ/historia/conquista/parte1/html/h72.html

domingo, 28 de junio de 2020

EL REINO DE LA NOCHE


El Reino de la Noche (The Night Land), es una novela de terror y fantasía escrita por William Hope Hodgson en 1912, dicen que es una de las obras más importantes de la primera época de ese género en los inicios del Siglo XX. La historia narra un futuro apocalíptico de nuestro planeta: ..."donde el sol ya se ha extinguido y los pocos seres humanos cuerdos que han logrado sobrevivir se han refugiado en una gran pirámide", la cual es constantemente atacada por seres demoníacos y monstruosos que buscan la destrucción total de la humanidad.. en el planeta reina, por fin y después de millones de años, la Oscuridad.

Desde el inicio de los tiempos, Noche y Día, Oscuridad y Luz forman parte de nuestro mundo. Nuestras vidas transcurren en ese ciclo eterno. Si bien ahora sabemos que la Noche es el periodo durante el cual una parte de la Tierra, por acción de la rotación, deja de recibir la luz solar y, por ende, permanece en oscuridad, en la antigüedad obviamente no se creía esto. Mucho antes que los dioses se pusieran a la tarea de crear el mundo, solo había Tinieblas y Oscuridad: "En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra no tenía entonces ninguna forma; todo era un mar profundo cubierto de oscuridad, y el espíritu de Dios se movía sobre el agua. Entonces Dios dijo: «¡Que haya luz!». Y hubo luz. Al ver Dios que la luz era buena, la separó de la oscuridad" (Génesis 1:1-2:3).

Según los egipcios: "...en el Principio del Tiempo tan sólo existían inmensas masas de aguas turbias cubiertas por absolutas tinieblas, una Oscuridad que no era la Noche, pues ésta no había sido creada todavía, era el océano infinito conocido por los egipcios como el océano primordial Nun, que contenía todos los elementos del cosmos El espíritu del mundo se hallaba disperso en un caos inmenso, hasta que, tomando conciencia se llamó a sí mismo; así nació el dios Ra, el dios del Sol". (Mito Heliopolitano de la Creación, George Hart, "Mitos Egipcios", Google Books).

Para los Incas de los Andes, según Juan de Betanzos (1550): "...en los tiempos antiguos, dicen ser la tierra é provincia del Perú escura, y que en ella no habia lumbre ni dia. Que habia en este tiempocierta gente en ella, la cual gente tenia cierto Señor que la mandaba yá quien ella era subjeta. Del nombre desta gente y del Señor que lamandaba no se acuerdan. Y en estos tiempos que esta tierra era todanoche, dicen que salió de una laguna que es en esta tierra del Perú enla provincia que dicen de Collasuyo, un Señor que llamaron Con TiciViracocha..... Y como este hubiese salido desta laguna,fuése de allí á un sitio ques junto á esta laguna,...luego allí en improviso dicenque hizo el sol y el dia, y que al sol mandó que anduviese por el cursoque anda; y luego dicen que hizo las estrellas y la luna".

En Centroamérica, un mito de la cultura azteca indica que en el principio, todo era oscuro. Los dioses se reunieron en Teotihuacán planteándose la cuestión de quién tendría la carga de crear al mundo, para lo cual uno de ellos se tendría que arrojar a una hoguera: “Se dice que cuando todo estaba en oscuridad, cuando no había sol que iluminara el amanecer ni el atardecer, los dioses convocaron una reunión entre ellos en Teotihuacán. Ahí preguntaron: ¡Dioses, vengan aquí!, ¿quién ha de llevar la carga?, ¿quién tomará sobre sí mismo el peso de ser el sol y traer el amanecer?". Dos de ellos fueron seleccionados como víctimas para tal fin. Aunque el más fuerte y vigoroso, al momento de lanzarse a la hoguera, retrocede ante el fuego; por lo que el segundo, un pequeño dios, humilde y pobre, se lanza sin vacilar al fuego, convirtiéndose en el Sol. (Taube, Karl (2003). British Museum, ed. Aztec and Mayan Myths. University of Texas)

Posiblemente, el primer miedo que tuvieron que enfrentar nuestros antepasados fue a la oscuridad de la Noche fría o a la inmensidad del mar oscuro. Al no tener explicación, su cosmovisión permitió entregar el poder sobre ella a los dioses. Es por tal Oscuridad que era necesario buscar guarida, y allí, reunidos en la húmeda cueva, el clan tendría que guarnecerse esperando los primeros rayos de luz del día siguiente. En esas épocas, Noche y Oscuridad eran lo mismo. Es que en la oscuridad de esas noches los cazadores no podían desplazarse libremente, además del peligro que representaban los animales salvajes que deambulaban en busca de alimento. Tener que soportar el frío y especialmente, tener que huir de las acechadoras sombras. Con el descubrimiento del fuego, la noche empezó a ser más amigable, si esta fuera la palabra. Al menos tendrían algo de luz para ahuyentar a las sombras y tener calor dentro la cueva. Desde entonces, las noches fueron parte de la vida. Pero en lo más profundo, en la Oscuridad, seguían rondando las sombras. 

Vi una película hace mucho tiempo, donde uno de los personajes preguntaba qué es la Oscuridad. "La falta de Luz" fue la respuesta. Pero, realmente, ¿qué es lo que hoy vemos en la Noche oscura? ¿la falta de Luz? o ¿las sombras que se ocultan tras de ella?.

Esto me recordó que cuando era adolescente, asistía con mucha responsabilidad junto a mis amigos de toda la vida a una tropa scout. Éramos los mayores de la tropa, por lo que estábamos encargados de la guardia nocturna de los campamentos. Desde las 23:00 hasta las 5:30, cada noche de acampada. Allí apostados en diferentes puntos y en medio del bosque oscuro que circundaba el campo, debíamos encargarnos de la vigilia. Por supuesto, la noche nos traía sus sombras y las historias al día siguiente sólo hablaban de ellas, sobretodo cual sombra nos había mantenido temblando acurrucados en una piedra o un árbol. Luego de muchas noches descubrimos algo, si antes del anochecer recorríamos en conjunto todo el perímetro y aprendíamos la ubicación de tal o cual árbol, tronco, roca, etc., los miedos durante la vigilia disminuían. Pero siempre había algo, en medio del follaje se desplazaba silencioso y apenas cortando la luz de la luna por un instante, nos hacía erizar el pelo.

Durante miles de años, hasta que no se comprendiera el concepto físico de la Noche, ambas, Oscuridad y Noche andaban juntas. Hasta tenían sus propias deidades, a las cuales cada quien pedía protección. Llenas de tradiciones y leyendas, ambas ocuparon un largo periodo de tiempo en todas las culturas a lo ancho y largo del planeta. Una vez alcanzado cierto desarrollo intelectual, la Noche pasó a ser un efecto físico así como el Día. Entonces solo quedaba enfrentar a la Oscuridad. La Oscuridad es justa y precisamente la ausencia de luz ante nuestros ojos. 

Hagamos un experimento mirando la foto siguiente, vemos oscuridad, pero, no es de noche. La oscuridad que inunda ese lugar, avanza apagando cualquier vestigio de luz en cada uno de los rincones. Vemos algunos lugares todavía con luz e instintivamente la buscamos, para poder percibir el espacio, como quien huye de la oscuridad. Escudriñando en lo más profundo vemos algunas sombras por ahí. ("Oscuridad en el interior del castillo de Vlotho (Alemania)".CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=268941).


Entonces, en la Noche, cuando la Oscuridad lo cubra todo, ¿qué es lo que queda?. La Oscuridad de la Noche, siempre ha sido para todos nosotros el sitio donde se esconde el Mal, el espacio y tiempo donde deambulan y rondan los demonios. Los dioses se fueron, ya no hay animales salvajes en nuestras noches, pero los demonios han ocupado su lugar. Jehová dijo a Moisés: “Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tanto que cualquiera las palpe. Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, por tres días. Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones." (Éxodo 10:21-29). Entonces, ¿realmente vemos sombras en la Noche?, o es nuestra Oscuridad la que trae a los demonios, demonios que debemos enfrentar.

En este momento el Miedo, entra al escenario. Es un sentimiento natural, dicen algunos, es parte del instinto de supervivencia, dicen otros. Pero, hoy, conociendo sus definiciones, ¿podemos deshacernos de él? Creo que es apropiado y oportuno el siguiente relato: "Ya sean reales o imaginarios, del pasado, del presente o del futuro, internos o externos, tus demonios personales pueden atraparte. En ese sentido, todos los demonios son reales, porque sus efectos también lo son. El núcleo es el miedo, a veces miedo de la cosa, a veces miedo del propio miedo.Y cuando tenemos miedo, nos sentimos impotentes, carentes de recursos y completamente paralizados. Como si algo absorbiera nuestro poder personal y lo situase en el marco aquello que tememos".(https://terapiaycrecimientopersonal.com/como-enfrentarte-tus-demonios-personales).

Robert Muchembled en su libro Historia del Diablo. Siglos XII-XX, indica: "En términos históricos, el peso de la culpabilidad personal aumentó considerablemente para los cristianos más conscientes... Al seguir su huella en la representación imaginaria, es posible ver afirmarse un mito mucho más amplio que la forma religiosa y moral que lo promovió: el de la responsabilidad total del individuo. La imagen de un Dios terrible, interesado en cada acción del ser humano, tenía como contrapunto a un demonio de un extraordinario poder que seguía paso a paso su prueba. Este Mecanismo de personalización y de interiorización del pecado fue el fundamento mismo de la modernización de Occidente". Entonces, internos y externos, todos nuestros demonios son una proyección de nuestra propia Oscuridad. Consecuentemente, es posible que la Oscuridad en la noche de la época de las cavernas, con el tiempo fue desplazada con luz, de alguna forma se abrió paso hacia nuestro espíritu. Y así como la fotografía anterior, ésta es capaz de invadir cada rincón de nosotros. Una vez en ella los demonios nos muestran un camino, el cual los humanos fuimos y somos capaces de seguir hacia lo más profundo del Reino Oscuro. El Miedo parece ser la puerta de entrada. En contraposición, la Luz, que es parte indisoluble de aquella, permanece ahí esperando ser nuestra guía. 

Pero, no nos fatiguemos, todavía no llegará el Reinado de la Noche en tanto exista Luz en nuestro espíritu y podamos comprender que: "La diferencia entre la Oscuridad y la Luz radica sólo en tu actitud, si puedes otorgar dentro de tus deseos o no. A eso se le llama Luz Espiritual. Para alcanzarla, la Luz Circundante tiene que venir a corregir tu percepción, tus pensamientos, tu actitud y tus definiciones de bien y mal, así como lo que es la Luz y la Oscuridad, el día y la noche. En la espiritualidad, todo se mide en relación a la fuerza de otorgamiento". https://laitman.es/2009/12/el-significado-espiritual-de-luz-y-oscuridad/ (Extracto de la lección sobre El Libro Zóhar, correspondiente al 23 de diciembre 2009.).

Finalmente, Miedo y Oscuridad, dos demonios poderosos, permanecen ahí acechándonos esperando una duda, un titubeo para encaminarnos a lo mas profundo del Reino de la Noche del cual no hay retorno.

(Con la revisión de la profe Cami Heredia).

jueves, 26 de marzo de 2020

LOS CUATRO ELEMENTOS DE LA NATURALEZA

Cuando el equilibrio de la interacción Hombre-Naturaleza se altera, ocurren catástrofes que llevan a cualquiera de las dos partes hacia el límite de su existencia. Durante toda la historia de nuestra Humanidad, esta lucha permanente sobre la hegemonía el uno sobre el otro, ha provocado muchísimos desastres, muertes y destrucción. El tiempo en el que vivimos hoy, se ha desatado otro desequilibrio en esa interacción, la que nos puede llevar, una vez más, a los límites de nuestra existencia. Pero en esta oportunidad, ese no es el tema principal, sino la construcción de la interacción entre esas dos fuerzas: Hombre y Naturaleza.

Terminada la última glaciación hace miles de años, la humanidad empezó a desarrollarse y a expandirse por todo el planeta. Con campo libre, cerebro desarrollado y un par de buenas piernas, en algunos milenios pasó de ser un simple recolector cazador habitante de cuevas húmedas y oscuras, a dominar el fuego y luego de un boom intelectual, dar finalmente el gran paso a agricultor. La agricultura le aseguraba sustento en casi cualquier parte del planeta, permitiendo encaminarse posteriormente al desarrollo cultural, religioso, filosófico y militar. La conquista del planeta y de la Naturaleza fue una carrera de no acabar. Y, gracias a todo eso, estamos aquí.

En esos miles de años desde la primera semilla sembrada (8.000 A.C.), el conocimiento de la naturaleza estaba orientado, primero, a intentar comprender los ciclos de día y de noche, a la oscuridad, a la lluvia, el trueno, el relámpago, al viento, la estrellas, etc. Pero no había mucho tiempo para pensar, puesto que había que sobrevivir. Entonces, todo eso se convirtió en deidades a quienes había que rogar por protección de esas fuerzas. En esos años, la relación Hombre-Naturaleza sólo era en un sentido: la naturaleza respondería en tanto los ruegos y alabanzas sean adecuados. Bueno, tampoco éramos muchos para hacerle frente.

Después llegaron los asentamientos (villas, pueblos, pequeñas ciudades) como la ciudad de Jericó en 7.000 AC. Casi por el año 5.000AC se desarrollaron las ciudades importantes, que seguidamente se convirtieron en estados, luego en imperios. Las deidades primitivas, entonces, tomaron apariencia humana y los elementos de la Naturaleza, a su servicio, fueron herramientas de sojuzgamiento de la Humanidad. Solo esos dioses tenían el poder sobre la Naturaleza. Miles de años pasaron y la relación seguía siendo en un sentido, había que agradar a los dioses para que las fuerzas de la Naturaleza nos dejen en paz. 

Pasaron los años y, con el crecimiento de la población, la diversificación de los oficios y habilidades; una vez asegurada la alimentación y todo un mundo abierto para ser recorrido, dentro de estas ciudades empezó otro tipo actividad: el comercio.

Luego del comercio y los viajes, no tardó en llegar la búsqueda del conocimiento. La necesidad de cuestionarse, del conocer el entorno, de conocer la Naturaleza, la búsqueda del Yo, etc., y desarrollar pensamientos que buscaban explicar lo que sucedía desde una óptica no religiosa, es decir sin dioses. Este pensamiento también buscaba entender la relación del Hombre con la Naturaleza y, principalmente, proponer que esta relación nada tenía que ver con dioses ni seres a los que había que rendir culto, sino que era una relación directa de ambos sentidos, por cuanto la existencia de ambos dependía mutuamente. La evolución de este pensamiento, a lo largo de los siglos, se convirtió en la Filosofía o "Amor a la Sabiduría", la cual apareció allá por el siglo VII AC, en Grecia.

Lo que pasó en el mundo a partir de ese siglo fue muy interesante, como siempre ha habido comercio y comunicación entre todas las regiones del mundo, los barcos y caravanas de comerciantes no solo llevaban productos de intercambio a todos los rincones del planeta, sino también empezaron a llevar las ideas y el conocimiento. Estas ideas nacían en un lado y luego iban y venían, se comentaban, se discutían, se enseñaban y se sembraban en las mentes de los hombres de todas las regiones. De pronto, entre los siglos VI y IV AC, aparecieron doctrinas filosófico-religiosas en muchas regiones como el Budismo, el Taoísmo, y el Hinduismo. Y en todas, de alguna forma, se creía que la Naturaleza se expresaba a través de Cuatro Elementos (cinco en algunos casos): Aire, Agua, Fuego y Tierra, nótese la ausencia divina. Y que el mundo material, donde nosotros vivimos, se construía a base de aquellos y sus distintas combinaciones. Cualquier desequilibro en ellos producía efectos en el sistema de vida del Hombre. Efectos relacionados, obviamente, con inundaciones, incendios, terremotos, tempestades, huracanes, plagas, epidemias, enfermedades, muerte, etc.

En Grecia, el filósofo Tales de Mileto propuso que el principio de todas las cosas era el Agua. Después Anaxímenes consideró que el principio de todas las cosas era el Aire, Heráclito creyó que el Fuego era el principio (solo se mantiene consumiendo y destruyendo, y constantemente cambia de materia). Jenófanes consideró que lo seco (tierra) y lo húmedo (agua) que es principio y fin de todas las cosas. Para Aristóteles el Fuego, la Tierra, el Agua y el Aire eran terrenales y corruptibles, y que las estrellas no podían estar hechas de ninguno de estos elementos, sino de uno diferente, incambiable, hecho de una substancia celestial y pura, denominada el éter.

En esos siglos, por el Oriente Medio, apareció una religión con un Dios Todopoderoso. Como no podía ser, los patriarcas de esa religión consideraron que esos cuatro Elementos de la Naturaleza, que tanto se hablaban en otros pueblos, debían provenir de Dios y ser dominados por Él. Con tales creencias se escribió la Tanaj Hebrea y, luego de algunos retoques y muchos años después, el Antiguo Testamento Católico. Entonces, estos Cuatro Elementos, ¿se encuentran en esos libros?... claro que sí. 

El Libro del Génesis (Antiguo Testamento) dice: "... un río salía del Edén para regar el Jardín, y desde allí se dividía, y se convertía en cuatro cabezas, llamadas: río Pisón, que se dice, rodeó toda la tierra de Havila (Arabia); el río Gihón, que habría rodeado toda la tierra de Cus (Etiopía); el río Hidekel (río Tigris); que iría al oriente de Asiria; y el río Eufrates...". Según la tradición judeocristiana, en el Jardín del Edén existía un río que lo alimentaba (Dios alimentador y creador) y a la salida del jardín, este río se dividía en cuatro brazos (cuatro elementos) cada cual alimentaría otras regiones conocidas en esa época. Indagando en la noche de los tiempos, estas regiones estarían relacionadas con el Fuego, el Aire, el Agua y la Tierra, podría apostar. A partir de la creación de Dios, que es la Naturaleza representada por el Jardín, sus cuatro elementos esenciales se envían al mundo exterior. 

Continuando esos relatos del libro del Génesis. El Hombre que vivía en armonía con la Naturaleza creada por Dios, fue expulsado del Paraíso, que está protegido por un Ángel con una espada de Fuego, por una desobediencia poco clara en conjunción con la Serpiente (La Tierra). Durante muchos años, después de ser expulsados del Jardín, la humanidad hizo ciudades, pero nuevamente se alejó de Dios. Dios enojado provocó el Diluvio Universal (Agua) y limpió el mundo de toda inmundicia,  después de eso una nueva Alianza Hombre-Dios (Naturaleza) fue pactada. Pasaron los años y nuevamente, el Hombre se alejó de Dios y, tal pecado, pagaron con Fuego las ciudades de Sodoma y Gomorra. Una vez encaminado el Hombre, y para asegurar su obediencia, se manifiesta el poder de Dios (Aire) en la destrucción de las Murallas de Jericó.

Entonces, el elemento Fuego es la purificación y máximo poder de Dios, el Agua es la limpieza y el renacimiento, una entrada al mundo el bien (¿Se acuerdan del Arco Iris al final del Diluvio?), el elemento Aire es el elemento de vida donde se encuentra Dios y su poder, y la Tierra es una extensión del Pueblo de Dios, cuando se venza a la Serpiente, la tierra será la recompensa.

Seguimos con el Antiguo Testamento. Años después, muchos años, encontramos al Patriarca Moisés (salvado de las aguas). Se encuentra con Dios a través de una zarza ardiente (Fuego), el poder de Dios. El vuelo nocturno del un Ángel de la Muerte, enviado por Dios, sobre la ciudad de los Faraones, a través del Aire: la presencia de Dios. Los judíos, en su salida de Egipto se encuentran con el Agua (el Mar Rojo), y a través del Aire (vientos fuertes) se domina al Agua, y empieza la salida de Egipto (la Tierra del Mal) y la entrada al mundo del Bien: la Tierra Prometida. Una vez que en este éxodo sea vencido el mal y el pecado (la Serpiente), el pueblo de Dios heredará la Tierra Prometida.

Avancemos en el tiempo. Hace un poco más de 2.000 años, un Hombre entregó un mensaje al Mundo. A partir de éste hecho, Dios se manifestó con sus Cuatro Elementos nuevamente. El Bautismo -Agua-  como purificación y limpieza del Espíritu. Ese Hombre es sacrificado y tiembla la Tierra (terremotos), luego de vencer su encierro en esa Tierra (Serpiente/Satanás), es ascendido a los cielos -Aire- por la mano de Dios. Días después aparece el Fuego, como el poder de Dios entregado a los hijos de Dios (Pentecostés).

Por donde miremos, el aire para respirar, el agua para beber, el fuego para calentarse y la tierra para comer, nos acompaña desde las cavernas. Si alguna de esas cuatro cosas falta, el equilibrio se rompe dando lugar a la muerte. En la Edad Media, se recoge el pensamiento aristotélico, y son los alquimistas los que nos hablan de los cuatro elementos: el Fuego con el Oro, el Aire con la Plata, el Agua con el Mercurio y la Tierra con el Plomo.

Como quiera que hayamos desarrollado nuestra cultura hasta nuestros días, los Cuatro elementos de la Naturaleza, fuerzas independientes o fuerzas originadas por Dios, han estado acompañándonos. Un desequilibro en esas fuerzas y se desencadenan las peores catástrofes: incendios, inundaciones, terremotos, huracanes, epidemias, pestes, muerte. Es posible que el hombre antiguo no las entendía, y por ello creaba dioses que tenían el poder de contenerlos. Hoy nuestro conocimiento significa, usualmente, que perdemos el respeto a la Naturaleza , poniendo en peligro el equilibrio nuevamente. Sabemos que dependemos de ella pero igual deseamos someterla. 

Actualmente hemos podido descifrar el código genético humano, tenemos cura para casi todas las enfermedades, la esperanza de vida aumenta cada año, vamos sin temor rumbo a las estrellas, aquellas que el primer hombre miraba con temor en la oscuridad de la noche hace miles de años, y sin embargo, todavía no hemos podido dominar los Cuatro Elementos de la Naturaleza y vivimos en un débil equilibrio con ella. Aquella que nos recuerda cada vez que nuestras acciones van en contra de esa antigua alianza.

Finalmente, ¿qué es la Naturaleza? Pues, somos nosotros, porque nacimos de ella, vivimos con ella y morimos en ella:
...En quien un mapa se dibuja atento,
Pues el cuerpo es la tierra,
El fuego, el alma que en el pecho encierra,
La espuma el mar, y el aire es el suspiro,
En cuya confusión un caos admiro;
Pues en el alma, espuma, cuerpo, aliento,
Monstruo es de fuego, tierra, mar y viento... 
"La vida es sueño", Jornada III, Escena IX. Pedro Calderón de la Barca, 1673.


También ver: http://lanuevasenda.com.ar/elementos-de-la-naturaleza-y-su-significado


viernes, 20 de marzo de 2020

LA TIERRA DE LOS CANAS




Hace muchísimos años, casi 13.000, que el Clan de la Piedra Roja pasó por este inmenso valle enclavado entre las montañas de Los Andes. Le llamaron el Valle del Amanecer y se lo llevaron en sus recuerdos para cuando tuvieron que partir siguiendo las manadas de caza hacia el sur.

Seguramente hasta que el último miembro del Clan se unió a sus dioses, allá por las pampas del sur del continente, los ancianos cantaban en las noches de fogata la venturosa vida que habían llevado en este lugar y recordaban también a su líder Semeel-Jak, quien había sido el primer hombre en pisar el valle y quien los había conducido hacia ese lugar.

Después del Clan de la Piedra Roja, seguramente pasaron muchos clanes de cazadores por el valle. Pero no existe registro ni historia de ellos. Pasaron los años, y el valle continuó alimentado a quienes se asentaban en él hasta su hora de partir siguiendo las manadas, siempre hacia el sur.

Cuando pasó la última glaciación, la Revolución Neolítica iniciada en tierras lejanas fue el motor que movió a nuestros antepasados desde las cavernas hacia la civilización, a la conquista del planeta y, finalmente, al camino hacia las estrellas. En nuestro continente americano, es posible que hayan sido dos las incursiones de población que arrastraron consigo esa revolución: la primera por Bering, al norte, la más importante, antigua y la más conocida. Oleadas de grupos humanos, aprovechando el paso de hielo, llegaron al continente Americano en busca de nuevas tierras de caza. Desde hace 30.000 años se generó periódicamente el ingreso de todos los clanes cazadores que recorrieron el continente de norte a sur, ¿y por qué no? algunos pasarían por nuestro Valle del Amanecer.

Al parecer hubieron otras incursiones al continente. Aquellas que, aprovechando las corrientes  marinas desde el Oeste (hablemos de Asia), pudieron embarcarse por el gran mar hasta llegar a las costas de Sudamérica. En esas costas formaron nuevos asentamientos e incluso mantuvieron, porque no, algún circuito comercial de ida y vuelta con ese lejano continente (Ibarra Grasso, 1979). A partir de esos grupos es que –pienso- se inició la verdadera revolución neolítica en Sudamérica, fijando su centro de difusión cultural inicial en la costa para posteriormente subir hacia la sierra andina y de allí al altiplano y a las tierras bajas del otro lado.

Primero llegaron los cazadores como los del Clan de la Piedra Roja y, después de ellos, otros que portaban nuevos conocimientos. A partir de los más antiguos asentamientos conocidos en la costa oeste sudamericana, como la Cultura Valdivia en Ecuador (4.400 AC) y la civilización de Caral (3.000AC) en el Perú, es probable que aquellos clanes de cazadores que llegaron con las primeras oleadas antes del 4.000AC, fueran desplazados o absorbidos por estos nuevos grupos de migrantes que llevaban consigo algo "mágico" que transformaría su mundo: agricultura, alfarería, metalurgia, etc.

Es así que, un día cualquiera, hace algunos miles de años atrás, es posible que después de la temporada de lluvias y justo antes del invierno, llegó al Valle del Amanecer un extraño grupo de hombres y mujeres, irrumpiendo desde el otro lado de las montañas. Ellos ya no perseguían manadas. Eran extraños porque ya no vestían cueros, vestían ropa de telas tejidas, cargaban objetos de barro cocido, llevaban las manadas consigo y construían sus casas con piedra, barro, troncos y adoraban a sus dioses tutelares: El sol, la luna, la montaña.

Ellos trajeron al valle un nuevo descubrimiento: la agricultura. Descubrimiento que permitió la sobrevivencia de nuestros antepasados. Les permitió conservar y mejorar sus asentamientos, además asegurar la alimentación y el futuro de sus generaciones.

Debido al mejoramiento del clima, la existencia de los ríos y áreas cultivables, la aparición de grupos de agricultores primitivos que recorrían el continente buscando tierras, poco a poco fue reemplazando la caza por el cultivo y el pastoreo, y de ahí el nacimiento de culturas e imperios. De esta manera, el Valle del Amanecer empezó a poblarse de grupos de agricultores que se instalaron a lo largo y ancho de él.

No se sabe cuándo ni quiénes fueron los primeros agricultores en asentarse en este valle. Desde la primera llegada de los clanes de cazadores, quienes seguían el rastro de las manadas, habían pasado cerca de 8.000 años antes de poder encontrar el rastro de las tribus de agricultores asentados (3.500AC).

Con el tiempo, tres grupos lograron prevalecer en el valle: Sipisipis, Chuyes y Cotas. Cada cual con su villa y todos conviviendo en armonía. El cultivo más importante sería el maíz y en algunas zonas de altura la papa. Es probable que estos grupos comerciaran entre sí, así como con otros grupos de otros valles de la zona del continente.

Los años pasaban en este valle entre lluvias, cosechas y festividades. Mientras tanto, grandes cosas ocurrían al norte, en las alturas de la cordillera de Los Andes: una cultura megalítica que adoraba al sol se desarrollaba a orillas del gran lago (1.600AC – 1.000DC). Su influencia cultural abarcó un gran territorio y casi al final de su historia, llegó hasta el Valle del Amanecer.

Inmediatamente después de la caída de esta cultura megalítica (Tiahuanaco), un periodo de señoríos independientes de los hombres de las alturas surgió (Aymaras), y permitió que este valle sirva como alimentador de esas regiones. Caravanas de llamas llevaban maíz, coca, chicha y otros productos hacia las alturas y desde allá se traían sal, tejidos, quinua, papa, oca y otros.

Se dice que, para que un imperio se levante otro tiene que caer. Ese periodo de señoríos aymaras concluyó, hacia el 1.200DC, con el nacimiento y desarrollo de un nuevo imperio más al norte del Gran Lago, el cual abarcaría todo el territorio andino y lograría su máximo desarrollo como heredero de una cultura humana que a lo largo de los milenios, desde que llegó a la costa sudamericana, buscó dominar Los Andes. Por la lejanía, todos esos cambios llegaban al Valle del Amanecer como influjos y corrientes culturales: un tipo de cerámica, un tipo de metalurgia, tejidos y colores. Pero siempre, pase lo que pase, este Valle alimentaba a los señores de las alturas.

La Historia de la Cultura Andina, abarca un periodo de 12.000 años. Desde los primeros hombres que llegaron del norte y desde el mar, hasta la caída del Imperio Final, el cual en poco más de 300 años, se constituyó en el señor indiscutido de Sudamérica: el Imperio Inca. Esta cultura fue la cúspide de todas las culturas y civilizaciones pasadas, haciendo de Los Andes su hogar y dominio. Al final de su historia, su territorio abarcó desde el extremo norte de Sudamérica hasta una gran parte al sur. Tal vez faltó tiempo para dominar las selvas amazónicas o tal vez no quisieron hacerlo, sea como fuese, en esa época el continente era un hervidero de ciudades, agricultura, comercio, intercambios, migraciones y conquistas.

En ese escenario, un día antes de la cosecha -ese año había sido muy bueno- estos señores andinos llegaron al Valle del Amanecer desde el norte, con un gran ejército de soldados y gentes de a pie. Se detuvieron en el mismo lugar en el que hace 13 mil años lo hizo un líder cazador y, contemplando la inmensidad del feraz valle, un pensamiento pasó por sus cabezas: debemos conquistarlo.

No existen registros de alguna batalla o relatos de cómo fue conquistado este territorio, de cualquier forma, el Señor Inca se apoderó del Valle del Amanecer y debido a la cantidad de lagunas y pantanos existentes lo llamó K´ocha Pampa ó pampa de lagunas.

Junto a sus soldados estaban grupos de personas de otras tribus leales al Señor Inca, los mitimaes. Estos eran grupos de tribus leales conquistadas anteriormente, a quienes por su lealtad o por acuerdos con sus señores, se les dotaba de tierras de cultivo en las nuevas tierras conquistadas con una condición:  el envío de la producción de dichas tierras hacia la capital Q´osqo, el Ombligo del Mundo.

¿Qué pasó con los Chuyes y Cotas, originarios del Valle? Su ferocidad y su habilidad para la guerra fueron determinantes para su reubicación en un otro valle ubicado al límite sur del imperio, para defenderlo. Solo se quedaron los llameros Sipisipis que llevaban la producción a los señores de las alturas. La conquista de estos valles debió resolverse con una batalla, a un precio probablemente alto.

En K´ocha Pampa se quedaron muchas etnias que venían con el Señor Inca como mitimaes: Carangas, Kollas, Quillacas, Soras y otros. Dicen que alrededor de 14.000 personas se asentaron para beneficio del Imperio. Las mejores tierras de cultivo, las del Este, serían para el Señor Inca. Estas tierras fueron entregadas a sus mejores y más antiguos aliados cuzqueños, aquellos con los cuales habían vencido a los poderosos Chancas por la hegemonía de Los Andes. El sitio donde se asentaron se llamó Canata, la tierra de los Canas.

Al pie de la cordillera del Tunari en el Departamento de Cochabamba (Bolivia) se encuentra este valle fértil y feraz de casi 500Km2 de superficie, en su planicie se asienta la ciudad de Cochabamba. De extremo a extremo lo recorre un río torrentoso que, en aquellos tiempos, renovaba cada año la tierra, en las épocas de lluvia, abonándola para beneficio de sus pastos y bosques de sauces, molles, jacarandaes, algarrobos, khewueñas, chillijchis y khishuaras.



REVISIÓN: Camila Heredia, la Profe.

BIBLIO:
"SIN ATLÁNTIDAS NI OVNIS, LA HAZAÑA DEL HOMBRE", Dick Edgar Ibarra Grasso, Los Amigos el Libro, Cochabamba, 1984.
"REPARTIMIENTO DE TIERRAS POR EL INCA HUAYNA CAPAC" - (Testimonio de un Documento de 1556), Don Adolfo de Morales, Geraldine B. de Caballero, UNIVERSIDAD MAYOR DE SAN SIMON, Departamento de Arqueología, Cochabamba, Bolivia, Mayo de 1977.
"30.000 AÑOS DE PREHISTORIA EN BOLIVIA, Dick Edgar Ibarra Grasso, Roy Querejazu Lewis, 1986.

domingo, 6 de octubre de 2019

GUASONES EN NUESTRO CAMINO (cuidado, es posible tener spoilers)

Debo confesar que muy pocas películas me dejan tan afectado como la última de Guason (Warner Brothers, 2019). Normalmente voy al cine a ver películas de aventuras, ciencia ficción y otras que solo me permiten entretenerme y evadir la realidad en esas dos o tres horas. Salgo de la película y nada pasa a mi alrededor y sigo con mi vida. También debo confesar que fui a verla con el escepticismo de un fan de Heat Ledger y de que nunca más alguien superaría su actuación. Nunca tan equivocado, cada minuto que pasa, desde el inicio, puedes ser parte de la conversión de Arthur: un hombre como cualquiera de nosotros (quizás un poco mas loco, pero hombre al fin) en el Guasón, un loco desquiciado y asesino. Y la película es así, hasta que no llega el final y sale la palabra Fin, estás sentado en el asiento preguntándote: qué mas?, qué mas puede pasar?. Y cada minuto, en que el actor te lleva paso a paso por su transformación, siempre quedas en el borde del asiento en el cual piensas: Ya, aquí se detiene toda esta locura y volvemos a la luz. Nunca llega la luz y llega el final de la película y ves, no con cierta culpabilidad, como el Guason ha completado su paso al lado oscuro, y de allí no esperas nada más que en los post créditos llegue Batman y dé cuenta final de tan loco personaje. Por el momento ese destino esta muy lejos.
La transformación de Arthur no es nada mas ni nada menos que la de un hombre al que su sociedad ignora. Necesita ayuda y se le cierran las puertas porque no es alguien visiblemente importante. Tiene un desorden mental de partida, sí, pero eso también es consecuencia de algo oscuro. Un hombre que es consciente de su realidad (?) y busca ayuda, pero sólo espera que su muerte sea más importante que su vida. Un hombre a quien todas las oportunidades le son negadas y pese a que hay momentos en que se le abren las puertas, éstas se cierran antes de que las cruce. Oh!! crueles hados del destino, cuando agarran a un hombre no paran hasta destruirlo, como dirían los griegos. 
En dicho de él: "si yo muriera, todos pasarían por encima de mi sin que nada les importe". Es posible pensar así?, creo que si, cuando caminas por la calle sin que nadie te vea o cuando no tienes valor para nadie, o cuando se te cierran las puertas. Si el actor pensó en las consecuencias de su actuación, yo diría que bien logrado y por lo que veo en las noticias al respecto, nadie que ha visto la película, se ha quedado indiferente.
Ahora bien, como estamos como sociedad?, no será que tenemos muchos "Guasones" en potencia?. Será que somos capaces de mirar realmente lo que pasa a nuestro alrededor?, somos capaces de prestar atención a  quienes nos rodean?, o solo estamos aquí acumulando sin importar las consecuencias a nuestro entorno?. Me pregunto, cuando damos una moneda a quien lo pide, miramos realmente a sus ojos de quien lo recibe?, los ojos son la luz del alma dicen, y al ver la película podrás ver, en todo momento, en los ojos de Arthur a esa sociedad que lo empuja cada vez más a su destino.
Repartimos limosna con el convencimiento que estamos ayudando a una persona? o lo hacemos para alejarla de nosotros?, tal vez sea un guason en potencia, y no nos damos cuenta.
Pensamos que esa sociedad que muestra la película está allá a miles de kilómetros lejos de nosotros. Yo creo que no. En nuestro país tenemos tres feminicidios por semana y llevamos años así, tenemos asesinatos de padres a hijos, de hijos a padres y todo con tanta saña y violencia que me pregunto en qué momento o circunstancia las personas somos capaces de irnos al lado oscuro?. Todos esos asesinos son unos guasones, y los tenemos en medio de nosotros. Me pregunto si su destino, y el de sus victimas, sería diferente si en su momento hubieran sido vistos por nosotros, o alguien los hubiera escuchado, o tuvieran oportunidad de trabajo, de educación, de salud. No lo sé, quiero creer que sí y que sólo el hecho de que podamos construir una sociedad mas humana (me sonó a cliché) que sea capaz de mirar en todos sus rincones y preste una mano a quien lo necesite, se reducirían los guasones y quedarían solo los demonios encarnados.
Pensemos un momento, nuestra gente tiene oportunidades para hacerse un espacio?, yo creo que no y  es urgente hacer algo.
Esta película realmente me perturbó y tendré que hacer algo al respecto, ojalá tenga oportunidad de hacerlo. Anda a verla, saldrás diferente, eso espero.
Para terminar, pongo una frase del Guason (de otra película) pero que queda muy claro en ésta: "solo hace falta tener un mal día para sumir al hombre mas cuerdo del mundo en la locura más profunda", y hoy es tan fácil hacerle un mal día al prójimo.
Gracias.

lunes, 9 de septiembre de 2019

KASAKIR-MAKA, EL VALLE DEL AMANECER

Ha terminado el invierno, aunque no parece, el clima ha estado muy frío la mayor parte de los días y se ha puesto muy difícil lograr calentar de noche las chozas de cuero y palos del Clan de la Piedra Roja. Ni siquiera las fogatas pudieron con este frío.

Hace muchísimos meses atrás dejaron esos valles acogedores y tuvieron que moverse hacia esta fría y seca tierra plana siguiendo las manadas de caza que, con más frecuencia, se van al sur. Semeel-Jak (Bosque Sombrío), el líder cazador ha caminado por muchos días buscando el lugar donde, en sueños, sus antepasados le dijeron que encontraría un amplio valle con agua, pasturas y las grandes manadas de caza.

Siempre en movimiento, siempre detrás de las manadas, de algo hay que vivir. Sus antepasados cruzaron el gran mar en botes de troncos y llegaron a esta tierra de montañas, después de quedarse un tiempo en la costa, estos cazadores tuvieron que moverse. Dejaron la pesca, los dioses los expulsaron de las costas del mar que los llevó allí y se tuvieron que internar en las altas montañas buscando a las manadas. Este Clan ya lleva cinco generaciones emigrando, siguiendo a las manadas y cada vez se hace más difícil porque se camina mucho entre las montañas y algunas veces cuesta respirar. 

El clan se separó de la tribu, varias generaciones atrás, allá por las tierras de la costa del gran mar, cuando se puso muy difícil vivir de la pesca. Unos se fueron al sur siguiendo la costa, otros al norte y algunos al sureste hacia las montañas, como el Clan de la Piedra Roja. Cada grupo a su modo, encontraban un lugar, lo tomaban como base, levantaban sus chozas de palos y cueros y sobrevivían cazando y recolectando frutos. Una vez que desaparecía la caza, varios años después, se levantaban las chozas y el clan seguía el rastro a donde lo llevaba el líder cazador ayudado, en sueños, por sus antepasados. Así fue desde el principio, incluso desde antes que cruzaran el gran mar.

Hace seis lunas atrás, Semeel-Jak tuvo un sueño profundo y claro, sus abuelos le señalaron hacia el sur, siguiendo la señal de cuatro estrellas ubicadas en forma de cruz en el cielo. Tres lunas después de sus sueños, cumpliendo los ritos ancestrales se despidió del Clan y partió siguiendo las estrellas. Según la costumbre cada cierto trecho dejaba marcas especiales para que le siguiera su clan, una vez que todas las cosas estuvieran listas para transportar, más o menos unos 20 días después. Un círculo por aquí, unos puntos por allá, unas rayas paralelas, unos dibujos de animales y hombres, etc, todas éstas según un significado secreto conocido únicamente la gente del Clan para realizar sus traslados. En toda su vida, que ya eran como 40 años, Semeel-Jak había hecho la travesía cuatro veces, todas con éxito logró llegar a las manadas, era un buen rastreador, además de explorador y cazador.

Semeel-Jak, era un hombre con mucha fuerza y astucia, era el líder desde hace 20 años atrás, su estatura de 1.60m lo distinguía de entre los demás hombres de su Clan, fuerte de salud, muy pocas veces había enfermado en los inviernos. Tenía los músculos bien formados producto de su vida de cazador y explorador. Ojos negros de mirada profunda y severa, largos cabellos negros. Su rostro se asemejaba un poco a los hombres australianos y otro poco a los hombres del oriente, herencia genética de sus antepasados, sin duda. Llevaba consigo unas ropas de cuero de ciervo de la tierra fría, un collar de dientes de puma, botines de media caña de cuero amarrados con nervios de una especie de caballos. Para la caza, usaba un cuchillo de piedra de dos filos atada a una mango de hueso y una lanza con piedra lasca de cuarcita tallada.

El Clan se mantenía en número de cien personas más o menos. Este invierno perdieron a tres ancianos, uno de ellos era el guardián de sus tradiciones. De los cien, un tercio formaba el grupo de cazadores y de defensa. El otro tercio las mujeres y el otro los niños y los jóvenes. Como prueba de ello, dejaban las huellas de sus manos registradas en las rocas donde enterraban a sus muertos, como cuidándolos mientras se iban de caza o se mudaban a otro lugar.

La vida cotidiana del Clan no era muy complicada, los hombres dedicados a la caza y defensa, preparaban las lanzas y cuchillos con las piedras duras que encontraban. Los niños y jóvenes, por su parte, se dedicaban a curtir las pieles. Las mujeres encargadas de la alimentación, mantener las chozas, encender el fuego, cuidar a los niños y de coser las ropas de cuero para todos, así como atender a los enfermos y ancianos. 

Cuando terminaba el invierno, las manadas despertaban y salían hacia las pasturas a comer, era tiempo de caza porque la comida en el Clan también se acababa. Lo ideal era conseguir piezas grandes de caballos de patas cortas, su carne era roja y podía ser charqueada por meses. La carne de los glyptodontes tampoco era muy mala ya que sabía a conejo, pero esto cuando encontraban algunos ya que escaseaban últimamente. En estas tierras altas aparecían manadas de ciervos parecidos a las llamas actuales, esos también servían. Las manadas no pastan cerca de las chozas y cuevas, por ello había que recorrer varios kilómetros, casi dos a tres días de viaje siguiendo su rastro. Pero lo bueno es que siempre era lo mismo y eso duraba unos buenos años, hasta que era hora de mudarse porque empezaban a escasear los animales o llegaba al lugar otro clan más grande y más fuerte.

Para que otros clanes no encontraran las manadas, los cazadores marcaban sus senderos con señales secretas indicando por dónde había agua, dónde había cierto tipo de caza, la cantidad, cuantos días había que caminar, dónde se podía refugiar, y los peligros que acechaban en el camino. Todo marcado con tintas rojas, blancas y negras en las paredes de piedra de la ruta.

Ahora, ésta travesía demoró mucho más que las otras, Semeel-Jak tuvo que caminar muy largo en esa tierra plana y fría para después descender siguiendo el curso de los ríos. Pasó muchas noches frías y solitarias al abrigo de las piedras o algunos solitarios árboles que encontraba. Muy poco tiempo podía encender fuego porque no sabía si alguien más lo podría ver. Comía unos conejos que capturaba, de mañana comía unos pedazos de charque y unas pequeñas bayas que llevaba en la bolsa. Así, llegó a varios pequeños y cortos valles, pero no le convencieron aunque ya no hacía frío por ahí, todo estaba encajonado y no había mucho espacio, se sentía como un pequeño gusano entre esos cerros. 

De pronto, y veinte días después de caminar a lo largo de una gran quebrada, siguiendo su río llegó a su destino. Una mañana con el sol casi en el cenit a sus espaldas y luego de una curva, un gran valle se abrió ante sus ojos: una anchísima planicie que abarcaba más allá de su vista. A la izquierda una gran cadena de montañas vigilaba el valle y se extendía hasta el infinito hacia el este. A su derecha, como encajonando el valle, las montañas terminaban en unos cerros bajos sin mucha vegetación. En medio del valle, un río corría a lo lejos de extremo a extremo, bosques y pastos por todo lado. Una abundancia de pequeños lagos hacia su izquierda. Desde el sur y a la izquierda muy al fondo otro río se acercaba y se unía al primero, formando en su encuentro una pequeña planicie. Una vez juntos ambos ríos se perdían en el horizonte entre las montañas a la derecha del valle. Desde la ladera de la cadena de montañas que limitaban el valle, bajaban muchísimos ríos torrenteras y se erguían unos bosques de keñuas, kisuaras, kheweñas y algarrobos que bajaban e inundaban el valle. Ahí abajo, se divisaban grupos de molles y sauces cerca de los sitios de agua. En el fondo del valle se apreciaban manadas y manadas. -Este es el lugar señalado!, pensó con mucha alegría.

Luego de observar todo el día sentado admirando su descubrimiento hizo los rituales de agradecimiento en la pequeña planicie en que llegó. Dejó la hilera de piedras dispuestas especialmente que indicaban al Clan que allí deberían acampar hasta su regreso. Calculó que recorrer el valle le tomaría unos diez días, por lo que dispuso diez piedras redondas como señal según la convención.

Tomó un camino a la izquierda siguiendo la ladera de las montañas altas hacia unos cerros vistos hacia el este en la lejanía, una vez allá subiría hasta su cima para tener una mejor vista y continuaría hacia el sur hasta llegar al final de esa cadenita de cerros que al parecer su juntaban al fondo con otra la cadena de montañas. Era un gran valle cercado por sus cuatro lados y era importante circundarlo. 

Semeel-Jak, recorrió todo el perímetro del valle, siguiendo la ladera de las montañas y cerros. Al circunvalar, tenía las montañas a la izquierda y el valle con el rio a la derecha y viceversa. Atravesó muchos ríos que bajaban al valle, algunos secos otros con algo de agua cristalina y dulce. En todo momento dejó sus marcas secretas. En algunas ocasiones bajaba hasta el rio principal, se maravilló de la cantidad de agua y pasturas que había por ahí. El primer ciervo que cazó lo hizo al tercer día de su exploración. Lo comió con mucho gusto y alegría -nos quedaremos mucho tiempo por aquí, pensó.

Aunque el valle era muy grande, efectivamente lo recorrió en los diez días planificados, pudo inventariar las manadas, los sitios de caza perfectos, los lugares a donde podrían asentarse, las lagunas, los sitios de agua dulce, y dibujó todo en un cuero que tenía del primer ciervo que cazó en ese lugar.

Pasado el tiempo, llegó el Clan al lugar marcado. Semeel-Jak, los estuvo esperando y luego de contarles su descubrimiento y, mostrarles el mapa de cuero todos vieron dibujadas las montañas y cerros que rodeaban al valle y al río que lo cruzaba. Entonces, decidieron hacer sus viviendas en el lugar de la entrada al valle, desde allí recorrerían el sendero trazado por Semeel-Jak y bajarían al valle cada vez que necesitasen cazar, pues allí estaban las manadas.

Esa noche comieron, cantaron y bailaron junto al fuego agradeciendo a sus antepasados por las señales enviadas para encontrar ese gran valle.

Un día un grupo, liderado por Taima (Choque de truenos), el segundo líder cazador, recorrió de un extremo a otro el río del valle, para conocerlo, pues éste parecía que era el poder del valle, en época seca llevaba algo de agua cristalina y servía a los animales, en tiempo de lluvia irrumpía con fuerza e inundaba todo, renovando toda la vegetación, ese era su ciclo. Lo llamaron Uni-Nashua (Río de la vida). Al gran valle lo llamaron Kasakir-Maka (Tierra del Amanecer), porque con cada amanecer, el sol lo bañaba con su luz y parecía que todo se renovaba en múltiples colores: arboles, tierra, agua, animales, cielo, nubes.

El Clan de la Piedra Roja, vivió muchos años en Kasakir-Maka, se alimentó de las manadas del valle que pastaban allí gracias al Río de la Vida, y con el tiempo tanto el valle como el río fueron sus tótems sagrados. Los tenían allí dibujados en el cuero de la primera caza de Semeel-Jak.

Al final de su tiempo, el líder cazador ahora viejo y débil, abría aquel mapa y lo miraba recordando aquel lejano día que llegó al valle. Recordaba también sus días de caza y sus días de diversión en el Río de la Vida, recordó a su mujer que partió a reunirse con los antepasados muchos años atrás y recordó también el día en que en una pelea con otro clan que llegó al valle sufrió una herida profunda en su brazo izquierdo, de la que ya no pudo curarse. Sus ojos se iluminaban cuando recordaba aquellos días en que el valle anunciaba el fin del invierno con sus árboles que reverdecían y se iluminaba de color verde vivo y flores moradas de unos árboles que habían en la planicie, los vientos desde el este que mecían los sauces a la orilla del río o los tiempos fríos en que las montañas se pintaban de blanco.

Con el tiempo, las manadas escasearon y el tiempo de moverse había llegado. Uni-Nashua seguía su ciclo de vida entre tiempo seco y tiempo de lluvias, renovaba cada año las pasturas, y los arboles reverdecían pero las manadas otra vez se dirigieron al sur. Un día de aquellos, después del tiempo de lluvias, Semeel-Jak sintió el llamado de sus antepasados, habló con Aham (El que Ríe), el nuevo jefe cazador y le transmitió toda la sabiduría según las costumbres, y dejó este valle con el ultimo rayo de sol. 

Cumpliendo los rituales, fue enterrado en la ladera de un pequeño cerro al sur, desde donde cada día se puede ver cómo se encienden los colores de Maka al amanecer y cómo se apaga la luz del valle al anochecer. Sólo lo acompañó su lanza de caza dentro de la fosa y como cuidador, el Río de la Vida a sus pies.

El Clan dejó el Valle del Amanecer tiempo después, nuevamente los antepasados se comunicaron entre sueños con Aham y le ordenaron seguir al sur, siguiendo las cuatro estrellas en forma de cruz. Con el primer rayo de sol que iluminaba el valle salió de él para siempre y diez días después salió el Clan con todas sus cosas y sus recuerdos de vida siguiendo las señales secretas. Volverían algún día? muy difícil, ellos son cazadores y van a donde los llevan las manadas. Se llevaron también el cuero del mapa de Semeel-Jak, con sus dos tótems sagrados: aquel gran valle y su rio poderoso, ambos ahora parte de su historia. Atrás quedó el primer hombre que llegó al valle, custodiando a Kasakir-Maka y a su río torrentoso de vida hasta cuando otros hombres llegaran a vivir en él.

Muchísimos años después, diríamos miles, el descubridor del Valle Semeel-Jak el primer hombre que llegó a él, fue liberado de su encierro. Las lluvias y el tiempo lo habían movido desde su entierro original y fue finalmente encontrado en un lugar que otros hombres después lo llamaron Jaihuayco (Tierra que se Inunda) a orillas del Río de la Vida. Sus restos respiraron una vez más aquel aire puro y nuevamente pudieron divisar los jacarandaes en flor como señal inequívoca de que el invierno se había terminado en aquel Valle del Amanecer.

Foto: Deyby Montenegro, 2018

Revisión y sugerencias: Camila Heredia, la profe.

Referencias:



martes, 6 de agosto de 2019

TIEMPO DE HOMENAJES



Un día de septiembre de 1975 regresé a mi casa con un recuerdo que guardo con mucho cariño y respeto hasta hoy. Estudié mi bachillerato en el Colegio La Salle de Cochabamba, y ese año cursaba el primer curso de primaria. Aún cuando no recuerdo los detalles (diablos!!... han pasado ya más de 40 años), recuerdo que al llegar a casa me puse a mostrar ese pliego enrrollado que me había dado el profesor Salustio Gonzales. Era un pliego de imprenta que tenía en su interior impreso en letras góticas y marco patriótico colorido algunos "Fragmentos del Mensaje a la Nación del Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre" y editado en alguna imprenta de Cochabamba con ocasión de los 150 años de la creación de nuestra Bolivia.

Antonio José de Sucre, un militar venezolano, a sus 29 años vencedor de Junín y Ayacucho y libertador de América. Fiel seguidor y amigo del General Bolívar. La única "desobediencia" conocida hacia Bolívar desencadenó en la creación de Bolivia, y es correcto. Bolívar, una vez posesionado en el Perú como Presidente, vió que el último reducto español en los territorios libertados se encontraba en el Alto Perú, y antes de poder consolidar la liberación total de América (Hispanoamérica) y empezar a construir su proyecto de la Gran Colombia, los territorios al sur de dicho proyecto debían ser libres y en lo posible, debían ser unificados bajo un mandato único y, como garantía de una independencia permanente, se debía crear una república grande y fuerte para poder desafiar las pretensiones de cualquier potencia imperial.
Es así que envía órdenes al Mariscal de Ayacucho a dicha empresa, es decir a liberar el Alto Perú. Me pregunto cómo debían ser las cosas en dicha época que, al saber de sus nuevas órdenes, Sucre respondió: "Yo no quisiera meterme en ese barullo de cosas del Alto Perú, pero si de golpe las circunstancias me meten, deseo saber porqué ruta política marcho; como he dicho a Usted, cuento haber concluido mi misión en Ayacucho y ruego mil veces que no me haga pasar adelante". Ante la insistencia de Bolívar, ubicado ya en Puno a las puertas del Alto Perú, Sucre remarcaba: "....Empezaré por declarar que sólo por amistad a Ud. paso el Desaguadero; esta campaña del Alto Perú es muy fácil, pero la organización del país está tan embrollada que estoy preparado a recibir mucho látigo de los escritores de Buenos Aires y dispuesto a perder la gratitud que podía esperar del Perú por mis servicios... Confieso que marcho al otro lado del Desaguadero con la repugnancia que iría al suplicio; Ud. verá cuantos disgustos voy a tener por un negocio que a los intereses de Colombia y a la causa de América importa poco se decida como se decidiere". Y es que en esos momentos, de acuerdo al Uti Possidetis Juris (como poseéis de acuerdo al derecho, así poseeréis) y aplicado a la independencia de Hispanoamérica significaba que los países emancipados conservasen las antiguas fronteras de las posesiones del Imperio Español en América. Es decir, que los nuevos estados surgidos tendrían provisionalmente como límites los que le corresponderían en el año 1810.
Bueno, en el caso Altoperuano, la situación había sido así: hasta 1810 era jurisdicción del Virreinato de La Plata (hoy Argentina), pero a partir del 25 de mayo de 1810 luego de la independencia de la Junta de Buenos Aires, pasamos a formar parte del Virreinato de Lima (hoy Perú), pero que embrollo no? o argentinos o peruanos, quién decidiría esto?. Era lógico que para Sucre esto era completamente irrelevante, claro, el proyecto de la Gran Colombia no alcanzaba a estos lugares (como piensan actualmente muchos) y al final era un tema de argentinos y peruanos.
Sea como fuere, y empujado por las ordenes de Bolívar, Sucre y su ejército cruzan el Desaguadero entre el 4 y el 8 de febrero de 1825 con destino a La Paz. A lo lejos, las fuerzas políticas argentinas observan al igual que las peruanas, finalmente el Alto Perú significaba un territorio muy rico en plata que no podía perderse. Aunque el Congreso General Constituyente de Buenos Aires, por decreto de 9 de mayo de 1825, declaró que "aunque las cuatro provincias del Alto Perú, han pertenecido siempre a este Estado, es la voluntad del congreso general constituyente, que ellas queden en plena libertad para disponer de su suerte, según crean convenir a sus intereses y a su felicidad", despejando el camino a la independencia altoperuana. Y es que, me pregunto, cuán compleja sería la situación organizacional del Alto Perú en esos momentos que al final los argentinos desestimaron su participación. Por su parte, de acuerdo a la Historia, Bolívar pensaba lógicamente que Alto Perú debía ser parte del Perú.
Una vez en La Paz, el Mariscal Sucre, luego de pedir órdenes y después de entrevistarse varias veces con Casimiro Olañeta,  un importante abogado de Charcas (luego hablaremos de este personaje), decide promulgar el Decreto del 9 de febrero de 1825, donde se convocaba a representantes de las provincias del Alto Perú a una Asamblea Deliberante, para decidir el destino de estos territorios, y para que sea libre la situación, se garantizaba la ausencia de cualquier fuerza militar en el lugar donde se celebrara dicha asamblea: "Toda intervención de la fuerza armada en las decisiones y resoluciones de la Asamblea, hará nulos los actos en que se mezcle el poder militar: con este fin se procurará que los cuerpos del ejército estén distantes de Oruro" (Art. 18 del decreto). La primera convocatoria fue para reunirse en Oruro en abril de 1825, por temas climáticos y de presencia de españoles en territorio altoperuano, se cambió a La Plata (Charcas) para el 10 de julio de 1825.
Pues bien, luego de mucho trajín, balas y espadazos en Potosí, Cochabamba y Santa Cruz hasta lograr la caída del último soldado español, el 6 de agosto de 1825 reunidos los diputados en La Plata en la Sala Mayor o Aula Magna de la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca decidieron: ni para Buenos Aires ni para Lima, y proclamaron: una república libre, soberana e independiente.
Pese a que Bolívar, al conocer y reclamar las acciones de Sucre en febrero de 1825 y luego del 6 de agosto de 1825, y ante la "presión" del embajador  Olañeta, el 18 de mayo de 1826 firmó en Lima, como Presidente del Perú, un decreto de reconocimiento de la independencia de Bolivia por parte del Perú. Con ello se consolidó la República Bolívar (hoy Bolivia): "Si de Rómulo, Roma; de Bolívar, Bolivia" (Manuel Martín Cruz, Diputado por Potosí).
El Mariscal Sucre nombrado en diciembre de 1825, a sus 30 años de edad, Primer Presidente de Bolivia, fue quien le dio a nuestro país su primera Constitución Política en 1826; fue, además, quien organizó las instituciones estatales (salud, educación, administración) y, adoptó como sistema administrativo el modelo francés de los Departamentos en enero de 1826, que en ese tiempo eran solo cinco, y quien, en resumen, trabajó afanosamente en el gobierno hasta 1828, en adecuado apego a la ley promulgada por su propia mano y llegando a tomar verdadero cariño por su creación.
Mientras eso pasaba, en las sombras y pasillos, los políticos y militares peruanos y algunos bolivianos conspiraban, siendo el cerebro de aquellas siniestras maquinaciones el ocurrente doctor Casimiro Olañeta (otra vez este personaje!).
En diciembre de 1827, el batallón colombiano Voltígeros se levantó en La Paz, pero el coronel Otto Felipe Braun sometió prontamente a los sublevados. El 18 de abril de 1828 estalló otro motín, esta vez en La Plata, protagonizado por los Granaderos de Colombia que vitoreaban al extranjero peruano Agustín Gamarra, y cuando el Mariscal Sucre se encaminaba a caballo a sofocar el motín, fue recibido con una descarga de fusilería que lo hirió en el brazo derecho, aquél con el que había triunfado en Ayacucho. Sucre impedido de gobernar encargó el gobierno a su jefe de gabinete, general José María Pérez de Urdininea. La insurrección había sido alentada y preparada por Gamarra, interesado en el desprestigio del Mariscal, fue el aviso para que este militar, que no aceptaba la separación altoperuana, pasara con sus 6.000 soldados el Desaguadero e invadiera nuestro territorio el 1 de mayo de 1828, con el apoyo de tropas bolivianas conducidas por el servil primer militar traidor, coronel Pedro Blanco, llegando hasta la ciudad de La Plata.
 “Si las bayonetas enemigas, continuando el uso del derecho bárbaro de la fuerza os obliga a traspasar nuestros deberes, apelo en nombre de la Nación a los Estados de América por la venganza; porque está en los intereses de todos destruir este derecho de intervención que se ha arrogado el Perú, y que envolvería nuestro Continente en eternas guerras y calamidades espantosas; apelo especialmente al Libertador, aclamado por la República Padre y Protector de Bolivia, para que defendiéndola de sus enemigos, la deje en libertad de reformar sus instituciones, si lo cree necesario, cuando no haya absolutamente dentro del territorio ninguna fuerza extranjera que cuarte su voluntad. Es por tan poderosas consideraciones, que ante la Nación protesto solemnemente, que cualquier reforma hecha mientras las tropas peruanas ocupen la República, es nula; y que todo ciudadano, cualquier militar, los Tribunales y corporaciones están no sólo facultados para desobedecerlas, sino para destruirlas y establecer el régimen constitucional, contando para ello con el apoyo del Protector de la República.”
Luego de darse cuenta que los descontentos capitalinos atentaron contra su vida con móviles mezcla de desavenencias ideológicas y administrativas, celos y resentimientos, y en el que estaban involucrados algunos ilustres como su "amigo" Olañeta y Lemoine, decidió dejar el país. El atentado fallido dejó al Mariscal herido y convencido de que más valía marcharse de ese antro de ingratitud.
“Me despido señores, de vosotros y de Bolivia, y no dudo que sea para siempre.”
“Siguiendo los principios de un hombre recto, he observado que en política no hay amistad ni odio, ni otros deberes que llenar, sino la dicha del pueblo que se gobierna, la conservación de sus leyes, su independencia y su libertad.”
Sucre estaba postrado en cama en la hacienda Ñujcho, próxima a La Plata, convaleciente de su herida. El general Pedro Blanco ordenó su apresamiento y firmó con el general Pérez de Urdininea, que ya había sido nombrado Presidente interino y el invasor Gamarra, el humillante Tratado de Piquiza el 6 de junio de 1828, que dispuso el retiro del Ejército Grancolombiano, la renuncia de Sucre, la designación de un nuevo mandatario, y reforma a la Constitución y el pago por gastos efectuados por el ejército peruano. Ante tales acontecimientos, Sucre, aún enfermo, se hizo presente ante el Congreso con el objeto de rendir cuentas de sus actos y despedirse de Bolivia. 
 “No concluiré mi mensaje sin pedir a la representación nacional un premio a mis servicios, que pequeños o grandes, han dado existencia a Bolivia, y que lo merecerán por tanto. La Constitución me hace inviolable: ninguna responsabilidad me cabe por los actos de mi Gobierno Ruego, pues, que se me destituya de esta prerrogativa, y que se examine escrupulosamente toda mi conducta.  Si hasta el 18 de abril se me justifica una sola infracción de la ley, si las Cámaras constitucionales juzgan que hay lugar a formación de causa al Ministerio volveré de Colombia a someterme al fallo de las leyes. Exijo este premio con tanta más razón, cuanto que declaro solemnemente que en mi administración, yo he gobernado: el bien o el mal, yo lo he hecho, pues por fortuna la naturaleza me ha excluido de esos miserables seres que la casualidad eleva a la magistratura, y que, entregados a sus Ministros, renuncian hasta la obligación de pensar en los pueblos que dirigen.”      
“Al despedirme, pido esta recompensa a los Representantes de la Nación; y si, por respeto a la ley, la rehúsan al Presidente de Bolivia, que no la nieguen a su gran ciudadano, que con tanta consagración ha servido, y que la implora como la garantía que lo ponga a cubierto de las acusaciones con que la malevolencia y la envidia querrían calumniarlo.”
“Aún pediré otro premio a la nación entera y a sus administradores: el de no destruir la obra de mi creación: de conservar por entre todos los peligros la Independencia de Bolivia; y de preferir todas las desgracias, y la muerte misma de sus hijos, antes que perder la soberanía de la República que proclamaron los pueblos, y que obtuvieron en recompensa de sus generosos sacrificios en la revolución.”
El Gran Mariscal, decepcionado por la ingratitud, la actitud de políticos osados y arribistas, las ambiciones de militares y civiles mediocres, los insultos que recibía, haciendo honor a su decisión de dejar la presidencia ese año, entregó el gobierno a un Consejo de Ministros integrado por el general José Miguel de Velasco.
“De resto, señores, es suficiente remuneración de mis servicios regresar a la tierra patria después de seis años de ausencia, sirviendo con gloria a los amigos de Colombia; y aunque por resultado de instigaciones extrañas llevo roto este brazo, que en Ayacucho terminó la guerra de la Independencia americana y que destrozó las cadenas del Perú, y dio ser a Bolivia; me conformo cuando en medio de las dificultades y difíciles circunstancias, tengo mi conciencia libre de todo crimen.”
Pese a haber derramado su sangre por la independencia desde que era un adolescente de quince años, de haber derrotado al último Virrey de América en Ayacucho con sólo 29 años de edad, y al carácter vitalicio de la presidencia que ejercía, cuando se marchaba de la capital fue abucheado por la población, incidente en el cual, se cuenta, la Coronel Juana Azurduy de Padilla escupió en la cara a uno de los conspiradores, Casimiro Olañeta, para significar su disgusto con el trato que le daban.
“En el retiro de mi vida veré mis cicatrices; y nunca me arrepentiré de llevarlas, cuando me recuerden que para formar a Bolivia preferí el imperio de las leyes, a ser el tirano o el verdugo que llevará siempre una espada pendiente sobre la cabeza de los ciudadanos.”
Se despidió de Bolivia mediante un último mensaje el mismo día en que iniciaba su viaje hacia Chile, el 2 de agosto de 1828, para luego tomar un barco ingles hasta Quito y luego morir asesinado por traidores dos años después en Berruecos. 


Al pie del pergamino con los fragmentos de este mensaje reza en manuscrito: "Premio al mejor alumno en lectura"..."Este premio se confirió al mejor alumno en lectura"..sellos y firmas del profesor y director del Colegio La Salle de Cochabamba. Bueno, resulta que dichos señores en algún momento de ese día nos hicieron leer a algunos compañeros y a mí algún texto. Terminado el procedimiento, de pronto a tres compañeros nos hicieron subir al curso superior: al segundo de primaria!!!. Leímos y los alumnos "mayores" también leyeron y horas después me estaba llevando a la carrera ese pergamino a mi casa. Que es lo que leímos, un misterio. Tampoco supe de otro "concurso" similar. Obviamente llegado a mi casa, me imagino que leí el pergamino a mis padres en alguna posición y tono oficial, tal vez también lo hice con mi abuela y creo que incluso, le leí el mismo en modo heraldo, a mi tío José en su siguiente viaje de visita desde Oruro. El caso es que, de allí nació mi afición a la lectura y lo bueno es que en mi casa nunca faltó un libro para leer.

La presente entrega va como un homenaje al 6 de agosto, día de la creación de nuestro país, también va para Antonio José de Sucre, el verdadero creador y primer presidente, que supo retirarse a tiempo y quien murió por el disparo cobarde y traidor de otros generales que veían en él un líder incluso más poderoso que Bolívar. También va mi homenaje a Julio, Juan y José (mi padre y mis tíos), quienes, cada cual a su estilo, cultivaron en mi familia la necesidad de leer para saber y buscar en los libros aquellas respuestas que nos esquivan en la cotidianeidad de la vida.

BIBLIO:
"La Fundación de Bolivia, Documentos para su Historia", Augusto Villarroel Triveño, Editorial Los Amigos del Libro, 1981.